En el libro se presenta un mapa con el transcurso de los 10 arroyos entubados: los arroyos Malvín, Pintos, De los Chanchos, De los Pocitos, De la Estanzuela, San Patricio, Santa Ana, De las Marianas, Seco y Quita Calzones.
Además, presenta una posible solución para una de las zonas más inundables, la calle La Paz a la altura de la Estación Central: "Qué lindo sería tener una ciudad como tantas de Europa, donde se pueda caminar al lado de un canal y apreciarlo desde arriba con una baranda mediante, apreciar botes en movimiento, tal vez en una de las vías de La Paz, en la zona de la Estación Central, y terminar con el problema que nadie resolvió".
A continuación, parte de la entrevista de León Kalansky con El Observador.
¿Por qué decidió escribir su primer libro? ¿Qué lo motivó luego de 40 años de trabajo como arquitecto?
Durante 40 años me dediqué fundamentalmente a dirección de obras de proyectos grandes -puentes, shoppings- y tenía el hobby de la historia de la arquitectura. Junté material durante décadas, libros, recortes de diarios, fascículos, de todo, y en los últimos años de actividad dije: con este conocimiento que yo tengo de dirección de obra, por qué no transmitirlo. Hice un curso particular de gerencia de obra porque veía que era un nicho de mercado que faltaba, y que los estudiantes y los recién recibidos lo precisaban. Transmitir conocimientos siempre me gustó, y ahora que me jubilé, con mucho más tiempo libre, decidí volcar el conocimiento en un libro.
¿Cuál es el público objetivo del libro, más allá de los arquitectos?
Los amantes de la historia en general, por ejemplo. También los curiosos, la gente que le gusta leer, instruirse y saber de la historia, de los arroyos, de los edificios. Y después tenemos el tema de los guías turísticos, ya vendí a varios guías turísticos. Además está el público de mi edad, que son nostálgicos. Los montevideanos somos muy nostálgicos, entonces todo esto de recordar cosas de antes entusiasma.
En la introducción plantea un tema que ha sido ampliamente debatido: cómo comulga el patrimonio con el desarrollo. Se desempeñó como director de obra en la construcción de shoppings Punta Carretas y Punta Shopping, que son símbolos de desarrollo y modernidad, pero apela al cuidado del patrimonio. ¿Cómo se conjugan esas dos ideas?
Es muy difícil, a mí me tocó demoler para una empresa constructora el Arsenal de Guerra, cuando se estaba haciendo “Ciudad de las Tres Cruces” (8 de Octubre y Presidente Berro). Ese edificio estaba en la esquina y yo no hubiera querido demolerlo, pero no hubo nada que hicieran la intendencia o los organismos, la Comisión del Patrimonio, para frenar eso. Por un lado hay que desarrollar, pero hay que tratar de conservar lo antiguo. Es difícil si no hay demasiado apoyo estatal al respecto, porque obligan a un privado a hacer un mantenimiento de una cosa que le podría ser más redituable con un edificio. Es difícil conjugar las cosas, más en Uruguay, en países más desarrollados, que tienen más dinero y más cultura por lo antiguo, es más fácil.
En el libro menciona algunos ejemplos, como el hotel San Rafael de Punta del Este.
Y el de Assimakos en avenida Italia, que era una fábrica de alfombras. Eran edificios emblemáticos, esos no se podrían haber demolido, pero se demolieron, no hubo nada que lo frenara, el Estado estuvo ausente.
Uno de los primeros temas que aborda son los cursos de agua. ¿Cómo es la historia de los arroyos entubados? ¿Cuál era el objetivo?
Cuando vino (Bruno Mauricio de) Zabala, lo que teníamos era relieve, y en las partes bajas se formaron los arroyos. La ciudad empezó desde la Ciudad Vieja y fue creciendo y en todas partes había arroyos. Tenemos una red nutrida de arroyos. Se fue edificando y claro, si querés hacer las calles, tenés que seguir las pendientes y el arroyo molestaba. Entonces, como no era de gran caudal, se decidió entubarlos. Lo complicado es que se dimensionó de un diámetro determinado para los arroyos, por ejemplo, un tubo de un metro de diámetro.
Todo esto fue progresivo, el arroyo Malvín se hizo en 1955, mis hermanos mayores se acuerdan. El arroyo corría y ahora es la avenida Concepción del Uruguay.
