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27 de mayo 2024 - 10:26hs

Las vidas políticas de Marisol Díaz y Sara González parecen estar entrelazadas, como esas cadenas de ADN en que por momentos las partes están bien juntas y, por instantes, bien distantes. Nacieron en Venezuela con 12 años de diferencia y a 533 kilómetros de distancia por carretera. Militaron sin conocerse contra el chavismo. Emigraron a Montevideo cada una por su lado. Y ahora son de las inmigrantes que votan por primera vez en Uruguay… solo que una lo hace dentro del oficialismo y la otra en la oposición.

Sara (26) y Marisol (38) votan, en realidad, por primera vez en su historia. La primera había huido de Caracas cuando cumplía la mayoría de edad y era una joven militante universitaria. La segunda escapó de su país cuando todavía estaba inscripta como Nilson, y recién ahora, tras la reasignación de sexo en un hospital público de Uruguay y el cambio en los documentos, sufragará con su “nueva” identidad.

Ambas integran el reducido universo de inmigrantes recientes habilitado por la Corte Electoral para ejercer el derecho al voto. Porque solo el 2% de los nuevos inscriptos (4.341 de 214.338) nacieron en el extranjero. Y menos del 1% es, en realidad, ciudadano legal: la mayoría de los otros extranjeros habilitados son hijos o nietos de uruguayos (naturales).

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Por eso en la Corte Electoral insisten en que en Uruguay el voto de los nacidos en el extranjero “no mueve la aguja”. Ni siquiera lo hace en un padrón electoral que parece “planchado” y que, como la población uruguaya, envejece poco a poco: en las internas habrán 3,3% más habilitados que en el ciclo de 2019 a fuerza de que murió menos gente (y no por jóvenes o extranjeros que se agregan).

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Marisol, quien abrió su propia lista dentro del “wilsonismo” de Partido Nacional, es consciente de la poca cantidad de compatriotas suyos que, pese a estar radicados “hace años” en Uruguay, pueden (o quieren) votar. “Cuando empezó el calentito de la campaña, alcé la bandera de los migrantes y de los derechos de la población trans, pero lo hice (y hago) como parte de una contribución a la mejora de la sociedad toda y no exclusivo para los principales interesados”.

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Marisol y su primera lista en Uruguay

Marisol y su primera lista en Uruguay

De hecho, según datos de la Corte Electoral a los que tuvo acceso El Observador, entre los ciudadanos legales que están habilitados para votar por primera vez en este ciclo electoral, los venezolanos son recién el tercer colectivo en volumen de electores (con 204 casos, los superan los argentinos con 311 y los peruanos con 283).

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La doctora en Demógrafa Victoria Prieto explica que el volumen de nuevos habilitados para votar según país de nacimiento mantiene una lógica: “la inmigración argentina es la histórica y, a su vez, los peruanos vienen asentándose incluso antes de los 2000… ha pasado más tiempo”.

La Etnoencuesta de Inmigración, que entre otros lideró Prieto, comprobó que la mayoría de cubanos y venezolanos habían llegado luego de 2017. En términos de la burocracia y las exigencias uruguayas es un período tan corto que ni siquiera les da el tiempo de sacar la carta de ciudadanía y esperar al menos tres años para inscribirse luego en la Corte Electoral.

A su vez, el relevamiento constató que ocho de cada diez dominicanos se veían viviendo en tres años en su país de origen o en un tercer país fuera de Uruguay. Mientras que la mitad de los venezolanos se veía en Uruguay.

Sara es de las que construyó su vida adulta y académica en Uruguay. “Mi primera salida de Venezuela fue a España, cuando recién era una estudiante en la Universidad Católica de Caracas y apoyaba la campaña del opositor Henrique Capriles. Pero por los vínculos afectivos, y porque sabíamos que era un país con oportunidades de desarrollo, nos mudamos a Uruguay”.

De dictadura y democracia

“Algunos vínculos políticos que tenía en Venezuela (antichavistas) me contactaron con políticos en Uruguay. Y, por lógica, los primeros lazos fueron con el Partido Nacional y Colorado. Pero sus discursos no me convencieron. Esperé un tiempo para interiorizarme en la historia y política uruguaya. Hasta que en Danilo Astori encontré esa voz que quería: una mirada sensata sobre el régimen venezolano, pero con los valores socialdemócratas. En su sector no les tiembla el pulso de decir que una dictadura es una dictadura”. Sara se reconoce una “rareza” entre algunos de sus compatriotas militantes, porque la mayoría optó por una oposición directa al régimen chavista desde los partidos fundacionales.

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La literatura politológica dice que, en los últimos años, los populismos de derecha han tenido un fortalecimiento en base a un discurso anti-inmigrante (con énfasis en los procesos electorales de Europa y Estados Unidos).

Pero, más allá de trincheras ideológicas, las características sociodemográficas de los inmigrantes (en su mayoría población económicamente activa) es un atractivo para los partidos políticos en sus pujas electorales.

Un reciente experimento liderado por seis académicos uruguayos y una brasileña, basado en lo acontecido en Chile, muestra que los partidos de derecha están pudiendo captar la adhesión de los nuevos votantes venezolanos teniendo un discurso anti-Maduro. Es una especie de decantación: la mayoría de inmigrantes venezolanos recientes está contra el régimen chavista. La derecha promueve un discurso contrario al chavismo. Inmigrantes y partidos de derecha comparten y se alinean en esa antipatía contra Maduro. “Los datos proporcionan pruebas contundentes de que un partido de derecha que también ofrece una política exterior anti-Maduro genera más apoyo electoral que aquellos partidos que simplemente ofrecen una política de derecha”.

Felipe Alessandri, exalcalde de Santiago de Chile, dijo: “(los venezolanos) van a ser bastante decisivos en futuras elecciones (…) especialmente con el voto voluntario que mueve a la gente más ideológica. (En las elecciones pasadas) perdí por un dos o tres por ciento, y esa mínima diferencia pueden ser los venezolanos que van a las urnas (…) Se ha visto en elecciones recientes: en la campaña de [Sebastián] Piñera movilizaron a migrantes que tenían derecho a votar. Me imagino que ese candidato [José Antonio] Kast hizo lo mismo mismo (...) Entonces, creo que es interesante involucrar a los inmigrantes en nuestro sector también”.

En Uruguay esa influencia es más acotada: el stock de inmigrantes es menor y, a su vez, el mecanismo para acceder al voto lleva un engorroso proceso que, en el mejor de los casos, y siempre que se tenga una familia constituida en el país, se requieren mínimo seis o siete años (y de ahí para arriba).

Prueba de ello, en el período 2015 a 2019 hubo casi la misma cantidad de nuevas inscripciones de extranjeros habilitados para votar que en el período actual: 4.210 versus 4.351. La diferencia es que antes los venezolanos —como Marisol y Sara— casi no entraban en el padrón.

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