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"Bordamos feminicidios": la protesta contra los asesinos detrás de un pañuelo

Esta clase de labor de un colectivo mexicano procura darle presencia a las mujeres a las que un hombre les quitó la vida

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07 de agosto de 2019 a las 05:03

“El 8 de marzo de 2008 salí a comprar leche y me raptaron. Fui víctima de tortura, violación tumultuaria y mi cuerpo fue desmembrado y quemado. Solo encontraron mi tronco en la carretera en un lugar conocido como ‘La Barranca’, muy cerca de Toluca, Estado de México. Me llamaba Fátima Nayeli Popoca Patiño y tenía 15 años”.

Miles de historias como estas son contadas y plasmadas en un pañuelo. Fátima no es una más. Fátima es una de las miles de mujeres asesinadas en México, y su historia se relata, con hilo violeta, en los pañuelos bordados por el colectivo “Bordamos feminicidios”.

Desde noviembre de 2011 un grupo de mujeres mexicanas se dedica a, entre otras actividades, bordar un pañuelo cada vez que ocurre un feminicidio. Pero no solo en México, sino que muchas piden hacerlo desde el exterior y cuando les surge la posibilidad de viajar al país, se lo entregan a su fundadora y coordinadora, Minerva Valenzuela.

Esta clase de labor, de memoria y de protesta procura darle vida a las mujeres a las que un hombre decidió quitársela. Que una mujer se comprometa a bordar un pañuelo le da a la fallecida, con solo un pedazo de tela, hilo y aguja, una esperanza de ser recordada, de estar allí físicamente y de que se conozca su historia, su identidad y su femicida.

"Eso que abarca un pañuelo"

Esta iniciativa es encabezada por Minerva Valenzuela, y el colectivo comenzó a bordar pañuelos hace ocho años, aunque la idea surgió mucho antes.

“El colectivo hace lo posible por prestarle a las hermanas que ya no están un poco de esos que les quitaron en un segundo, que es nuestro tiempo, nuestra respiración, memoria y espacio físico. Eso que abarca un pañuelo”. Así lo definió su fundadora en diálogo con El Observador.

Durante el gobierno de Felipe Calderón, presidente de México entre 2006 y 2012, la “guerra del narco” provocó la muerte y la desaparición de miles de personas, lo que incentivó a un grupo de hombres y mujeres a bordar cada una de ellas. Para las muertes eligieron el hilo rojo y para las desapariciones el verde.

Valenzuela se sumó a este movimiento y observó que muchos de esos asesinatos en realidad eran feminicidos, y fue entonces cuando comenzó a bordar solo cuando las víctimas eran mujeres. “No eran lo mismo porque a nosotras nos matan diferente. Además de asesinarnos, a las mujeres nos violan o cercenan los pezones”, explicó.

”Bordamos feminicidios” eligió el color “morado” porque “representa a las mujeres, sobre todo a las feministas”, dijo la fundadora del colectivo.

Para ese entonces, el grupo formado por bordadores de asesinatos, feminicidios y desaparecidos se preparaba para ir a la toma de posesión del próximo presidente de México: Enrique Peña Nieto. Según Valenzuela, para los demás bordadores terminaba “cierto terror”, pero para ellas "empezaba". “Estaba en la presidencia el mayor feminicida”, dijo.

La fundadora del colectivo explicó que, durante el gobierno de Calderón, Peña Nieto fue gobernador del Estado de México y durante su administración los feminicidios aumentaron de “manera exponencial”.

En un comunicado publicado por ONU mujeres en noviembre de 2018 denunciaban que en México nueve mujeres son asesinadas al día. Además, explicaron que "seis de cada 10 mujeres mexicanas han enfrentado un incidente de violencia".

El primer pañuelo

Mariana Lima Buendía fue la protagonista del primer pañuelo y Yuri la encargada de comprometerse a bordar la trágica historia con la que comenzó “Bordamos feminicidios”.

Valenzuela contó a El Observador que a Lima la asesinó su esposo, un policía judicial, en 2010. Sin embargo, el hombre montó una escena e hizo creer que se había suicidado. El homicida bañó a la victima y la acostó. Según la declaración del hombre, encontró a su esposa colgada, la bajó e intentó reanimarla, pero al no tener éxito la puso en la cama. Un día antes Lima lo había denunciado por violencia doméstica.

La madre de la víctima no creyó la versión del hombre, por lo que nunca desistió de averiguar la verdad. "Gracias a las búsqueda de su madre se supo que él la asesinó”, dijo Valenzuela.

La coordinadora recordó que al principio cada mujer bordaba una letra en el pañuelo y se lo iban pasando entre las integrantes del colectivo, pero explicó que “las mujeres bordando feminicidios se involucran de una manera distinta” y no podían bordar una letra sola. “No se hace consciencia del feminicidio por bordar una letra”, agregó.

Ahora cada mujer borda un feminicidio, y si una comienza el bordado no se deja por la mitad ni nadie más lo continua, sino que termina su pañuelo entero.

“Esta es una iniciativa contraria a las representaciones artísticas o plásticas que se suelen hacer, que son grotescas y muestran mujeres llorando o ensangrentadas en el piso”, explicó Valenzuela. “Esto es bello de ver. Son colores, telas que se mueven con el viento. Es una manera de que las que todavía estamos vivas podamos estar cerca, mirarnos a los ojos y ser más fuertes”, agregó.

Pañuelos viajeros

Valenzuela contó que no sabe bien cuantos pañuelos hay bordados, ya que hace más de siete años que se lleva a cabo la práctica, y explicó que muchos “se van de gira y están triunfando como artistas”: los llevan a museos, a talleres, a exposiciones, a filmar documentales y muchas veces los utilizan para hacer tesis.

Muchas mujeres le escriben a la fundadora de la colectividad de distintas localidades de México o de otros países pidiendo para bordar y colaborar con la iniciativa. Explicó que no sabe cuántas mujeres están bordando actualmente, porque muchas no se ponen en contacto con ella, sino que bordan y, cuando ella está de viaje, la ven y se lo dan.

Valenzuela dijo que tiene el privilegio de elegir lo que quiere bordar porque es la que maneja la base de datos. “He bordado unos 7 pañuelos" dijo.

La fundadora explicó que le gusta sentirse conectada con la historia de las mujeres asesinadas que borda. Es por esa razón que elige los casos en donde la víctima es una trabajadora sexual. "Siento que me parezco mucho a ellas y al poder elegirlas siento una hermandad importante", explicó.

Sin embargo, para Valenzuela estar en contacto con los casos de feminicidio y ser la que redacta lo que se borda en cada pañuelo le produce un "gran desgaste emocional". La fundadora "procura" no tener que bordar. "Termina siendo demasiado trabajo", dijo.

Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública de México, en lo que va del año, las víctimas de feminicidio suman un total de 448 mujeres, de enero a junio. Solo el mes pasado 77 mujeres fueron asesinadas, lo que culminó en el mes más violento del primer semestre de 2019.

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