Llegó 10 minutos más tarde de lo acordado, como en la entrevista anterior. Y dijo: "Disculpá la demora". Como en la entrevista anterior. Algunos creen que Jaime Roos se renueva y renace cada año, sin abandonar el traje de pionero que se probó en los 70. Otros consideran que se repite hasta el hartazgo mutando los formatos. Hoy se lo puede ver y escuchar en todas las salas de cine, divertido y angustiado. El éxtasis del Mundial que vivió junto a su hijo Yamandú, codirector de la película, y las noches de alcohol que logró abandonar cuando se internó hace un año en un spa de Entre Ríos moldearon al veterano artista y también a su nueva criatura, 3 millones, un documental sobre la gesta futbolística de Sudáfrica y algo más.
En este momento, más que felicidad siento el alivio de la misión cumplida. Es una película que me hizo a mí. Siento que yo no hice la película.
¿Cómo es eso?
Es que la realidad me caminó por encima. Yo no soy director de cine. Pero tampoco soy novato en esto. Trabajé mucho en lo audiovisual con los DVD y por otra parte hice muchas bandas sonoras de filmes argentinos importantes. Soy alguien que se mueve dentro del arte y siento el llamado interior de querer llevar adelante cosas cuando veo que están ahí. Mi hijo es igual. Terminamos entonces haciendo una película, de lo que para mí es una experiencia inesperada y maravillosa, como lo fue el Mundial.
¿Qué fue lo que más le llamó la atención del Mundial?
La sencillez que se respiraba en el ambiente. Cuando ibas a las canchas y veías a ídolos mundiales, como a (Diego) Forlán o a (Luis) Suárez, además de a los otros cracks del equipo, era como cambiar de dimensión. De golpe esos tipos eran auténticos héroes que estaban librando batallas ante 90 mil personas y que a su vez los estaban viendo en los cinco continentes. Pero de repente volvían a Kimberley y eran los muchachos del barrio.
¿Con la película intentó mostrar un modelo de país?
Busqué reflexionar sobre el país en el que me crié, ese Uruguay que está en decadencia a nivel republicano, pero que llegado el momento, como en Sudáfrica, sigue siendo el Uruguay que todos queremos. Cuando digo republicano significa que todos pertenecemos a un mismo lugar, donde los ricos, los pobres y los del medio conviven en la armonía y el respeto en el que yo y los de mi generación nos criamos. Hoy las divisiones sociales son cada vez más grandes y la sociedad se está bipolarizando: pertenecés a los de acá o a los de allá. Pero en Sudáfrica éramos parte de los 3 millones. No había divisiones. Y eso tiene un gran responsable, que es (Óscar) Tabárez. El secreto de su fórmula está en el aspecto psicológico y administrativo.
¿Y usted de qué lado se ubica?
A mí no lograron bipolarizarme. No me muevo exclusivamente por los barrios que van del centro a la costa. A mí no me tiraron de avenida Italia al sur y listo. Para empezar vivo en la Ciudad Vieja, que es lo más republicano que conozco. No me dejé arrastrar por ese torbellino que comenzó en los años 90 y que hoy vemos concretarse con más fuerza. Conmigo no pudieron.
¿En Uruguay la identidad nacional está más definida por el fútbol que por la música?
No creo que haya campaña publicitaria que haya hecho más por el prestigio de nuestro país que la celeste. Tabárez es mucho más conocido en el mundo que (José) Mujica. Forlán es mucho más importante como embajador cultural de Uruguay que cualquiera de nosotros, los músicos. Forlán es un ídolo mundial. Y nos damos cuenta de eso cuando salimos y viajamos. Hoy la celeste es una Ferrari que hay que cuidarla entre terciopelo.
Jaime está en su habitación del hotel en Sudáfrica, junto a su hijo holandés, con quien se ha reencontrado después de un año y medio. Lo mira, la cámara está encendida, y Jaime le dice, a él y a todos, que siente "angustia" y que cuando vuelva a Uruguay deberá reformular su vida.
¿A qué se refería cuando planteó eso frente a la cámara?
Esta película no se trata solamente de un relevamiento periodístico de la celeste. Yo estaba pasando un momento muy malo durante el Mundial, que no tenía que ver con el Mundial ni con ver a mi hijo. Estaba viviendo una mala vida y por otro lado pasaba por una serie de problemas afectivos. Era un cóctel poco recomendable. Entonces le dije a Yamandú: "Estoy un poco angustiado y debo reformular mi vida, pero ahora no puedo pensar en eso, debo pensar en disfrutar esto, patear la pelota hacia adelante y cuando llegue a Uruguay voy a tratar de agarrar el toro por las astas". Cosa que hice. En estos momentos tengo 13 kilos menos que en el Mundial, una claridad mental mucho mayor y llevo adelante una vida sana. En esa época estaba pasando por una tormenta.
