“Mi padre me autorizó, me quedé tres años viviendo con ellos y reencauzaron mi vida. Pasé de liceo público a Los Maristas y tuve una segunda familia. Les estoy eternamente agradecido. Quería ser abogado, estudiaba de noche, llegué a iniciar la carrera y la tuve que dejar porque ya jugaba en Nacional y me fui tres meses con (Rafael) Villazán con Nacional Universitario en una gira”, indicó Revetria a Referí.
Aquel botija que ya tenía rulitos, se destacaba a través de lo más lindo que tiene el fútbol: los goles.
Inés Guimaraens
Revetria comenzó su carrera en Nacional con el que ganó dos títulos
Creció en la calle Túnez que era de dos cuadras –y sigue siendo de dos cuadras–, casi Industria, hoy José Serrato, en el corazón del barrio Unión. Jugaba al fútbol en la calle cuando se ponían dos piedras que funcionaban de palos de los arcos y uno de los que lo hacían con él era Mario Carrero, del dúo folclórico Larbanois-Carrero. “Como futbolista, era buen cantante”, dice sonriendo.
El equipo San Lorenzo Unión de baby fútbol era tan bueno, que le ganaron a todos sus rivales durante tres años. Los dirigía Casimiro, el peluquero del barrio. Tanto fue su éxito, que a todos juntos, incluyendo a Casimiro, se los llevaron al baby de Nacional. El protagonista de esta historia, obviamente, era el goleador.
Hebert Revetria antes de un partido con Nacional en el Estadio Centenario
Cuando empezó a jugar en Sexta división de Nacional y luego a la Quinta, de noche jugaba también al baby tricolor. “Fui a una práctica de la Quinta con el Pato Galvalisi de técnico. Entrené y no quedé conforme y entré de nuevo, e hice un gol de chilena, que debe haber sido el mejor del año. No sé ni cómo me salió. Al otro día con el equipo casi armado de la Quinta, me llamaron y quedé. Estaban entre otros, Eduardo Pereira, el arquero que fue campeón con Peñarol de la Copa Libertadores 1987, Daniel González, Washington “Trapo” Olivera, Aníbal Álves, quien luego ascendió con Wanderers y tuvo un accidente en su moto. De 40 puntos ganamos 39, hice 20 goles y el Trapo 19. Ahí me empezaron a decir ‘Artimito’ y lo comencé a observar a Luis Artime mucho más de lo que ya lo observaba”, recuerda.
Tremenda responsabilidad para un gurí que estaba empezando que le pusieran un apodo de ese tenor. Porque decir Luis Artime es decir gol de Nacional.
Inés Guimaraens
En 1984 pasó a Peñarol y fue campeón uruguayo
Así recuerda alguna anécdota con él y sus consejos: “Lo iba a ver jugar siempre y miraba mucho cómo se movía. Tuve la suerte de que nos citaron a Los Céspedes y yo me tomaba el 330. Pero a veces, los jugadores nos llevaban en sus autos, y él me llevó más de una vez. Me decía: ‘Vos vas a ser mi legado’. Cuando entrenaba yo, él me observaba y me aconsejaba: ‘Cuando estés en el área, no le pegues fuerte, solo desviala, nada más, así lo dejás totalmente desarmado al golero’. No quería jugar contra ellos, los de la Primera, porque nos mataban a patadas (se ríe). El Pulpa (Etchamendi) decía siempre: ’Se entrena como se juega’. Montero Castillo, Masnik, Ubiña, eran tremendos. A Manga no le gustaba que le hicieran goles y te salía con todo. Al final, se sufrían esos entrenamientos (se ríe)”.
Se fue a una gira de tres meses con la Liga Universitaria con Nacional representando a Uruguay en los Juegos Afrolatinoamericanos de Guadalajara en 1973. En ese equipo jugaba el actual médico y director de la Fundación Pérez Scremini, Ney Castillo, y con ellos viajó Gonzalo Aguirre, quien años después, sería vicepresidente de la República.
20231020 Nacional Universitario en 1973: arriba, Enrique Núñez, Daniel Carámbula, Hugo Bukowski, Ney Castillo, Juan María Vanrell y Rafael Villazán; abajo, Roberto Moreno, Mateo Infantozzi, Hebert Revetria, José María Nin y Alejandro Nin
“Ney jugaba de lateral y lo hacía bien. Teníamos un equipo espectacular. Gonzalo Aguirre viajó con nosotros como un dirigente de la Liga. Para nosotros era El Oso, como lo apodaban. Años después, cuando fue vicepresidente de la República, lo fui a saludar”, dice.
