Es probable que ninguno de los principales candidatos para suceder a Kishida cambie fundamentalmente las políticas básicas de Japón, incluida su alianza militar con Estados Unidos y su reciente fortalecimiento de la defensa. Pero el nuevo líder podría ayudar al PLD a mejorar sus perspectivas en las elecciones nacionales del próximo año.
Japón es una de las muchas democracias importantes donde la tristeza post-Covid y la perturbación económica han dejado a los votantes descontentos. El presidente Biden ha sido relativamente impopular durante la mayor parte de su mandato, el Reino Unido acaba de sufrir su primer cambio de control parlamentario en 14 años y una coalición de partidos de izquierda obtuvo más escaños que el partido del presidente Emmanuel Macron en las elecciones francesas.
Según el consignado medio, la carrera para suceder a Kishida está muy abierta. Varios legisladores veteranos son vistos como candidatos potenciales, incluido el ministro digital Taro Kono, de 61 años, conocido por su batalla contra las tecnologías del siglo XX, como el fax y el disquete.
Algunos miembros del partido dicen que es hora de elegir un candidato más joven como Shinjiro Koizumi, de 43 años, hijo de un popular ex primer ministro, o Takayuki Kobayashi, de 49 años, ex ministro de seguridad económica.
El embajador de Estados Unidos en Japón, Rahm Emanuel, dijo que el sello distintivo del mandato de Kishida fue la red de asociaciones que surgieron en la región de Asia y el Pacífico para contrarrestar el ascenso de China, incluidos los vínculos más estrechos de Tokio con Corea del Sur después de que los dos vecinos dejaran de lado en gran medida sus agravios históricos. Kishida y Biden se han reunido a menudo con líderes de Filipinas, Australia, India y otros.
“Todos los futuros líderes de Estados Unidos y Japón trabajarán con esa partitura”, dijo Emanuel en una entrevista.
La tambaleante economía japonesa ha perjudicado el apoyo a Kishida.
En enero de 2023, la inflación general alcanzó el 4,3%, la cifra mensual más alta desde 1981. Aunque estuvo muy por debajo del pico en Estados Unidos y la inflación ha disminuido desde entonces, muchos consumidores han sentido el impacto de los precios más altos de los alimentos y combustibles importados. La debilidad del yen ha elevado el precio de las importaciones en términos de yenes, mientras que el desempeño generalmente sólido del mercado de valores bajo Kishida no benefició a la mayoría de las personas porque sólo aproximadamente uno de cada ocho hogares posee acciones.
Las encuestas de este año han demostrado sistemáticamente que sólo alrededor de una cuarta parte de los votantes apoyan al gabinete de Kishida. El PLD ha gobernado Japón durante la mayor parte de las últimas siete décadas desde su fundación en 1955, y se considera probable que gane las próximas elecciones, pero algunos legisladores del partido temían grandes pérdidas si Kishida permanecía al mando.
Los salarios reales cayeron durante la mayor parte del mandato de Kishida, aunque apenas han comenzado a aumentar, como señaló en su conferencia de prensa.
Kishida atribuyó sus malas calificaciones en las encuestas principalmente al escándalo de los fondos. Eso involucró a altos legisladores del partido gobernante, especialmente algunos que eran seguidores del fallecido Primer Ministro Shinzo Abe, que se quedaron con una parte de los fondos recaudados por las facciones del partido sin informarlo. Kishida dijo que su decisión de dimitir era una forma de asumir la responsabilidad del asunto.
El lunes 5 de agosto la bolsa de Tokio se desplomó y el índice Nikkei de Japón sufrió la mayor caída en puntos de su historia, lastrada por el repunte del yen y la preocupación por la economía estadounidense, que provocó también fuertes caídas en Seúl y Taiwán.
El Nikkei 225, principal selectivo del parqué japonés, que ya había caído un 5,8% el viernes, se desplomó un 12,4%, o 4.451,28 puntos, para cerrar en 31.458,42 puntos batiendo su récord de pérdidas, que se remontaba al desplome bursátil de octubre de 1987.
