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4 de noviembre de 2026 14:56 hs

En el fútbol profesional, los choques entre delanteros y arqueros son parte del paisaje habitual de cada fin de semana. Una pelota dividida, una salida rápida a cortar y un impacto seco que suele resolverse con la entrada de los médicos y la reanudación del juego. Sin embargo, el partido entre Tenerife y el FC Andorra rompió esa lógica cotidiana para transformarse en tragedia. Jesús de Miguel, delantero de 30 años de Tenerife, sufrió un paro cardiorrespiratorio tras recibir un rodillazo en el pecho por parte del golero rival, Jesús Owono. El futbolista recibió asistencia médica, logró recuperar el pulso y fue trasladado de urgencia a la Unidad de Cuidados Intensivos, donde su cuadro neurológico se agravó antes de su fallecimiento.

La conmoción en el deporte español e internacional abrió de inmediato una interrogante médica inevitable: ¿cómo puede un golpe en una jugada de partido desencadenar un desenlace fatal en un deportista profesional? A la espera de los estudios forenses y de la autopsia que determinarán de manera oficial la causa de la muerte, los especialistas consultados coinciden en señalar como principal hipótesis clínica una condición tan infrecuente como letal: la commotio cordis o conmoción cardíaca.

Una tormenta perfecta en un corazón sano

El término proviene del latín y significa literalmente "agitación del corazón". Según detalla un informe de la American Heart Association (AHA), aunque el fenómeno fue descrito por primera vez en el siglo XVIII, la mayor parte del conocimiento médico actual se desarrolló recién a partir de la década de 1990. A diferencia de otros cuadros de paro cardíaco —asociados a una enfermedad de las arterias coronarias, una afección del miocardio o una condición congénita—, la commotio cordis presenta una particularidad inquietante: ocurre abrumadoramente en personas que no tienen ninguna enfermedad cardíaca previa ni lesiones estructurales.

Como explicó el cardiólogo Mario Fitz Maurice, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Rivadavia y director del Instituto Nacional de Arritmias (INADEA), este cuadro "generalmente se da en corazones absolutamente sanos por una cuestión de combinación de factores que, lamentablemente, determinan un suceso fatal". En la misma línea, el doctor Gordon F. Tomaselli, expresidente de la AHA y decano de la Escuela de Medicina Albert Einstein en el Bronx (Nueva York), señala que para que se produzca esta conmoción cardíaca varias cosas deben salir exactamente bien, o exactamente mal, al mismo tiempo.

Jesús de Miguel en Tenerife

Jesús de Miguel en Tenerife

En primer lugar, interviene el punto exacto y la dirección del traumatismo. Fitz Maurice precisa que el golpe debe producirse en una zona muy específica del tórax y con dirección hacia el lado izquierdo. Por su parte, el cardiólogo Barry J. Maron —del Hospital y Centro Médico Lahey en Massachusetts y pionero durante décadas en la investigación de esta condición— subraya en el reporte de la AHA que el impacto tiene que ser directamente sobre el corazón: "Si es, por ejemplo, en el lado derecho del pecho, no va a desencadenar la arritmia". Además, Tomaselli describe que la intensidad del golpe responde a una especie de "fenómeno Ricitos de Oro" (Goldilocks phenomenon): no debe ser ni demasiado suave ni demasiado fuerte, ya que si el impacto es excesivamente violento el corazón sufre una contusión (un hematoma muscular), pero por lo general no se desencadena la commotio cordis.

El segundo factor determinante —y el que explica su extrema rareza— es la sincronización temporal. El corazón late gracias a un ciclo eléctrico que ordena su contracción y su posterior relajación.

Para que ocurra una commotio cordis, el golpe debe coincidir con un momento sumamente acotado del ciclo eléctrico: la llamada onda T del electrocardiograma, que corresponde a la etapa de recuperación eléctrica del músculo cardíaco luego de una contracción. Según precisa Tomaselli en el informe de la AHA, esa ventana temporal es estrechísima y dura entre 20 y 40 milisegundos; en comparación, un parpadeo humano toma hasta 300 milisegundos.

El cortocircuito: de la onda T a la fibrilación ventricular

"La commotio cordis pura no requiere que la persona tenga una enfermedad cardíaca previa. Basta con que un impacto casual esté sincronizado con un momento eléctrico muy vulnerable y breve del ciclo cardíaco", resume el médico deportólogo y cardiólogo Jorge Franchella, director del Programa de Actividad Física y Deportes del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Cuando el traumatismo coincide con esa fracción de milisegundos, altera la señal eléctrica que regula los latidos y desencadena una arritmia potencialmente letal llamada fibrilación ventricular.

En ese cuadro, los ventrículos dejan de contraerse de forma coordinada. En lugar de impulsar sangre hacia el cerebro y el resto del organismo, el corazón presenta una actividad eléctrica caótica e ineficaz. Franchella describe que ante esa arritmia "el corazón se desorganiza, no late de manera eficiente", provocando que el gasto cardíaco caiga a cero y el paciente pierda el conocimiento por falta de irrigación sanguínea.

