4 de julio de 2014 17:18 hs

Lo clásico y lo moderno; lo meditado y lo espontaneo; lo tranquilo y lo inquieto. La fusión de opuestos opera a la perfección en Chérie, una boutique de zapatos ubicada en Benito Blanco y Gabriel Pereira, en Pocitos. La combinación de diferencias que da un toque especial corresponde a las distintas personalidades de sus creadoras, las hermanas Cecilia (33) e Inés (29) Aguirre.

El negocio nació hace tres años en el apartamento de Cecilia con la visión clara de ofrecer zapatos femeninos, refinados, glamorosos, con alta calidad y exclusivos.
Era un mix que no encontraban en Uruguay.

El concepto se asentó en el mercado y hoy la tienda tiene clientas fieles que van desde adolescentes hasta mujeres maduras.

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Las hermanas Aguirre piensan abrir un nuevo local en Montevideo en cuanto encuentren el sitio indicado y acaban de terminar su modelo de franquicia, con el que planean expandirse hacia el interior y exterior del país.

El comienzo
Cecilia Aguirre estudió Negocios Internacionales, mientras que su hermana cursó Magisterio, pero lo abandonó para profesionalizarse como maquilladora. Mientras Cecilia finalizaba su carrera, Inés le insistía que tenían que hacer algo juntas. No tenía claro qué podía ser, pero sí que tenían que emprender en conjunto.

Al ser maquilladora se vinculó al mundo de la moda y el comentario entre las chicas era que no había calzado lindo, que eran aburridos. Para conseguir zapatos con “onda” había que viajar a Buenos Aires u otras ciudades. A su vez, las marcas locales que tenían esa característica eran tan masivas que se perdía la exclusividad. Fue así que Inés percibió una necesidad.


Su persistencia provocó que Cecilia se subiera al tren. Lo primero que hicieron fue definir la identidad de la marca, elegir un nombre y registrarlo. Al momento de pensar cómo llamarla, su abuela les propuso varias opciones y entre ellas estaba Chérie, que significa ‘querida’ en francés. Les encantó, ya que cuadraba con la visión de marca. Luego fueron a la Dirección Nacional de la Propiedad Intelectual (DNPI) a inscribirla. “Esa fue la primera plata que gastamos, no me olvido más porque dolió”, aseguró a C&N Emprendedores Cecilia.

Después viajaron al exterior a conseguir proveedores, tarea que no fue fácil. Les preguntaban en qué shopping estaban, y cuántos miles de pares iban a comprar. Pero Chérie no tenía ningún espacio y querían adquirir una cantidad baja para probar el negocio. Por fin dieron con un proveedor que hizo una excepción y les aprobó un medio pedido (la mitad del mínimo requerido para encargar) de 200 pares con la condición de que realizaran otro enseguida.

Para llevar adelante su emprendimiento, recurrieron a sus ahorros. “Fue un desembolso que prácticamente era el total de lo que teníamos ahorrado. Nos jugamos todo. No solicitamos financiamiento de ningún tercero”, comentó Cecilia, quien confesó que le rondó en ese momento el miedo al fracaso, pero decidió arriesgarse. Inés, sin embargo, estaba convencida de que iban a tener éxito “Nunca tengo miedo. Yo le decía a Cecilia: ‘De estas tenemos que hacer tantas’. Ella me respondía que no se iban a vender”, contó divertida la hermana menor.

El miedo de Cecilia era que no se vendiera; el de Inés era que se quedaran sin mercadería. Según Cecilia, les sigue pasando hasta el día de hoy: “A veces tuvo razón ella y otras yo. Pero la mayoría de las veces, gracias a Dios, fue ella. Tiene una visión más inconsciente que la mía”.

Mercadería agotada
Comenzaron a comercializar los productos en el apartamento de Cecilia en marzo de 2011. El éxito fue rotundo, ya que en diez días se acabaron todos los pares “vendibles”, que sobrepasaban los 100. Pero cometieron muchos errores por ser novatas. No respetaron el ABC de la curva de talles y les quedaron muchos números pequeños y grandes. Además, se equivocaron en la elección de algunos modelos. A modo de ejemplo, compraron botas de talle 40 con tacos muy altos. Con esta experiencia se percataron de que una persona que calza tanto, es alta y no suele usar un taco tan elevado.

Pero eso no importó porque la fuerte demanda hizo que se agotara el resto enseguida y pudieran reinvertir ese dinero para hacer otro pedido.

Sus primeras clientas fueron familiares y amigos, pero de inmediato comenzaron a visitarlas personas desconocidas que se enteraban por el ‘boca a boca’ o por Facebook. De hecho, la red social bloqueó la cuenta de Chérie a la semana y no pudieron aceptar más solicitudes de amistad por diez días. Esto fue producto de que hicieron 5.000 ‘amigos’ en un día y colapsó la cuenta.

Las hermanas Aguirre se llevaron una grata sorpresa cuando la reconocida empresaria Laetitia d’Arenberg tocó a su puerta en busca de zapatos y se llevó seis pares. Hasta el día de hoy continúa comprando en Chérie tres o cuatro veces por año.

En marzo del 2012, adquirieron un local en Pocitos de 16 metros cuadrados.
En junio les llegó la mercadería para vender y por ende, vino la apertura de la tienda. Luego de diez días se quedaron sin zapatos. “Venían las chicas y se llevaban de a tres pares. La gente se enojaba porque no teníamos mercadería. Fue una vergüenza. Hasta pensamos cerrar por una semana”, recordó Inés.

Clásicos pero con glamour
Chérie es una zapatería clásica, pero con un toque más glamoroso, “con onda”. Se priorizan materiales nobles como el cuero pero con colores fuertes, y diseños originales. Los zapatos rondan los $ 2.000 y las botas $ 3.000.

Al ser una boutique tiene pocos pares por modelo, para mantener la exclusividad, característica de la marca. El trato con el cliente es muy personalizado, tanto que saben cuánto calzan sus habituales consumidoras y los modelos que les podrían gustar a cada una.

El calzado se fabrica con dos sistemas diferentes. Hay zapatos que se mandan a hacer al exterior desde cero, en los que las Aguirre eligen cada pieza: el diseño, forma, tela, qué cuero quieren y suela. Y la otra es en base a un diseño preestablecido que ya existe a nivel mundial. En ese caso, igual se definen los materiales a utilizar.

Para el corto y mediano plazo, las Aguirre tienen expectativas de seguir creciendo, porque visualizan mucho potencial. “Es un negocio muy replicable y rentable. Estamos confiadas de que así como en diez días después de la apertura de la tienda se acabaron los zapatos, en cada franquicia que hagamos en diez días también se van a agotar”, deseó Cecilia.

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