Ese mismo año, disputó su primer clásico el cual, casualmente, fue el primero de Fernando Morena en Peñarol.
Un gol que le hizo hebert Revetria con Nacional en la hora a Peñarol para el triunfo 2-1; Fernando Morena mira cómo se le escapa la pelota a Walter Corbo
“Estaba en el banco y cuando terminó el primer tiempo, se me acercó el técnico (Walter) Brienza y me dijo: ‘Calentá que entrás por Artime’. ‘¿¡Por Artime!?’, le pregunté sin creerlo. ‘Sí, me lesioné’, me contestó él mismo. Vi de lejos el gol de Morena y que Manga, por más que se estiró, no llegó. En la práctica, yo había hablado con Ubiña y le había dicho que le levantaba la mano para el segundo palo, pero en realidad picaba al primero. Y el Peta me la dejó servida y le hice un golazo de cabeza a Corbo. Siempre me arrepentí de una jugada de Néstor Soria que se la tiró por arriba a Corbo y yo pensé que era gol y no la corrí, pero el Bombón González sí, y la sacó justito. Respecto a ese día, fue una alegría haber entrado por el máximo goleador de aquel momento. Luego, con el tiempo, fue Morena”.
Hebert Revetria con su pequeño hijo Sebastián, antes de un partido de Nacional en el Estadio Centenario
Cuando estaba en Primera, en 1974 Miguel Ignomiriello subió a notables jugadores que había dirigido en inferiores como Darío Pereyra, Juan Ramón Carrasco, Alfredo “Polilla” De los Santos, Martín Taborda, Miguel Caillava, Ricardo Pagola y José María Muniz, entre otros.
Una definición para el gol de Hebert Revetria con Nacional
Con los tricolores fue dos veces campeón de la Liga Mayor, pero no pudo ganar el Campeonato Uruguayo.
Un taxista y Pedro Rocha, fundamentales para su llegada a Cruzeiro
Revetria seguía siendo fundamental con sus goles en Nacional. Pero también estaba Fernando Morena rompiendo redes en el rival eterno. Entonces, vinieron de Cruzeiro de Brasil, y se dio una situación extraña.
“Ellos vinieron a ver a Morena y el abogado de Cruzeiro dijo que tenía la costumbre de preguntar y cuando preguntó por Morena, también le hablaron de mí. Se tomó un taxi y le comentó al tachero. Le habló de mí, y de Morena, y me contó que el taxista le dijo: ‘¡¿Qué Morena, ni Morena?! ¡Tiene que llevarse a Revetria!’. Se fue a Belo Horizonte con mi nombre, y le preguntaron por mí a Pedro Virgilio Rocha que estaba en San Pablo, y habló bien de mis condiciones”, cuenta.
Con bigotes, Hebert Revetria defendió a Cruzeiro de Brasil con éxito
Hebert no llegó en las mejores condiciones físicas a un fútbol muy exigente. “Venía de tres meses en la cama por hepatitis y de a poco me hicieron un trabajo especial físico. Llegaba el clásico de la final del estadual ante Atlético Mineiro. Para mí, ir a Brasil era un desafío. Mi señora Gabriela, mi hijo Sebastián de un año, y yo, nos fuimos. Mineiro tenía un cuadrazo con era Reinaldo, Toninho Cerezo y el Loco Ortiz, el arquero aquel de pelo largo y vincha que había jugado en Wanderers. Me invitaron a un programa de fútbol en la televisión y se me ocurrió decir que a Ortiz le había hecho goles siempre cuando yo defendía a Nacional y que le iba a seguir haciendo. Y entró al estudio Toninho Cerezo y dijo: ‘Este gringo (así le dicen a los extranjeros en Brasil) no va a hacer un gol mientras Reinaldo y yo juguemos’. Pero le demostré lo contrario ya de entrada”, recuerda.
Hebert Revetria celebra uno de sus tres goles para Cruzeiro ante Atlético Mineiro en la final del Campeonato Mineiro
Cruzeiro tenía a un fenómeno como Nelinho, quien le pegaba a la pelota como los dioses.