Pero hay dos cosas que allá por 1920 no pasaban. No se hablaba de cambio climático, hoy día llueve en una hora lo que llueve en un mes. Por otro lado tenés el tema de las superficies permeables e impermeables. Yo tengo un fondo en casa, antes tenía césped, los parkings eran en terrenos baldíos, pero al edificarse todo, se crean pisos de hormigón y toda esa agua tiene que escurrir. Antes la absorbían los terrenos, entonces al no haber tantas superficies verdes, se van achicando. Esas cosas influyen en que hay más agua para evaporar y hace que los diámetros de los caños, de esos que se proyectaron en un metro, no alcancen.
Uno de los lugares que se inunda habitualmente es la zona de la calle La Paz, cerca de la Estación Central ¿Allí hay un arroyo entubado?
Ahí corría el Arroyo de las Marianas. Es un arroyo que se entubó. Ten en cuenta que si te parás en Libertador y ves, hasta el Palacio Legislativo hay una subida tremenda, y hasta la plaza del Entrevero hay una subida tremenda. Ahí corría un arroyo, era todo bajada, y ahí se canalizaba todas las aguas.
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Kalansky en el desagüe del Arroyo de los Chanchos (entubado), a la altura de 26 de Marzo
¿Existe a nivel internacional alguna solución para este problema?
Una de las cosas que se está haciendo desde hace una o dos décadas es retener agua. Cuando llueve mucho hay un lugar, un reservorio de agua, un tanque subterráneo, donde se va reteniendo el agua y después se va bombeando de a poco. Eso hace que no se sature la cañería en el punto de salida. Por ejemplo, una de las últimas que hizo la intendencia fue donde está era la fábrica de vidrio, en Rivera y Comercio (Solano López), cuando se hicieron las Torres Diamantis. En la playa de estacionamiento, al costado de los edificios, la IM exigió al promotor que hiciera una gran piscina subterránea. Ahí se deposita una gran cantidad de agua y después va saliendo de a poco, porque ahí corría el arroyo del Cardal o de los Pintos. Venía por el costado de Comercio.
Ahora, la cantidad de agua en La Paz… una solución es, en algún lado, de repente, poder reconstruir un arroyo. Capaz que se puede hacer en La Paz, frente a la estación del tren, que hay doble avenida, y que a veces está cerrado por el estacionamiento. Hacer ahí, abrir un canal.
En el libro menciona que “sería lindo sería tener una ciudad como tantas de Europa, donde se puede caminar al lado de un canal”. ¿Es posible en La Paz?
Exacto. Pero supón que ese caudal que se va juntando es demasiado y no da abasto. Hay otra cosa que se podría hacer, teórica, pero que va a ser costoso. Cuando se estaba haciendo el saneamiento en La Aguada en la primera década de 1900, el agua iba a salir a la bahía, al puerto. Pero como tenemos sistemas mixtos, que son las aguas negras, los del puerto dijeron que no, que se iban a llenar los barcos de aguas negras. Pidieron que no desagüen ahí el saneamiento. Se hizo la conexión desde la zona de La Aguada, hasta verter directamente en el río de la Plata por la calle Paraguay. Se hizo una excavación en roca, por debajo de la ciudad, pasando por Plaza Cagancha. Se excavó todo en roca y terminó saliendo de La Paz a la Rambla Sur. ¿Que no se puede picar roca? ¿hacer túneles? ¡Hecho a pico y pala! Hay una foto que está en el libro, de 1907, cuando el presidente Williman inauguró todo ese saneamiento arriba de un bote. Hoy, de repente, se podría hacer por la calle Julio Herrera, sacar todo lo que está ahí en La Aguada y llevarlo directamente por Julio Herrera hacia la Rambla Sur.
Otro de los temas que trata el libro es la importancia de las olas migratorias en la arquitectura ¿Cuáles son las principales influencias que tiene Montevideo?
En cuanto a estilos arquitectónicos, poco. Pero sí paso que, como la Facultad de Arquitectura se creó recién en 1915, hasta ese entonces venían arquitectos extranjeros. Todos los edificios que se hicieron en la década del 30, en el gran crecimiento, era con muchos arquitectos extranjeros. El Jockey Club lo hizo el francés Joseph Paul Carré, el Hospital Italiano lo hizo Luigi Andreoni. Cada uno traía sus cosas. Tenemos varios arquitectos ingleses también, con el Teatro Victoria, por ejemplo. Todo eso va influyendo. Aparte, cada comunidad que venía tenía su hospital propio, su colegio propio. Así se construye el Hospital Italiano, el Sanatorio Británico, el Colegio Francés, el Colegio Alemán, la Iglesia Luterana, la Iglesia Luterana Alemana, los judíos hicieron su sinagoga, los armenios, también hay una iglesia, que muy poca gente conoce, que es la iglesia ortodoxa rusa, en el barrio Goes.