El género cinematográfico de horror es uno de los más rentables, solo superado en cantidad y recaudación por el de la comedia romántica. Es el mejor ejemplo en materia de rentabilidad, ya que es necesaria la gran mayoría de las veces una inversión pequeña para conseguir una alta ganancia.
El mayor y mejor ejemplo reciente de esto es ese subgénero incluido de manera relativamente reciente, el “found footage”, que esencialmente reduce la inversión a una cámara en mano y la habilidad de quien filma.
Si bien Proyecto Blairwitch no fue la primera, sí fue el éxito sin precedentes que volcó de manera evidente al género –y a la industria detrás del género– hacia el registro de falso documental encontrado.
La historia de aquellos tres jóvenes que desaparecían en un bosque de Nueva Inglaterra mientras trataban de rodar un documental sobre una bruja local –y que se apoyó en una cuidadosa campaña publicitaria, donde durante mucho tiempo se especuló con que la desaparición era real– cumplió ya más de 13 años. Filmada con unos US$ 60 mil ha recaudado a nivel mundial hasta el momento más de 248 millones (contando lanzamientos en DVD, TV Cable y TV abierta) siendo uno de los mayores éxitos de la historia del cine.
Un caso similar y que cimentó si hacía falta el falso documental como subgénero rentable –si eso hacía falta– fue el de Actividad paranormal. Estrenada en 2007, contaba la simple historia de una pareja que ante sucesos curiosos en su hogar –ruidos nocturnos, cosas que se movían de lugar– instalaba una cámara de visión nocturna durante la noche para ver qué pasaba. Así de sencillo: una cámara fija y a otra cosa.
Nivel de inversión: US$ 15 mil –la cuarta parte de Proyecto Blairwitch–que lleva hasta el momento recaudados poco más de US$ 193 millones y ha alcanzado incluso una cuarta entrega o secuela (siendo exactamente cada vez la misma película) todas ellas con un claro éxito en taquilla y mercado doméstico.
Alternativas del nuevo siglo
Sin poner en duda su efectividad económica e incluso en ocasiones su calidad artística, –The Blair Witch Proyect original es una de las películas más escalofriantes de todos los tiempos– hay que decir que a las claras el formato documental encontrado ha agotado sus capacidades creativas.
No ha dejado de ser la gallina de los huevos de oro, como muestra, valen dos botones: dos de los recientes estrenos cinematográficos del género en nuestro país utilizan en gran medida (no al 100%) el formato, Terror en Chernóbil y REC 3 Génesis.
La primera de ellas ya lleva más de US$ 18 millones sobre una inversión de menos de US$ 1 millón y la segunda poco más de US$ 10 millones sobre la misma inversión, ambas con apenas un par de meses en el mercado global. Pero ya no es ese formato arriesgado y original con el que un creador con muchas ideas y poco dinero podía patear el tablero.
En cambio, esa alternativa parece venir en este siglo 21 de la mano de experientes profesionales, quienes miran el género con cariño y hasta una concepción metacinematográfica.
The Cabin in the Woods es una película de Drew Goddard, guionista de Cloverfield (otro exitoso ejemplo de documental encontrado) y Josh Whedon (el actual dios Midas de Hollywood, luego de su increíble The Avengers, pero un clásico participante del género horror) que nos cuenta la historia ya recontramanida del grupo de jóvenes que viaja a una cabaña alejada donde todos cometen las clásicas torpezas y terminan siendo atacados por un mal. Pero bajo esta apariencia de cliché hay mucho, mucho más. La película es una ejercicio cinematográfico acerca del género terror, al que mira con humor pero no parodia, al que referencia en muchísimos niveles (prácticamente no hay subgénero de horror que no se mencione, desde el slasher hasta el lovecraftiano), pero que al mismo tiempo genuinamente asusta.
Es probablemente el filme de terror más inteligente de los últimos 10 años, pero además, el que propone una mirada al respecto del género verdaderamente original.
Y no ha resultado un mal negocio tampoco: con apenas unos cinco meses en el mercado global ha recaudado US$ 65 millones sobre su inversión de US$ 30 millones.
El segundo ejemplo que comparte con The Cabin in the Woods la mirada metacinematográfica pero no de una forma tan evidente, es la británica Attack the Block.
Una clásica historia de invasión alienígena pero con la variación de que en vez de caer en el típico pueblito estadounidense, acontece en una barriada complicada londinense y son un grupo de adolescentes marginales –y criminales– los encargados de enfrentarla.
Dirigida por Joe Cornish (guionista de Las aventuras de Tintín) y escrita por el mismo, Attack the Block propone un homenaje a las cintas de horror de los años 50 pero desde una tónica moderna y original. Un estupendo elenco joven la respalda y no le falta el clásico humor británico. Y mira tú por dónde, no ha sido mal negocio tampoco: ya ha recuperado su inversión y aún no ha sido estrenada internacionalmente.
Como lo fue a fines de los años de 1990, el documental encontrado, la metareferencia y el homenaje al mismo género es hoy día la puerta de las creaciones más originales del terror, una puerta donde se evita el “más de los mismo” y se consigue lo que genuinamente el género siempre busca: asustar.