10 de mayo de 2013 16:28 hs

Desde que en el siglo XIX Hegel vaticinara la muerte del arte, esta afirmación se ha ido repitiendo hasta nuestros días. La historia, las ideologías o los “grandes relatos” como el marxismo también se han ganado el certificado de defunción, de acuerdo a varios pensadores.

Todas estas muertes deben entenderse como metáforas que quieren explicar un cambio cultural. Y el chileno Sergio Rojas, filósofo y doctor en literatura, las combina y las hace dialogar desde la filosofía, la estética o la sociología, para pintar un ambicioso y enorme fresco del actual panorama del arte contemporáneo.

Invitado por la Universidad Católica del Uruguay, durante esta semana ha dictado varias conferencias y presentado su último libro, El arte agotado. En el marco del proyecto Continuum, Rojas participará en una mesa redonda hoy a las 19 en el EAC, titulada Cuerpo y representación: reflexionando los límites, junto a Richard Danta y Mónica Herrera.

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¿El arte se está agotando?
Hablar de la crisis del arte parece paradójico, ya que hoy está en todas partes: en la publicidad, en la universidad, y otros lugares. La crisis consiste justamente en esa ubicuidad, donde todas las expectativas de ruptura, de novedad o de originalidad pasan a ser conceptos que parecen estar en crisis. Ahora parece que hay un agotamiento de la obra de arte, que se vuelve algo muy ornamental y esteticista. Por otro lado, es un éxito de mercado. El lugar del arte deja cada vez más de ser el museo para pasar a las bienales de arte o las galerías, muchas de las cuales son espacios comerciales. En este sentido, la figura del curador –que es una especie de mánager–, es mucho más importante para el artista que el del teórico que reflexiona sobre su obra. El agotamiento tiene que ver con la faceta crítica del arte. Por otro lado, el arte que se había venido desarrollando en base a las grandes ideas de la modernidad hoy se encuentra con un mundo que ya no puede comprender.

¿Cuál es el papel del artista entonces?
El arte que se agota tiene que ver con el arte con expectativas críticas. La tarea del artista no es producir un objeto denominado obra de arte como el objeto terminal del proceso. El desafío del artista es desencadenar el punto de partida de un proceso de reflexión y discusión.

El arte contemporáneo se critica, entre otras cosas, por incomprensible. Sin embargo, a usted le parece que ese es precisamente su punto fuerte.
¿En qué medida uno de los rendimientos críticos más poderosos del arte sería ponernos en situación de no entender el mundo? Aquí no entender es enfrentarse a un mundo que desborda mis categorías. Hay obras que no comprendemos del todo, como la de Kafka, pero que modifican nuestra percepción y nos abren hacia la cultura tanto como hacedores o como receptores de arte.

Según dice en su libro, lo incomprensible y lo contemporáneo están relacionados.
Cuando el sujeto comprende “lo contemporáneo” está traduciendo en mayor o menor medida lo que ya sabe. En ese trabajo de comprensión hay algo que no es contemporáneo, que son las propias categorías del sujeto. Como el sujeto es portador de códigos y categorías ya consolidados, sigue percibiendo realidades que tal vez ya no están ahí.
En ese sentido se produce un desfase. Sus condiciones de comprensión lo inhabilitan para comprender el mundo. Para comprender tendría que alterarse él mismo como sujeto, y eso es lo que hace el arte contemporáneo: agrede al sujeto en el sentido de que lo vuelve en contra de los propios códigos de comprensión.

¿Se podría dividir el arte en dos grandes bloques, uno más espectacular y otro más reflexivo?
Duchamp decía que hay demasiado arte destinado a producir secreciones y eyaculaciones, es decir un arte destinado a hacer sentir, a impresionar. Lo que necesitamos es un arte dirigido al cerebro, que haga pensar. El arte destinado a producir sensaciones se da por satisfecho cuando empieza a tocar al individuo, si es que lo toca. En cambio en el otro caso, cuando el arte toca al individuo recién es el punto de partida de lo que va a venir, y lo que va a venir es el comportamiento reflexivo. En Chile han llegado curadores muy importantes que dicen que hay un problema con el arte chileno, que está preso de la academia y que hay que liberarlo de este exceso de discurso. La alternativa que han planteado es sacar el arte de ese lugar que es inaccesible y ponerlo a circular en el mercado. Según mi punto de vista, lo que un curador dice que es una camisa de fuerza teórica, en realidad es una contención frente al mercado.

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