Milongas y Obsesiones > MILONGAS Y OBSESIONES/ MIGUEL ARREGUI

"La crisis que se está incubando"

Una historia del dinero en Uruguay (XXV)

Tiempo de lectura: -'

28 de marzo de 2018 a las 05:00

La moneda es una mercancía como cualquier otra, cuyo precio sube y baja según su cantidad. La autoridad monetaria de un país emite la cantidad de papel moneda que juzgue conveniente y el mercado dice cuánto vale, tanto ante otras monedas como ante cualquier bien.

La inflación es un fenómeno monetario. Si bien en el corto plazo los precios pueden no seguir disciplinadamente a un aumento de la cantidad de dinero, sí convergen siempre en el mediano plazo. La historia uruguaya está plagada de ejemplos: la curva de los precios va disciplinadamente detrás de la oferta monetaria.

"Existe un hecho indiscutible: no hay inflación sin dinero, por lo que la inflación es esencialmente un fenómeno monetario", resumieron tres economistas —Conrado Brum, Carolina Román y Henry Willebald— que examinaron la inflación uruguaya entre 1870 y 2010. En una publicación del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República, los autores señalaron que la estricta relación entre la cantidad de dinero y la inflación "es aún más evidente en períodos prolongados, como el que se considera en este trabajo", que refiere a una etapa de 140 años.

Claro que hay factores internacionales, legales, políticos y hasta sicológicos —como las expectativas, el temor o los hábitos— que pueden incidir grandemente en el corto plazo; pero tarde o temprano la variación de los precios se acompasará perfectamente con la emisión monetaria.

En toda la década de 1950 la emisión de dinero en Uruguay aumentó 240% y los precios crecieron 228%

Fenómenos como un shock de demanda agregada, o un shock de oferta, no originados en un aumento de la cantidad de dinero, pueden incidir sobre los precios en el corto plazo. Pero "si la respuesta de política monetaria es firme y comprometida con el control de la inflación, las presiones al alza de los precios se terminan diluyendo", concluyeron Conrado Brum, Carolina Román y Henry Willebald; pues "la inflación es, en primera o en última instancia, un fenómeno monetario y no puede atribuirse nunca exclusivamente a factores de otro tipo".

Una prueba de ello es que en toda la década de 1950 la emisión de dinero en Uruguay aumentó 240% y los precios crecieron 228%, sin importar todos los experimentos de control. La relación fue estrecha, y continuó siéndolo en las décadas siguientes. Ya se había formalizado la carrera estéril entre la cantidad de dinero y el aumento de los precios.

Tiempo de voluntarismo

El control de cambios implantado en 1931, los pases mágicos como los "revalúos" de Gabriel Terra y su ministro César Charlone en 1935 y 1938, o el creciente andamiaje burocrático contribuyeron a dar a los dirigentes uruguayos una creciente confianza en sus fuerzas y sabiduría. Contra toda experiencia histórica, muchos de ellos parecían entender en que era posible la creación de riqueza mediante medidas administrativas, emisión de papel y controles cada vez más extensos.

Incluso la Constitución de 1934, impulsada por el terrismo y sus aliados herreristas, formalizó conceptos corporativos tomados de las nuevas legislaciones de Italia, Alemania y Francia.

Un sistema de economía abierta y competitiva genera oportunidades y redistribuye a medida que crece. En una economía cerrada y estancada, de baja productividad y eficiencia, la redistribución se realiza siempre a costa de otro. El Estado tiende a responder a corporaciones, y los conflictos se multiplican.

La economía de mercado, que había hecho prosperar al país desde sus frágiles inicios, fue sustituida en parte por comisiones y burócratas. La oferta y la demanda —las decisiones de centenares de miles de individuos— serían suplantadas por oficinistas y planificadores, con su habitual acompañamiento de trámites, listas de espera y filas.

Una de los críticos más lúcidos y drásticos del sistema de Contralor de Exportaciones e Importaciones (CEI) fue Carlos Quijano, el antiguo diputado blanco que había contribuido a instaurar el control de cambios en 1931.

Quijano, quien se convertiría en leyenda a través de su semanario Marcha, y que se inclinó gradualmente hacia un socialismo nacionalista, sin embargo utilizó argumentos de la más rancia prosapia liberal para cuestionar el andamiaje burocrático del "neobatllismo". El 28 de enero de 1949 escribió en Marcha: "El dirigismo de estos años que van de los 30 a los 50, terminará como todos los dirigismos de que la historia guarda recuerdo. Envuelto en la vorágine de la crisis que se está incubando".

"El dirigismo de estos años que van de los 30 a los 50, terminará como todos los dirigismos de que la historia guarda recuerdo. Envuelto en la vorágine de la crisis que se está incubando"

Y en febrero remachó el clavo: "¿Cómo puede un hombre o una comisión por numerosa que sea, tener cabal noción de lo que el país necesita, al mismo tiempo, en cosechadoras y en aceites, en botones y en agujas, en sombreros y en lapiceras, en los miles y miles de artículos que constituyen nuestra importación? [...]. Y después, están los importadores. ¿Cómo darle a cada uno, la cuota suficiente y justa de lo que debe importar?". (La cita está incluida en un trabajo de Ulises García Repetto, Instituto de Economía, noviembre de 2017).

Los controles sobre el comercio exterior, entre ellos el "permiso previo" para importar, habían sido inaugurados en la era de Gabriel Terra. El "permiso previo" se exigió entre diciembre de 1937 y enero de 1939. Se aplicó otra vez entre 1947 y 1950, y de nuevo desde principios de 1952 debido a los crecientes déficits comerciales. Regiría hasta la "reforma" de Juan Eduardo Azzini en 1959-1960, durante el primer gobierno del Partido Nacional en el siglo XX.

La influencia de la Cepal

En el plano ideológico era muy influyente entonces el pensamiento surgido de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), un organismo de Naciones Unidos creado en 1948. Bajo el liderazgo del argentino Raúl Prebisch, propuso a las naciones del área la "industrialización por sustitución de importaciones" como forma de equilibrar el comercio y reducir "la dependencia".

Se partía del supuesto de que los "términos de intercambio" serían cada vez más desfavorables a los productores de bienes primarios: que los bienes industriales se encarecerían gradualmente en términos de materias primas, con el empobrecimiento consecuente. Ahora, con el diario del lunes sobre la mesa, se sabe que, salvo períodos puntuales, ocurrió exactamente lo contrario: los bienes industriales, en particular los de consumo: televisores, automóviles, refrigeradores, teléfonos, computadoras o lavarropas, se hicieron cada vez más baratos en relación a ciertos commodities básicos como el petróleo, los alimentos o los minerales. El capitalismo requiere que todos, o la gran mayoría, sean consumidores, no estériles masas miserables, como en la Edad Media. Pero por entonces la Cepal marcó el ritmo ideológico, como difundió un manejo monetario "neo-keynesiano", que, directa o indirectamente, contribuyó a sumir a América Latina en el experimentalismo y el marasmo de la inflación perpetua.

En realidad, una de las pocas ventajas del estatismo sobre el liberalismo es que permite a políticos y burócratas hacer cosas que el mercado jamás les permitiría, y por consiguiente significa un enorme aumento de su poder. Esos gobernantes también gestan una clase empresarial adepta y cotizante, que sobrevive gracias a prebendas.

Próxima nota: El naufragio del neobatllismo y el triunfo del Partido Nacional en las elecciones de 1958

REPORTAR ERROR

Comentarios

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Cargando...