Esto mientras la Reserva Federal estadounidense da entender que bajará sus tasas posiblemente a partir de setiembre. Entre los inversores hay temor de que la demora en recortar las tasas llevará a una recesión de la economía.
Por su parte, la divisa japonesa, que en julio se cambiaba a casi 162 yenes por dólar, repuntó el lunes hasta 141,73 por billete verde, un nivel que no se veía desde principios de enero, desde los 146,52 yenes registrados el viernes en Nueva York.
El reciente repunte se ha visto impulsado por las decisiones políticas del banco central de Japón, que la semana pasada aumentó sus tasas de interés por segunda vez en 17 años hasta 0,25% y podría hacerlo de nuevo próximamente. El país asiático tuvo tasas de 0% por casi 30 años.
Japón en el centro del caos
El director de Gastón Bengochea, Corredor de Bolsa, Diego Rodríguez, explicó en su cuenta de X que en el último tiempo muchos operadores pedían prestado yenes japoneses a tasas de interés bajas, los convertían en dólares y usaban esos dólares para comprar acciones estadounidenses. Esto a cambio de mejores retornos.
“Ahora que el Banco de Japón está aumentando las tasas de interés, el JPY se ha fortalecido frente al USD. (…) Los operadores están en serios problemas, deben pagar intereses más altos por los JPY que pidieron prestados y también enfrentan grandes pérdidas en el mercado de divisas. Los activos en USD que poseen pueden no ser suficientes para devolver los JPY que han tomado”, apuntó.
En ese contexto “el fuerte repunte del yen frente al dólar está causando una liquidación masiva de posiciones de carry trade en yenes, y contribuyendo a fuerte caída de las acciones estadounidenses”, añadió.
Estos movimientos también están afectando el mercado de criptomonedas donde muchos inversores están vendiendo para hacerse de efectivo.
Se estima que alrededor de US$ 4 billones están siendo movidos de vuelta a Japón, según medios especializados.
La política monetaria de la FED y el temor a una recesión en EEUU
Además, se suma un informe sobre el empleo en Estados Unidos publicado el viernes, que hizo caer "las acciones y los rendimientos de los bonos" en Wall Street, explicó Stephen Innes, analista de SPI Asset Management.
La tasa de desempleo estadounidense subió en julio más de lo previsto, hasta el 4,3%. Es la tasa de paro más alta en el país desde octubre de 2021.
A raíz de esta publicación, los rendimientos de la deuda pública cayeron con fuerza, lo que hace presagiar que la Reserva Federal estadounidense (Fed) podría recortar sus tasas más drásticamente de lo esperado.
Si en setiembre la Fed "hace su primer recorte de tipos de 50 puntos básicos", en lugar de los 25 puntos básicos que espera el mercado, "será su forma de admitir" que ha tardado demasiado en relajar la política monetaria, considera Innes.
CME Group
Los analistas de Deutsche Bank señalan que la magnitud de la anticipación del mercado sobre el número de bajas de tasas de la Fed "en los próximos 12 meses sólo se ha visto durante una recesión".
Sólo dos veces la Fed comenzó lo que serían grandes ciclos de relajamiento monetario con recortes de 50 pb. En la víspera de la explosión de la burbuja puntocom en 2001 y en los comienzos de la crisis de las hipotecas en septiembre de 2007, según explica este análisis de El Observador.
La bolsa de Nueva York caía en la apertura, en un movimiento de pánico tras un derrumbe de mercados bursátiles en el mundo por temores de recesión en Estados Unidos y el fortalecimiento del yen.
El índice Dow Jones perdía casi 2,65%, el Nasdaq 3,39% y el S&P 500 2,99% en los primeros intercambios en Wall Street, en tanto las tasas de los bonos caían.
El Observador, The Wall Street Journal y AFP