"Para ser artista no basta con hacerse un poco el loco"
El creador uruguayo de 22 años Joaquín Lalanne, que vive y trabaja en Cadaqués cruzando pop art y surrealismo, cuenta a El Observador cómo vive y se inspira en el pueblo en el que vivieron Duchamp y Dalí
No hay que ser un experto para identificar las referencias al surrealismo y al pop art presentes en las obras de Joaquín Lalanne. Este joven uruguayo nació en 1989 se formó en los talleres de los pintores Miguel Herrera, Álvaro Amengual, Clever Lara, Óscar Larroca y en el de, nada menos que, Ignacio Iturria, en Cadaqués, Cataluña, a donde viajó por un mes en 2008. Un año más tarde fue becado por la Fundación Antonio Gala para estar nueve meses en una residencia de artistas en Córdoba (España). Pero la experiencia de este pintor en el exterior no terminó allí. Al culminar la beca, Iturria y Herrera lo impulsaron a mudarse a Cadaqués, en plena punta de la costa brava catalana. Hoy vive y trabaja en este pueblo. Y desde el 5 de mayo y hasta el 25 de junio, presenta sus creaciones en la sala El Camarote, de Ciudad Real.
En entrevista con El Observador, este creador de apenas 22 años cuenta cómo se acercó al arte, describe su obra, su vida en Cadaqués, sus proyectos y aspiraciones.
¿Cómo se acercó al arte? En realidad, antes que a pintar empecé a hacer unas cosas en plata, como artesanía con un orfebre que se llama Fransisco Solari. Iba a su taller y nos pasábamos horas trabajando. Ahí hice anillos, colgantes y demás: todo mirando los diseños africanos e indígenas. Entre esos libros de arte primitivo, apareció uno de Gauguin y me enloqueció. De ahí en adelante me empecé a interesar cada vez más por la pintura que por cualquier otra cosa.
¿Se siente diferente de la gente de su edad por dedicarse al arte? La verdad que no. Lo que sí veo es que estoy en un viaje muy personal y eso me quita mucha energía, pero supongo que a alguien que estudie seriamente Arquitectura le pasará lo mismo. Después hay otra cosa que va con la personalidad: a mí no me gusta mucho salir, ni las reuniones ni las fiestas. Si me ponés en un lugar donde haya más de 5 personas que no conozco salgo rajando.
¿Cómo es un día de su vida? Mi vida es muy tranquila: vivo en Cadaqués con mi novia Verónica en un piso muy lindo con vista al mar y la montaña. Me levanto todos los días a las 8 o un poco antes, me armo el mate y me pongo a pintar. Paro para comer y después sigo pintando de tarde hasta la noche.
¿Cómo llegó a Cadaqués? Yo había venido en el año 2008 a pintar un mes con Ignacio. Esa fue la primera vez, y después de la beca en la fundación, él llamó a casa para decir que me invitaban a venir. Entonces hablé con Miguel que andaba por acá y le comenté. Él me dijo: “Venite botija que esto esta buenazo”. Hice el bolso y arranqué para acá.
¿Quiénes son sus referentes? A lo largo de los años he ido mirando a muchos pintores distintos, pero ahora me doy cuenta de que mi referente más fuerte es Ignacio, capaz porque es uruguayo como yo, y eso hace que la visión de las cosas no sea muy distante. Además de ser un pintor excelente, él siempre habló de cierta fragilidad en sus construcciones, y yo en mis cuadros reflejo una existencia precaria, personajes que habitan un mundo que no les pertenece y que no fue construido para ellos, aunque parezca que sí.
¿En qué se inspira? No me inspiro en nada en concreto, los cuadros son fruto de procesos evolutivos dentro de uno. No es que un día se te ocurre algo: las ideas se van construyendo.
¿Qué le dejó la experiencia de vivir en una residencia de artistas en Córdoba? Mucho, pero creo que lo más importante fue que me ayudó a madurar y a darme cuenta de que el camino del arte es muy sacrificado, que requiere mucha dedicación, que no basta con hacerse un poco el loco, que hay que estudiar y trabajar mucho. La convivencia con otros artistas te aporta algo increíble: unos te enseñan de cine, otros te hablan de literatura y todo eso te va despertando el interés por nuevos temas o por cosas que antes no conocías.
¿De qué se trata su exposición actual? La muestra de Ciudad Real es la finalización del proyecto que empecé en la Fundación Gala: se llama Escenarios y básicamente son pequeñas escenografías que me armo con maderas, fotos, juguetes y demás, en las que después introduzco personajes de mi entorno, de cómics o del cine, que aparentemente interactúan con los objetos del cuadro. No me gusta mucho explicar lo que hago, pero va por ahí.
¿Cuáles son sus próximos proyectos? ¿Piensa volver a Uruguay? Tengo una exposición individual en Cadaqués para el primero de agosto, en la galería Espai d’Art de Juan Risso, y también estoy concretando ya una muestra individual en Boloña para principios de 2012. Por ahora no creo que vuelva a Uruguay; acá van surgiendo cosas y la verdad estoy muy bien.
¿Cuál es su máxima aspiración a nivel artístico? Poder pintar todos los días, lo demás viene solo.