Aunque la amenaza de la pandemia covid- 19 sigue ahí, acechando, los focos de atención empiezan a desplazarse hacia el último eslabón del ciclo electoral que comenzó hace un año, con las primarias. Esto es especialmente visible en la capital del país. Las y los candidatos empiezan a recorrer los medios de comunicación y los rincones de la ciudad, escuchando reclamos y presentando propuestas. Las empresas especializadas en opinión pública vuelven a presentar el resultado de sus sondeos. Finalmente, cuando faltan apenas dos meses (9 semanas) para la elección, la campaña por el cargo de Intendente de Montevideo (uno de las posiciones de más influencia de la política nacional) se instala en el primer plano de la atención.
Los politólogos hemos demostrado que podemos acertar en nuestros pronósticos. También hemos dejado perfectamente en evidencia que nos podemos equivocar, y mucho. Confieso que la discusión sobre escenarios posibles me resulta cada vez menos atractiva. Pero no puedo dejar de escribir respecto a cómo estoy leyendo el escenario electoral y sus perspectivas. Adelanto mi conclusión: pienso que hay que esperar una elección competitiva, tanto dentro del Frente Amplio como entre el Frente Amplio y la Coalición Multicolor. Desde mi punto de vista, el triunfo del FA no es seguro.
Las encuestas recientes muestran que el favoritismo de Daniel Martínez se viene atenuando. También sugieren que Carolina Cosse no es su principal amenaza. El único que parece mostrar una tendencia ascendente es Álvaro Villar, el recién llegado. Asumiendo que la información es correcta, la interpretación es simple: ni Daniel Martínez ni Carolina Cosse han terminado de convencer a los electores frenteamplistas. Cosse, a pesar de su sólida formación y de su trayectoria en la gestión, no logró despegar como candidata a la presidencia. Creo que, si la campaña por las primarias duraba un mes más, Óscar Andrade podría haberla desplazado del segundo lugar. Martínez, por su lado, pese al enorme esfuerzo que realizó durante todo el 2019, tampoco dejó el mejor recuerdo. No soy de los que piensan que es el responsable de la derrota del Frente Amplio. Pero sospecho que así lo ven muchos frenteamplistas.
Mientras tanto, se ha venido consolidando la candidatura de Villar. Nadie debería asombrarse demasiado dados los méritos que ha acumulado en su profesión y en la gestión pública. Pero hay un factor contextual mucho más importante que podría contribuir a explicar esta tendencia: este ciclo electoral pasará a la historia como un punto de inflexión en el proceso de renovación del liderazgo político uruguayo. 2019 fue el año de la irrupción, por ejemplo, de Ernesto Talvi, Juan Sartori, Mario Bergara, Yamandú Orsi y Guido Manini Ríos. La ciudadanía no ocultó su demanda de novedad. Impulsó la carrera de nuevos dirigentes. Entre octubre y noviembre, ordenó que el Frente Amplio, luego de quince años de predominio, volviera a la oposición. En otros términos: las elecciones de 2019 dejaron en evidencia una fuerte demanda de renovación.
Diego Battiste
La evaluación del desempeño del gobierno nacional durante los primeros meses de su mandato es otro dato contextual de la mayor importancia, que tampoco hay que soslayar a la hora de razonar sobre las perspectivas de la elección en el departamento de Montevideo. La mayoría de la ciudadanía (6 de cada 10) aprueba la gestión del nuevo gobierno.
Esto incluye a una parte nada desdeñable de los electores frenteamplistas (2 de cada 10, aproximadamente). Como es sabido, una parte significativa del crédito político acumulado por el gobierno nacional deriva de los excelentes resultados obtenidos hasta ahora en el combate a la pandemia.
Si el razonamiento anterior es correcto, la demanda de renovación verificada durante 2019 podría reforzarse en 2020, en el contexto del tsunami provocado por el desafío sanitario. Por tanto, la elección en Montevideo debería ser más competitiva de lo que sugieren hasta el momento las encuestas, de cuyo profesionalismo no dudo.
Diego Battiste
La candidatura de Laura Raffo, que encarna (como Villar) la renovación, podría recibir durante los próximos dos meses el impulso suplementario de la buena imagen del gobierno que encabeza Lacalle Pou. La campaña electoral será clave. El desempeño de los candidatos será decisivo. Y aquí también Raffo, dada su formación como economista y su amplia experiencia en el mundo de la comunicación, tiene con qué dar batalla.
Por cierto, la elección de noviembre mostró hasta qué punto puede influir la pasión y el compromiso de la militancia de base. Será, también este sentido, una pulseada interesante entre militantes frenteamplistas y “multicolores”. Dejo para el final uno de mis reclamos más persistentes. Uruguay, la mejor democracia del continente, tiene un diseño institucional defectuoso de su segundo nivel de gobierno. La asimetría de poder entre los intendentes y las ediles es escandalosa. A esta patología estructural, en Montevideo se suma un problema adicional derivado de ser la capital del país y la sede del gobierno nacional. La política nacional acapara casi siempre el primer plano. Errores y promesas incumplidas del gobierno departamental no ocupan el espacio que deberían. Sin el soplo vivificante de una competencia política enérgica los resultados están a la vista: la ciudad progresa mucho más lentamente que el país.
Adolfo Garcé es doctor en Ciencia Política, docente e investigador en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República
[email protected]