Esteban Ostojich dirigió con una categoría y una carpeta bárbara el clásico que Nacional le ganó 8-7 a Peñarol por penales, por la final del Torneo Intermedio. El juez internacional tuvo siempre el partido bajo control, no se dejó engañar por los jugadores, calmó los ánimos con rigor cuando tuvo que hacerlo y mantuvo un criterio coherente con el uso y la administración de las tarjetas.
Ostojich estuvo siempre cerca de las jugadas, cobró bien y charló con los jugadores para darles siempre explicaciones que por la reacción de los mismos, siempre fueron satisfactorias.
A los 4' vio bien una falta de Gabriel Báez sobre Pedro Milans, pero ante protestas de jugadores de Peñarol no sacó amarilla.
A los 7' no se dejó engañar por simulación de Maximiliano Silvera, quien se tiró tras encarar a Diego Polenta, quien pidió amarilla. El juez no la mostró porque hubo un contacto mínimo, pero que no ameritaba de ninguna manera sanción de falta.
A los 14' tampoco amonestó a Guzmán Rodríguez por su primera falta. Nacional protestó. Otro acierto.
A los 20', Leandro Lozano pisó apenas a Javier Méndez. Este saltó aparatosamente. Una simulación mucho aún más exagerada que la inexistente falta de Anderson Duarte la semana pasada. ¿Cómo un pisotón -que no fue violento- puede hacer saltar y volar a un jugador? Físicamente imposible. No hubo amarilla. Sí falta, porque el contacto existió.
A los 28' Alexis Castro cayó en el área en la primera ocasión en que Nacional pisó el área rival. No hubo nada, más allá de un toque de Pedro Milans.
A los 31', amonestó bien a Juan Izquierdo por falta sobre Leonardo Fernández. Correcto.
A los 40' le pudo sacar la segunda amarilla a Izquierdo, quien salió a campo rival y tras una pisada de Lucas Hernández le dio una patada en la canilla.
Era una jugada de posible amonestación. Por lo tanto, el VAR no podía intervenir.
Martín Lasarte sacó a Izquierdo para el segundo tiempo metiendo a Sebastián Coates.
Fue la única polémica que tuvo el partido.
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Peñarol protestó que no hubo expulsión.
En jugadas de interpretación siempre prima el criterio del juez.
Y lo que hay que exigir en esos casos es coherencia. Que después se mantenga el criterio.
Y Ostojich lo hizo.
Un duro antebrazo de Maximiliano Olivera sobre el rostro de Antonio Galeano no fue sancionado con amarilla.
Una entrada similar, pero aún más fuerte, de Guzmán Rodríguez sobre Jeremía Recoba fue castigada con amarilla y no con roja.
En ese sentido, el trabajo del VAR fue realizado con el mismo criterio del juez, lo que llevó a que el clásico nunca se desnaturalizara.
A los 48' Christian Oliva le entró con dureza a Maxi Olivera. Tampoco hubo amarilla.
Ostojich se dedicó a jugar y en lugar de sacar amarillas a diestra y siniestra siempre apeló al diálogo. Esa práctica la llevó a cabo hasta en los penales.
A los 50' amonestó bien a Leo Fernández por agarrar de la camiseta a Oliva, sin intención alguna de jugar la pelota.
Cuando los jugadores quisieron desnaturalizar el juego, pelear, tribunear y prepotear, Ostojich se puso firme.
Echó a Oliva y Facundo Batista, que iniciaron la pelea.
Y también a dos suplentes. Esos que entraron -no tienen por qué hacerlo- para pelear y no para separar. Innecesario. Fueron los que tiraron golpes: roja para Sebastián Cristóforo y Mateo Antoni.
En un arbitraje continuamente fustigado por todos los actores, Ostojich se aisló de las presiones previas y rindió el examen con muy buena nota.