¿De drogas y alcohol?
No, de alcohol. Aparte hubiera sido muy difícil buscar drogas en Sudáfrica, aunque está lleno. Pero el problema mío en ese momento, y cuando los he tenido de verdad, era que estaba tomando mucho; mucho vino. Hay muy buen vino en Sudáfrica. Pero no he sido un alcohólico en mi vida. Si lo hubiera sido no estaría donde estoy. De todas maneras, mi problema no era solo ese. También era lo que comía, lo que no caminaba. Cuando uno está angustiado afectivamente, cuando a uno no le importa si llueve o hace sol, es que llevás una vida malsana. En el Mundial fue todo muy contradictorio. Había días en los que no tomaba una sola gota, porque no había tiempo para tomarla. Además estaba viviendo algo espectacular y estaba con mi hijo. Pero me desbarranqué en unos cuantos momentos. Al regreso logré reformular mi vida y lo digo con alivio y orgullo, porque fue un sacrificio grande. Hace un año que estoy completamente sano.
¿Estuvo en rehabilitación?
No. Fui a un spa en Entre Ríos, que se llama CAVS (Centro Adventista Vida Sana), donde no se trata de ir a rehabilitarse con respecto a una adicción. Allí va gente que tiene problemas de sobrepeso, de estrés, de cigarrillo, problemas con la vida. En ese lugar poco les importa si tomás demasiado alcohol, comés demasiado o fumás demasiado. El combo es lo que importa. El exceso de angustia, el exceso de estrés, el exceso... Todo lo que te lleva a vivir una vida malsana. En cierta forma aprendés a atacar por todos los frentes. Porque si querés hacerlo solo por uno, estás condenado al fracaso.
¿Ahí estuvo cuando volvió del Mundial?
Después del Mundial tuve una larga gira por Argentina, desde la Patagonia hasta Concordia, que arrancó en setiembre y duró todo octubre. Cuando se terminó la gira me fui hasta ese lugar, estuve tres semanas allí y ahora aquí me ves.
Algunos lo acusan de repetitivo: "Jaime Roos, el que todos los años edita una antología". Otros destacan su capacidad para incursionar y renovarse. La película combina los dos aspectos, la irrupción en el cine y la reutilización de canciones ya existentes. ¿La incursión en lo audiovisual responde a la necesidad de renovarse?
Poco me importa lo que opinen de mí. Yo soy un artista y siempre hice lo que quise. Es una decisión que tomé cuando tenía 21 años y jamás me aparté. Quien me acusa de sacar un disco por año desconoce absolutamente como funciona el mercado discográfico. Las compañías son las que los sacan. Simplemente me consultan a mí, y yo, para evitar que saquen un producto de supermercado con una tapa espantosa y sin información, les digo: "Si lo van a sacar, déjenme que yo más o menos les digo cuál es la ficha técnica, los músicos que tocaron, les doy una fotito linda". Porque de todas maneras lo van a sacar. Y nadie se queja cuando salen los cuentos de (Juan Carlos) Onetti con esta tapa, los cuentos de Onetti con El infierno tan temido, de repente a otro le ponen Un sueño realizado y otros cuentos. Son siempre los mismos cuentos. Es siempre el mismo compilado. Señores, a los músicos nos pasa lo mismo. Yo nunca paré de laburar desde el año 75 hasta hoy. El último disco con temas inéditos que hice es Fuera de ambiente, del 2007, y está entre mis mejores álbumes. Este paso que di, al hacer una película, es simplemente por las ganas que tengo de tirarme al agua cuando veo arte. Acá vi arte y me tiré al agua. Yo no pretendí incursionar en algo nuevo con el afán de renovarme.
Yo nunca quise renovarme. Si me renuevo es porque se da de forma espontánea.
¿Se considera el artista más representativo del Uruguay?
Hay una ley que dice que uno no puede hablar de uno mismo.
La ley de la falsa modestia.
No, no pasa por allí. Está en la Biblia. Ya lo dijo Cristo. Vino uno y le dijo: "Tú eres el rey de los judíos". Y Cristo le respondió: "Tú lo dices". No te puedo negar que me considero parte de una plana mayor de artistas que representan a Uruguay y que han hecho un aporte importante a la identidad cultural de nuestro pueblo. ¿Qué sería de nuestro pueblo si no fuera por los artistas? Seríamos un pueblo sin cara, una gran cadena de hamburguesas. Esa es nuestra misión: hablar desde un lugar emotivo en nombre de nuestra comunidad. Pero colocarme en un podio me parece algo deportivo, que no tiene demasiado que ver con el arte. ¿Cómo voy a dejar de lado a Daniel Viglietti, a Rubén Rada o a tanta otra gente de otras disciplinas artísticas? Pero si lo querés decir, decilo vos. Yo te voy a decir: "Tú lo dices".