El antropólogo y doctor en Antropología Social Nicolás Guigou aseguró que el fútbol forma parte de la construcción de la identidad uruguaya desde fines del siglo XIX y destacó que ningún otro deporte ha alcanzado en el país un nivel de arraigo comparable.
Entrevistado en Informativo Sarandí (AM 690), el académico sostuvo que la denominada "garra charrúa" puede interpretarse como una forma de resistencia cultural frente a la influencia de los dos gigantes regionales.
"¿Cómo resistís, cómo construís una identidad que pueda resistir dos masas culturales enormes?", planteó en referencia a Argentina y Brasil.
Según Guigou, Uruguay desarrolló una identidad propia y particularmente fuerte pese a convivir entre dos potencias demográficas, económicas y culturales.
En ese contexto, señaló que el fútbol se transformó en una de las expresiones más visibles de esa construcción identitaria y recordó que el país ha logrado proyectarse internacionalmente a través de ese deporte pese a su reducido tamaño poblacional.
El fútbol como espacio común
El antropólogo también destacó el papel integrador que cumple el fútbol durante los grandes eventos deportivos, al generar un ámbito de encuentro que trasciende diferencias sociales, religiosas o políticas.
"La gente se olvida de eso, se olvida de las religiones, justamente se olvida de sus ideologías", afirmó.
A su juicio, el fenómeno futbolístico funciona como una instancia de cohesión colectiva en un país caracterizado por su fuerte politización y por debates públicos permanentes.
"No es una distracción"
Guigou rechazó además la idea de que el fútbol sea simplemente una forma de evasión o una distracción masiva.
Por el contrario, sostuvo que genera conversaciones, vínculos y formas de interacción que fortalecen el tejido social.
"Hay todo un entramado de diálogos, interacciones que yo creo que todo lo contrario: enriquece la comunidad", señaló.
Para el académico, el fútbol constituye uno de los pocos espacios capaces de reunir temporalmente a personas con visiones muy diferentes del mundo bajo una misma emoción colectiva.
"Hay un momento que todo eso queda de lado. ¿Y qué otra cosa nos trasciende a ese nivel en Uruguay? Ninguna", concluyó.