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26 de junio 2018 - 5:00hs

El tiempo pasa. Los jugadores cambian. Pero Uruguay siempre tendrá un Pacman en la mitad de la cancha. Lucas Torreira se presentó al mundo como el nuevo Egidio pero en versión renovada.

Para aquellos que no lo conocían, como el argentino Mariano Closs que después del partido con Arabia dijo en tono irónico: ""Y los cambios después son... bueno, no conozco al chiquitito que entró otra vez y juega de 5 (Torreira, le informan sus compañeros). ¿Dónde juega Torreira?", el volante uruguayo tuvo una buena carta de presentación.

Justo los argentinos que tienen un barullo enorme en un mediocampo que no da pie en bola y que se debate entre poner a Mascherano o mandarlo a la zaga.

La realidad del partido mostró a un Torreira parado delante de la línea defensiva, liberando a los volantes que tenía por delante. El jugador de la Sampdoria lució en la medida de lo esperado por su generosidad para marcar y ser rueda de auxilio permanente cuando el equipo perdió el balón.

Desde el lado defensivo estuvo siempre bien parado. Jamás lo sorprendieron. Fue sumamente ordenado desde el punto de vista táctico. Tiene un gran sentido táctico para ocupar los lugares de sus compañeros que se descolgaron.

Estuvo atento siempre a la segunda pelota, cerca de Godín, cuando el defensa fue a pelear la pelota con el gigante Dzyuba.

Su entrega física fue impresionante. Fue de los jugadores celestes que corrió más en el campo de juego junto con Matías Vecino.

A la hora de pasar la pelota no se equivoca. Juega corto y seguro, sin mucho trauma. Un detalle es que cada vez que tomó contacto con al balón amplió al ancho de cancha largando a los laterales o los volantes que fueron por afuera.

Su generosidad permitió que se destacaran Rodrigo Bentancur y Diego Laxalt.

El jugador de la Juventus jugó un muy buen primer tiempo conectándose con Cavani y Suárez.

Bentancur generó la primera acción que terminó en el gol de apertura. Aprovechando el callejón central que le dejaron los delanteros se filtró para sacar una falta que terminó en el gol de Suárez.

Sobre la media hora encontró una acción similar pero el golero le ganó en el mano a mano que pudo significar el tercera tanto de la celeste.

Tabárez dormía tranquilo con la defensa. Tenía la plena convicción de que en ofensiva el gol llegaría en cualquier momento. Pero le perturbaba el mediocampo. Era el sector del campo que no había logrado estar a tono.

Después de tanto buscar, de probar con distintas fórmulas, el cuerpo técnico parece haber encontrado los hombres adecuados para lo que pretenden.

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