El recuerdo que aún tiene Hebert Revetria del título con Cruzeiro en 1977
Llegó el día del clásico y Revetria tuvo su tarde soñada con tres goles, pese a que él y sus compañeros empezaron perdiendo 1-0. Pero minutos después, sacaron rápido un tiro libre cerca del área rival “y anoté el empate. Hacía un año que Cruzeiro no le hacía un gol al Loco Ortiz. ¡Qué iba a saber que después le iba a convertir dos goles más! Después del segundo, llegó un córner de Nelinho y anticipé a mi marcador que era de dos metros para mi tercer gol. Ganamos 3-2 y como habíamos perdido la primera final 1-0, fuimos a una tercera, y la ganamos con otro gol mío”.
Aquí se pueden ver sus tres goles en ese partido:
El peso brasileño se había devaluado mucho. “Yo no ganaba casi nada y salió el pase para Tampico Madero de México y me llevaron. Jugaban los uruguayos Francisco Bertocchi, Enrique Esquivel, y de Veracruz, había llegado José Pomarico, quien había jugado en Nacional. Tuve un año espectacular y hasta el día de hoy me recuerdan. En el torneo jugaban Hugo Sánchez, el Tuca Ferretti y el Vasco Javier Aguirre. Muchos años después, me lo encontré en Japón cuando él dirigía a la selección japonesa y le regalé una camiseta de Uruguay. Corría y te dejaba marcado, era bravo en la mitad de la cancha. Hasta el día de hoy me recuerdan, se ve que dejé una linda huella”.
Hebert Revetria con la camiseta de Tampico Madero de México, en el que fue y sigue siendo ídolo
También en Brasil fue reconocido. Hace algunos años fue invitado por Cruzeiro que le hizo un homenaje. “Es un lujo para mí. Cuando me hicieron un homenaje, había un cartel que decía ‘Bienvenido Reivetria’, como que yo había sido un rey. En pleno homenaje apareció un muchacho joven y me dijo: ‘¿Sabés cómo me llamo? Revetria. El día que hiciste los tres goles a Mineiro en la final, mi mamá me estaba pariendo y mi papá me puso ese nombre’. Él vivía en otra ciudad y Cruzeiro, conociendo la historia, lo invitó para que estuviera conmigo ese día. Fue muy especial”.
El máximo goleador uruguayo en la historia juvenil
Revetria jugó dos Campeonatos Sudamericanos juveniles con la selección uruguaya. En 1974 fue segundo de Brasil en Chile, y un año después, fue campeón en Perú.
En ambos torneos fue el goleador del certamen: anotó ocho goles en el primero y cinco en el segundo. Con 13 tantos, nadie lo ha superado en la historia de la celeste juvenil.
El equipo de Uruguay campeón juvenil en 1975; abajo, al lado de Carrasco, aparece Hebert Revetria, quien sería el goleador del certamen
“En realidad, en Perú en 1975 hice seis goles, pero me anotaron cinco. Era un equipazo. Ahí, los que jugábamos en Nacional como Darío (Pereyra), (Juan Ramón) Carrasco y (José María) Muniz, conocimos a Rodolfo (Rodríguez) que jugaba en Cerro. Recuerdo el partido final contra Chile que tenía un equipazo y de pronto nos atacaban de todos lados. El Flaco sacaba cuatro o cinco pelotazos de gol. ¡Era tremendo! Un chileno me decía en pleno partido: ‘Ese es un arquerazo o tiene un culo bárbaro’. Fuimos a definición por penales en la final. Yo era el último en patear, había errado Carrasco y el Flaco había atajado alguno. Hice el gol y salimos campeones. Ahí nos dimos cuenta de lo que hicimos cuando llegamos a Montevideo que estaba lleno de gente”, dice.
Hebert Revetria sonriente, recién llegado al aeropuerto de Carrasco tras ser campeón juvenil con Uruguay en 1975; junto a él, Gabriela, su esposa
Y añade: “En Nacional, estaba (Miguel) Restuccia de presidente y todos los de Nacional le dijimos, ‘tienen que traer al Flaco que es un arquerazo’. Y lo contrataron. Y fue uno de los mayores ídolos del club y de la selección”.
