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¿Por qué Alan García eligió a Uruguay para solicitar el asilo?

El país tiene varios antecedentes en la concesión de esta protección internacional 

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19 de noviembre de 2018 a las 13:16

El expresidente de Perú Alan García, investigado en su país por corrupción y lavado de activos en la causa de la constructora Odebrecht, solicitó el asilo político a Uruguay debido a la "vocación democrática del gobierno y de todo el país en general", dijo su abogado Erasmo Reyna este lunes.

Según contó Reyna en entrevista con el programa radial Así nos va, García tomó la decisión de ingresar a la residencia del embajador uruguayo Carlos Barros en Lima el sábado a la noche para solicitar luego el asilo, luego de escuchar la recomendación de APRA, su partido. Allí se evaluó lo que el ministro de Relaciones Exteriores, Nin Novoa, dijo este domingo a El Comercio: que Uruguay tiene "una larga tradición de asilo", un instituto que fue ratificado en la Convención de Caracas de 1954, que también fue firmada por Perú. 

Y la tradición, consignaron algunos académicos, se compone de varios antecedentes. El embajador retirado y catedrático de Política Exterior Juan José Arteaga recordó que el último asilo que concedió Uruguay ocurrió en 2005, cuando un teniente del régimen venezolano de Hugo Chávez –cuyo nombre no fue público– solicitó la protección de ese instituto porque alegaba que era perseguido por el gobierno. Uruguay lo acogió a comienzos de ese año, cuando asumió el gobierno el Frente Amplio por primera vez. 

Dos años antes, meses después del fallido golpe de Estado contra Chávez, Uruguay también concedió el asilo a dos capitanes venezolanos que temían por su vida. "Estuvieron 31 días viviendo en la residencia diplomática hasta que se les concedió el salvoconducto y vinieron a Uruguay", contó Arteaga en diálogo con El Observador.

Años atrás, rememoró el excanciller Didier Opertti, el gobierno colorado de Julio María Sanguinetti también tuvo oportunidad de asilar a otro militar, pero esta vez se trató de José Segovia, un exministro de Defensa paraguayo. En 1999, Paraguay atravesaba tiempos de polarización política luego de que fuera asesinado el entonces vicepresidente de ese país, Luis María Argaña. "Segovia manifestó que temía por su vida e integridad: la noche del 22 de abril de ese año su casa había sido incendiada", dijo Opertti. "Entonces hicimos una evaluación y le otorgamos el asilo; después compareció en mayo ante la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Representantes", recordó el excanciller.

En su consideración, la actitud actual de la Cancillería ante la situación actual –de dar trámite a la solicitud de García, pero aguardar la información sobre su situación jurídica que enviará el gobierno peruano en las próximas horas para tomar la decisión final– responde a una política de Estado. "Veo que hay una continuidad, porque en esto no se puede andar cambiando de posiciones", aseguró.

Lo mismo entiende el embajador retirado Agustín Espinosa. El también catedrático en Relaciones Internacionales citó el asilo que dio Uruguay en 1959 a "un centenar" de políticos cubanos del gobierno de Fulgencio Batista, luego que triunfara la revolución de Fidel Castro. "Fue de los más importantes por la cantidad de pedidos y el esfuerzo que significó para nuestra embajada, que era muy pequeña y no estaba preparada: hubo que solicitar asesoramiento de expertos", recordó Espinosa. No obstante, los isleños no vinieron a Uruguay cuando obtuvieron el salvoconducto para salir de su país.

Los tres académicos coinciden en que la costumbre uruguaya de asilar no es exclusiva: se enmarca en una tradición general de América Latina. En Europa, por ejemplo, no es un instituto extendido.

Por eso es que Alan García había solicitado la protección internacional de Colombia en 1992, cuando era requerido por el entonces gobierno peruano de Alberto Fujimori. De todos modos, según Espinosa, en la decisión de García de esta oportunidad pudo haber pesado también los pocos meses que lleva como presidente de Colombia Iván Duque Márquez, cuya respuesta podría despertar mayor incertidumbre que la de Uruguay, en donde Tabaré Vázquez gobierna desde hace tres años. "De pronto no conocía la posición del gobierno de Colombia respecto a estos temas y sabía que Uruguay respeta mucho el asilo", opinó.

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