Jesús de Miguel en Tenerife

Jesús de Miguel en Tenerife

Sin embargo, el desplome no siempre es instantáneo en el milisegundo del golpe. En el artículo de la AHA, el doctor Barry J. Maron explica que, tras recibir el impacto en el pecho, la persona puede llegar a tolerar la arritmia durante unos pocos segundos antes de desvanecerse. De hecho, Maron recordó un caso documentado en el que un jugador de segunda base en un partido de sóftbol recibió un pelotazo directo en el pecho: "La pelota cayó justo frente a él. Se agachó, la recogió y lanzó para eliminar al corredor. Y recién entonces colapsó y murió".

¿Qué tan infrecuente es este fenómeno? No existe forma de saber con exactitud cuántos episodios ocurren porque el reporte al Registro de Commotio Cordis de Estados Unidos (cuya creación impulsó Maron en 1995) es voluntario, pero una revisión científica publicada en la revista JACC: Clinical Electrophysiology identificó apenas 334 casos desde 1980. Según ese estudio, el 94 % de las víctimas fueron varones con una edad promedio de 19 años. Tomaselli explica que los jóvenes son más susceptibles porque sus paredes torácicas están menos desarrolladas y son más flexibles, además de participar con mayor frecuencia en actividades de riesgo. Casi dos tercios de los casos registrados ocurrieron en deportes —en su mayoría por proyectiles como pelotas de béisbol o sóftbol, además de hockey o artes marciales—, aunque Fitz Maurice advierte que en el fútbol una rodilla, un codazo o un pelotazo de alta velocidad también pueden provocar un traumatismo de estas características.

La prudencia forense, los minutos críticos y el debate sobre la atención en el césped

Los especialistas insisten en que, hasta que no se conozcan los resultados de la investigación judicial y la autopsia forense, la commotio cordis en el caso de Jesús de Miguel debe considerarse una hipótesis clínica compatible con lo observado y no un diagnóstico definitivo.

No obstante, la evolución clínica del delantero —quien sufrió una parada cardiorrespiratoria y falleció posteriormente tras un agravamiento neurológico— abrió un profundo debate en el ámbito médico español sobre los protocolos de emergencia en los estadios. En declaraciones al programa El Tiempo Justo (Mediaset Infinity), la doctora Laura Osuna, traumatóloga deportiva y jefa de los servicios médicos del Rayo Majadahonda, cuestionó la gestión de los primeros auxilios tras analizar cómo se asistió al jugador en el campo del Tenerife.

Osuna advirtió sobre la falta de uniformidad en los protocolos y la ubicación de los recursos: "La ambulancia sí debería haber estado dentro del estadio", señaló, al tiempo que calificó de error prioritario el tipo de asistencia inicial. La especialista insistió en que, ante una sospecha de parada cardíaca, el foco debe estar puesto exclusivamente en la resucitación: "Hay que dar prioridad a la RCP dentro del campo, dar masaje cardíaco y desfibrilar. No se puede perder tiempo en inmovilizar al afectado [con collarín y tablero espinal] y trasladarlo".

En el mismo sentido, la doctora advirtió que el tiempo perdido en evacuar al deportista rumbo a la ambulancia resulta crítico: "Cuando llegó a la ambulancia casi que ya íbamos tarde". Las cifras respaldan esa urgencia: mientras una infografía del Instituto Nacional de Arritmias (INADEA) destaca que la desfibrilación en el primer minuto eleva al 90 % la tasa de supervivencia, Fitz Maurice puntualizó que si la intervención con maniobras adecuadas y desfibrilador comienza dentro de los primeros dos o tres minutos, la probabilidad de llegar con vida al hospital puede superar el 80 %. "Por cada minuto que se va perdiendo", advirtió Franchella, disminuyen las posibilidades de revertir la arritmia.

El espejo de Damar Hamlin: cuando la respuesta inmediata salva la vida

El contraste más nítido sobre cómo el reconocimiento inmediato cambia el destino de una commotio cordis tuvo lugar el 2 de enero de 2023 en la NFL estadounidense. Durante un partido de Monday Night Football, Damar Hamlin —defensor de los Buffalo Bills— recibió un impacto directo en el pecho mientras realizaba un tackle de rutina. Como relató el doctor Maron, quien estaba viendo el encuentro en vivo por televisión, Hamlin recibió lo que parecía un golpe habitual, dio unos pasos, se tambaleó y se desplomó: "Lo vi en tiempo real; eso fue un evento de commotio cordis".

En abril de 2023, el propio Hamlin (de 25 años al momento de dar la conferencia de prensa) confirmó oficialmente que esa había sido la causa de su paro cardíaco. Tal como remarcó el doctor Tomaselli al analizar su caso para la AHA, a menos que los testigos reconozcan el cuadro de inmediato, inicien la RCP, alerten a los servicios de emergencia y utilicen un desfibrilador, "los pacientes no sobreviven". En el caso del jugador de los Bills, la rápida aplicación de reanimación cardiopulmonar y desfibrilación en el propio campo de juego permitió revertir el cuadro a tiempo y, tras ser evaluado por múltiples especialistas, recibió el alta médica completa para volver a entrenar y competir profesionalmente.

Hoy, mientras el fútbol español aguarda los resultados forenses definitivos sobre la muerte de Jesús de Miguel, la tragedia recuerda la fragilidad de una frontera médica que se mide en milisegundos para desencadenarse y en un puñado de minutos para revertirse.

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