Cuando lo detuvieron en un partido con la selección mayor
Carlos Silva Cabrera, quien hizo una espectacular campaña con Liverpool en 1975 que estuvo a punto de ser campeón uruguayo, se hizo cargo ese año también de la selección nacional y lo llamó por primera vez.
Pero un año después, el técnico era José María “Chema” Rodríguez y Uruguay jugaba en Maracaná contra Brasil por la Copa del Atlántico.
La selección uruguaya en pleno lío con Brasil en Maracaná; el arquero brasileño, Jairo, le entra con todo a Darío Pereyra, quien no se ve; el número 16 de Uruguay que aparece es Hebert Revetria
Así lo recuerda: “Estaba de suplente y al rato que entré, ellos se pusieron 2-1 arriba. En la hora, (Sergio) Colacho Ramírez le hizo una falta a Rivellino, un jugador impresionante, pero en la cancha, era un asqueroso bárbaro. Yo tenía tapones intercambiables y le rajé la rodilla y se dio vuelta malísimo. Atrás estaba Colacho y le pegó una trompada en el pecho. Morena le dijo: ‘Ahora no armes lío, si querés, cuando termine el partido’. Y después de ese tiro libre, terminó. Colacho tiró la pelota y lo empezó a correr. Rivellino se tiró de cabeza al túnel. En la pelea tenés que pegar y salir, si te quedás parado, sos boleta. Y los periodistas también nos pegaban. El profe Trigo que era fortísimo, se dio vuelta y tiró a cuatro periodistas. Yo a la carrera le pegué a Gil y a alguno más. El arquero Jairo, le pegó un rodillazo a Darío (Pereyra). Se armó un lío tremendo”.
Pero no quedó todo en el césped de Maracaná. Siguió por otros carriles.
“Estábamos ya en el vestuario y la Policía golpeó la puerta. Pedían por el número 6 y el 16 que éramos Colacho y yo. Un periodista había hecho una denuncia en contra nuestra. Nos llevaron a la comisaría a los dos en un patrullero. Recuerdo que estaba Claudio Coutinho, quien había jugado con Pelé en Santos con gran suceso, y luego fue el técnico de Brasil en el Mundial de Argentina 78, y el coronel Matías Vázquez, que era presidente de la AUF. Estuvimos con Colacho detenidos durante varias horas. Al final, no sé cómo, lo encaró Coutinho con Vázquez al periodista y por suerte, retiró la denuncia. Con el tiempo, Colacho pasó de Huracán Buceo a Flamengo por esa corrida a Rivellino y decía: ‘El que armó todo el lío aquella noche fue Revetria’ (se ríe). Ese pase de Huracán Buceo a Flamengo, me lo debe a mí (se ríe de nuevo)”.
Aquí se puede ver aquel tremendo lio de 1976 en Maracaná entre Uruguay y Brasil:
En 1984 quiso volver a Nacional, pero las vueltas de la vida, terminó defendiendo a Peñarol.
“Hablé con Juan Martín Mugica que buscaba un ‘9’. Hablé con (Rodolfo) Sienra, quien era el presidente, y con (Luis) Garisto, que era el técnico y no me tenía en los planes. No me querían y a mi contratista ya le habían hablado de Peñarol. Fui a hablar con (Washington) Cataldi y me dijo que volvía Morena al club. Cataldi era un fenómeno. Me dijo: ‘Usted no diga nada. Espere que en la prensa va a salir que Nacional no está interesado en usted y entonces después salimos nosotros a decir que estamos interesados’. Y así sucedió. Ahí me llamó Sienra, que quería arreglar conmigo, y le dije que había arreglado de palabra con Peñarol. No perdimos ningún partido y fuimos campeones uruguayos. Estaba entre otros, Antonio Alzamendi, otro fenómeno. ¡Lo rápido que era!, y qué persona. Un tipazo”, dice.
Los dos goleadores juntos en Peñarol: Hebert Revetria y Fernando Morena
Con Peñarol, además de ganar el Uruguayo, vivió otro episodio complicado en el que se armó lío en una cancha. Fue nada menos que ante El Nacional de Quito, el equipo militar de Ecuador, por la Copa Libertadores 1985.
