28 de octubre de 2020 5:03 hs

El Banco Central (BCU) planea promover e impulsar junto con los agentes de mercado el marco normativo adecuado para el funcionamiento de  un sistema de banca abierta u open banking. Esto permite a consumidores y empresas compartir su información bancaria de forma digital con terceros.

Por ejemplo, bancos e instituciones financieras pueden intercambiar datos para uso de proveedores de servicios de pagos, proveedores técnicos y desarrolladores de software, entre otros. Siempre con la autorización de cada cliente, y cumpliendo con  estándares de seguridad de los datos y protección de la información.

El presidente del BCU Diego Labat ha denunciado en más de una oportunidad el rezago que tiene el sistema de pagos uruguayo ya no solo frente a las economías desarrollas sino también frente a varios países de la región. 

¿En qué beneficia a los consumidores? Este sistema de colaboración en línea busca contribuir a la creación de nuevas soluciones. Con los datos entregados distintos proveedores podrían ofrecer servicios más personalizados y acordes a los comportamientos de los consumidores que mejoren la experiencia de estos, a la vez de desarrollar nuevos negocios.

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Uno de los beneficios concretos del open banking es que los usuarios como propietarios de su información pueden concentrar en un solo sistema interconectado información sobre cuentas bancarias y ahorros, créditos hipotecarios y tarjetas de crédito, aun cuando esos productos sean de diferentes entidades bancarias.

"Con base en esa información que los clientes compartan con un tercero –ya sea por única ocasión, por tiempo determinado o de manera indefinida–, podrían recibir recomendaciones sobre cómo pagar menos comisiones en servicios, cómo conseguir mayores rendimientos o cómo liquidar más rápido sus deudas”, explica un informe de la firma Deloitte de México.

“Yo usuario soy el que le voy a decir a la plataforma de servicios de pagos ´te autorizo a que veas mis cuentas en tal lado´  y le voy a decir a mi banco: ´mirá que yo autorizo esto´. Siempre es el consumidor el que decide. En ese esquema de colaboración es que queremos dar pasos. Entendemos que es el mejor esquema para promover la innovación”, explicó Labat días atrás cuando presentó la hoja de ruta para el sistema de pagos en el período 2020-2022.

La idea del BCU como regulador es fijar las reglas de juego, para que luego las empresas se puedan conectar entre sí. Para la definición de ese marco normativo se tendrán en cuenta experiencias internacionales que ya están en marcha. Los primeros pasos en consulta con los actores de la industria se darán en 2021.

En diálogo con El Observador el director de Paganza, Marcelo Lanfranconi, indicó que se ven con “optimismo” las ideas manejadas por el BCU para mejorar el sistema de pagos. Según explicó, la banca abierta le da al consumidor “más libertad” de qué hacer con sus propios datos.

“El dinero de cada ciudadano está en una institución. Uno como que delega en qué institución lo tiene, pero los fondos siguen siendo de cada uno. Se pone más en el centro que los fondos y los datos son del usuario y no de la institución que los custodia. Uno va a poder hacer con ello lo que decida”, precisó el ejecutivo. 

Lanfranconi explicó que este tipo de modificaciones implica un cambio de hábitos y necesita que todo el sistema esté de acuerdo. Por ello se necesita que el BCU fije “reglas claras” y “obligatorias” para todos los actores.

“El BCU está evaluando los distintos modelos. Quizás la parte positiva de estar atrasados es que ya se sabe qué funcionó y qué no en otras partes. (…) Es buena noticia que se ponga como prioritario. Además, no va en contra de nadie, sino al contrario. Lo que se logrará hacer con esto es resolver ineficiencias que van en contra de todos, de los sectores ya establecidos en el sistema financiero, de los nuevos actores porque agiliza y permite conexiones más claras, y sobre todo para los consumidores”, apuntó.

En el mundo

Una de las tecnologías utilizadas a nivel global para compartir la información es mediante el uso de interfaces de programación de aplicaciones abierta (APIs por su sigla en inglés). A grandes líneas, en el mundo existen básicamente tres modelos de implementación de la banca abierta.  Uno es el de adopción obligatoria, por lo que la autoridad reguladora dicta a los bancos lo que tienen que hacer.
En Reino Unido la banca abierta se comenzó a implementar en 2016. La autoridad regulatoria de ese país emitió un fallo que obligó a los bancos más grandes a permitir a nuevas empresas financieras con licencia para operar que pudieran acceder a sus datos de transacciones.
Por otro lado, la Unión Europea adoptó en 2017 un modelo de  regulación (conocido como PSD2) que, entre otras cosas,  establece que las instituciones financieras dejan de ser los dueños exclusivos de los datos de sus clientes. Eso permite que los clientes tengan mayor control y puedan dar acceso a terceras partes mediante tecnologías seguras, tanto a sus datos financieros, como a permitir instrucciones de pago a sus cuentas.
Según explicó la consultora CPA Ferrere, la experiencia europea implicó el desarrollo de la regulación en aspectos como la delimitación de actores y responsabilidades, regulación de aranceles, protocolos de intercambio de información y protección de datos personales, entre otros.
Hay un segundo modelo, pero de adopción voluntaria, que establece lineamientos generales a modo de recomendación. Es utilizado en algunos países de Asia. Y hay un tercer modelo en donde las mismas instituciones financieras son las que fijan las condiciones. Esto se emplea, por ejemplo, en EEUU.

 

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