13 de septiembre de 2012 18:49 hs

Seleccionado entre los diez mejores compositores de la Berklee College of Music (1966-1996) –una de las escuelas de jazz más prestigiosas del mundo-, Casenave ha tocado en el Carnegie Hall, Blue Note, Walt Disney Concert Hall, y en esta oportunidad regresa a Montevideo para actuar como solista en el teatro Solís, en el ciclo Los grandes músicos uruguayos. Desde un mono ambiente en la Ciudad Vieja, con un piano que vigila de reojo la peatonal Bacacay, Casenave compone, arregla, y da clases. Un pie en Montevideo y otro en Nueva York. Aún no sabe hasta cuándo estará en Uruguay. Lo que sí sabe es que su identidad musical se construyó en estas latitudes para luego convertirse en música del mundo. “Pinta tu aldea y pintarás el mundo”. Casenave es uno de los músicos más destacados que ha dado este país, y el desafío será que su arte encuentre un espacio en la escena local. Conversó con El observador acerca de su carrera, los proyectos actuales, y hacia dónde va con su música.

¿Cómo fueron sus inicios en Uruguay?
Desde los 13 años estoy laburando con la música. Compuse para obras de teatro en Uruguay, y no podía firmar porque era menor. Mientras iba al liceo, fui tres años como oyente al conservatorio de música. Como era menor no podía anotarme. Mi profesor era Héctor Tosar, uno de los músicos uruguayos más reconocidos internacionalmente junto con Eduardo Fabini. Era increíble: en las clases de Tosar no había gente, yo era el único alumno, y era oyente. Entonces eran clases privadas, donde analizábamos mi música.

¿Cómo fue su experiencia en Berklee?
En Berklee yo era un bicho raro. El Jazz en teoría es libertad, pero por la forma de enseñar en USA a veces terminás tocando imitaciones. Es importante estudiar el trabajo de otros pero nunca ahogar la libertad necesaria para encontrar la voz propia. Eso lo agarré en Uruguay. Yo me fui con una identidad clara. En USA adquirí más herramientas para desarrollar mi identidad. En mis conciertos trato de ser fiel a eso, a lo que yo llamo “mis bichos”.

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¿De dónde viene su relación con el tango?
En Berklee me di cuenta de que cada uno llega con su propia identidad: los cubanos con los montunos y los brasileros con las bossas. Pero a mí me pasó algo raro: yo soy uruguayo, ¿y qué toco? No tenía un nacionalismo marcado, tocaba cosas de todo el mundo. Y el tango siempre estuvo ahí, especialmente su capacidad para expresar dramatismo que pocas músicas logran.

¿Qué le llama la atención de la escena montevideana?
Me interesó mucho lo que escuché de Popo Romano. Todavía no pude salir a escuchar mucho, pero estoy ansioso por actualizarme sobre lo que sucede aquí.

Ha grabado más de 15 discos, ¿cómo hace para componer a ese ritmo, ser padre y esposo al mismo tiempo?
Generalmente escribo cuando se duermen mis hijas. Cuando voy al baño, en el ómnibus, en el subte. Aprovecho cada minuto. Por defecto, todos somos vagos. Yo intento vencer eso cada día. Al día le agregaría catorce horas.

¿Cómo define el “talento”?
En Harlem le daba clases a un niño de doce años. Ese niño es, probablemente, de las personas que tienen mejor oído en este planeta. Era capaz de reconocer notas, intervalos y sonidos con una complejidad única. Escuchaba más que nadie. Si ese niño logra combinar su capacidad innata con trabajo y sacrificio, va a ser un genio. Pero es clave unir ambos.

En su música, ¿cómo balancea cabeza y corazón?
En mis conciertos me gusta dejar todo. Meter cabeza, estudio, pero al final de todo meter mucho corazón. En la parte de cabeza siempre nos quedamos cortos: porque como te mencionaba, por definición, somos vagos. Todos. La cabeza siempre se descuida.

¿Qué se viene a nivel profesional?
Casenave Tango salió en mayo en Estados Unidos. Ahí invité, entre otros, a Eddie Gómez, bajista de Miles Davies, Chick Corea, considerado una leyenda viviente. En total edité quince discos. A Uruguay llegó muy poco. Ahora que estoy acá, me puse a averiguar cómo hacer para traerlos. Las trabas y burocracias son desesperantes. Por otro lado, mi esposa es pintora, y en 2013 pensamos hacer en Montevideo un espectáculo que se llama “Painting Tango”.

¿Hay espacio para su música en Uruguay?
Le estoy dando una chance a Uruguay. Me interesa darme la oportunidad de hacer cosas acá. Pero no quiero enfrascarme sólo en Uruguay, quiero seguir trabajando afuera. A su vez, me interesa hacer espectáculos bien presentados. Eso implica tocar menos. Durante muchos años toqué en boliches donde la gente va a comer y la música está de fondo. Hoy ya pagué ese derecho de piso, y me preocupo de tocar en lugares donde la gente realmente va a escuchar.

¿Cuáles son sus desafíos?
Vivir 100% de la música. Es un desafío mantener una familia y vivir de la música. Y hacerlo con dignidad musical, haciendo la música que me interesa y siento. Sin caer al bajo precio de la necesidad. Mantener mi identidad. Y encontrar el tiempo para seguir componiendo. Por otro lado, quiero terminar mis obras sinfónicas y tocarlas. Eso es algo que tengo pendiente.


Casenave en concierto
Se presenta el viernes 14 de setiembre a las 20:00hrs en el ciclo “Los grandes músicos uruguayos” del Teatro Solís. Entradas $300, descuento para estudiantes de música (presentando constancia) $30.
Pie de foto: Casenave grabando tango junto a Eddie Gómez, bajista de Chick Corea y Miles Davis entre otros. Foto: Eduardo Milieris.

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