La preocupación en el mundo de Peñarol no es para menos. Leonel Jaime, el talentoso extremo argentino de 20 años, irrumpió en los carboneros como esa luz encendida que destrababa partidos deslucidos, convirtiéndose rápidamente en la gran figura del equipo dirigido por Diego Aguirre en lo que va del Torneo Clausura.
Sin embargo, sus últimas dos presentaciones -frente a Boston River y Montevideo City Torque- dejaron un halo de incertidumbre en el entorno aurinegro: su fútbol desequilibrante, ágil y frontal brilló por su ausencia.
Para entender este bajón en el rendimiento del atacante, hay que analizar múltiples factores que van más allá del simple nivel individual.
Las razones del bajón de Leonel Jaime
En primer lugar, es innegable que Leonel Jaime cayó en la telaraña táctica del fútbol uruguayo.
Tras el impacto y el "despertar" que generó en sus primeros compromisos con la camiseta carbonera, el juvenil perdió un arma letal: el factor sorpresa.
Los entrenadores rivales ya tomaron nota, saben perfectamente de lo que es capaz y ajustaron los resortes defensivos para neutralizarlo. Hoy en día lo escalonan, lo encierran contra las bandas y lo sofocan con una marca a presión asfixiante. Esto último, en algunos casos, ocurre tan pronto recibe la pelota.
En segundo término, el contexto colectivo tampoco lo ampara.
Peñarol atraviesa pasajes de juego muy pobres y previsibles, donde la falta de elaboración colectiva deja al juvenil argentino demasiado aislado en la orilla, obligado a resolver en solitario ante dos o tres marcadores. Sus compañeros no lo ayudan ni le ofrecen líneas de pase claras, encareciendo aún más cada una de sus intervenciones en ofensiva.
Pese a este panorama gris, la calidad y el talento no se evaporan de la noche a la mañana.
Su capacidad para desequilibrar, la repentización en el uno contra uno, la gambeta impredecible y esa visión de juego para filtrar pases al vacío son virtudes que Jaime lleva de forma intrínseca.
Este domingo, cuando el aurinegro enfrente a Racing por la novena fecha del Torneo Clausura en otro cruce clave, el argentino tendrá una oportunidad inmejorable para reencontrarse con su mejor versión, romper las cadenas tácticas y devolverle la ilusión a Peñarol.