Así lo recuerda: “Íbamos perdiendo. Yo había tenido problemas con el médico de ellos en el primer tiempo, y en el segundo, vi al Flaco Rotti meta amague con el médico. Le pegué una piña y me dieron una en la oreja tremenda de atrás. Cuando fui a correrlo, vi al Pollo Vidal que enterró a un militar. Empezó una situación como en los dibujitos animados, a amagarle a todos y a correr. Se me acercó un militar con el palo arriba y levanté las manos; por suerte no me pegó. Cuando entré al túnel, el militar golpeado estaba hecho bolsa y me enteré que era de rango importante. Los militares estaban con metralletas. Uno me señaló y dijo: ’Fue este’. ‘¿Yo?’, contesté. ¡Había sido el Pollo! Y me pegaron una piña en el estómago. Cuando llegué abajo, al vestuario, nos encerramos y vino el árbitro brasileño Arppi Filho: ‘Salgan a jugar lo que queda del segundo tiempo’. Ni bola le dimos y de ahí nos fuimos al aeropuerto”.
Peñarol 1984: arriba, Nelson Gutiérrez, Marcelo Rotti, Miguel Bossio, Daniel Rodríguez, Gustavo Fernández y Gerardo Rodríguez; abajo Mario Saralegui, Fernando Morena, José Luis Zalazar, Hebert Revetria y José Batista
Con Peñarol viajó en una gira por India para jugar en Calcuta. “Fue un viaje enriquecedor. Tuvimos problemas para entrar al país y al Pinocho Vargas lo detuvieron por sacar fotos. Luego de unos trámites, se arregló todo. Era de noche y estaba todo apagado. ‘¿Dónde estará la ciudad?’, nos preguntábamos. No se veía nada. Era un lugar tétrico, pero el hotel era impresionante. Había una tristeza tremenda, gente comiendo de la calle. Terrible”, explica.
Y recuerda una anécdota con el profesor Óscar Ortega, entonces en Peñarol, hoy en Atlético de Madrid y quien en estuvo con la selección uruguaya en el pasado Mundial Qatar 2022.
Peñarol campeón de un torneo en Calcuta, India, con Hebert Revetria como capitán en el centro, abrazado de atrás por Robert Siboldi; el segundo desde la izquierda es el profesor Óscar Ortega
“No me olvidé más de una anécdota con profe Ortega. De tanto caminar por la ciudad con él y de que la gente nos pidiera plata cada tanto, contratamos a un carro para dos personas que nos llevaba un muchacho. Dimos unas vueltas por todo Calcuta, llegamos al hotel y el profe me dijo algo que me quedó grabado: ‘Somos una mierda, malas personas’. ‘¿Qué te pasa profe?’, le pregunté. Y me respondió: ‘¿No te fijaste lo que hicimos? ¿Cómo nos vamos a hacer llevar por personas como si fueran animales?’, y lo entendí, no le pude contestar y me quedó muy grabado. Me puse a pensar, ‘¿cómo llegamos a esto’”, cuenta.
Y agrega: “Otra cosa que me quedó de esa pobreza tremenda, fue lo que sucedió con (Luis) Güelmo quien compró algo y no le devolvían el vuelto de los US$ 100. Llegó la Policía y agarraba a los vendedores y les pegaba con una caña de bambú en la palma de la mano. Fuimos a la comisaría. Había una pared que ocultaba cosas. Se me dio por pasar y mirar, y era tremendo: había decenas de personas en una celda, uno arriba del otro, hombres, mujeres, niños, todos apretados. Al final, le devolvió el vuelto y nos fuimos. Me quedó esa sensación horrible en esa comisaría y el dolor de los tipos cuando le pegaban en las manos”.
Inés Guimaraens
En Tampico Madero de México sigue siendo ídolo hasta hoy
Hace 24 años que trabaja en Tenfield. “En la parte social se ha ayudado a muchísima gente, como a los Nostálgicos del Fútbol”, sostiene.
Dice además que hizo “una amistad muy linda con Ghiggia, Míguez y Julio Pérez, porque la empresa colaboraba con ellos en todo lo que precisaran gracias a la decisión de Paco (Casal) y del Tano Gutiérrez. Dignificaron lo que fueron sus últimos años porque ellos fueron los campeones del mundo”.
Hebert tiene cuatro hijos, Sebastián, Nathaniel, María y Soledad, y cuatro nietos, dos varones y dos niñas. Disfruta de la familia y recuerda el fútbol como cuando Heber Pinto le puso el apodo inolvidable de “El Cañón del Parque”.