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¡Qué manía de regular todo!

La reacción instintiva del gobierno ante un problema dado es regular o prohibir

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03 de octubre de 2012 a las 00:00

¡Qué manía de regular todo!

Informó hace unos días el diario El País que el Ministerio de Educación y Cultura se propone regular fuertemente la publicidad para niños en televisión. Regulación tan fuerte que hasta podría llegar a prohibición lisa y llana. El director general de Secretaria de dicho ministerio Pablo Alvarez señaló que. "Tiende a haber acuerdo en no habilitar la presencia de publicidad dentro de la programación infantil, y hay discrepancias en cuanto a eliminarla definitivamente de toda la franja horaria. La posición del Ministerio de Educación es que, como lo dicen los propios publicistas, la propaganda se basa fundamentalmente en hacer creer al ciudadano que precisa del producto que se le está presentando. Desde esa mirada, no tendría sentido hacerle creer a un niño que precisa un producto, y mucho menos hacerle creer que tener ese producto implica algo en su status social. Hay experiencias como las de Suecia, Bélgica o Quebec que limitan la publicidad infantil en televisión, sea cual sea el horario, porque no le aporta nada significativo al niño. Esa es nuestra posición”.

Traer a colación casos de países serios como Suecia o Bélgica constituye, a primera vista, un argumento fuerte para sustentar esta visión prohibitiva. “Si en Europa se hace, ¿por qué no lo vamos a hacer aquí?” sería el argumento para limitar severamente la publicidad. Pues hay muchas cosas que en Europa se hacen, y no por eso hay que trasladarlas aquí. Cada uno es cada uno y hay cosas trasplantables y cosas que no lo son. Lo curioso es que casi siempre se quiere tomar lo prohibitivo de Europa y no lo positivo. Es que siempre es más fácil prohibir que promover o crear.

La prohibición podría llegar también a la prensa escrita, aunque esta dedica mucho menos espacio al público infantil, cuyo control está hoy en la órbita del INAU. Se ve que habrá que publicar diarios de información económica –que a los niños no suele interesar- a fin de evitar que caiga sobra la prensa la mano reguladora del estado.

Sea como sea, llama la atención que la primera reacción gubernamental ante problemas de la niñez, casi instintiva, sea de regulación y prohibición y no de fomentar elementos positivos. Pero por otro lado se piensa legalizar la producción, venta y consumo de marihuana, algo que es claramente dañino para el organismo como lo acaba de ratificar el Doctor Tabaré Vázquez, recomendando evitar el consumo de marihuana. Curiosa contradicción.

Y para peor, de fuentes del comité regulador de la industria audiovisual, se señala que si las restricciones publicitarias tuvieran como consecuencia la desaparición de programas para niños provenientes del sector privado, el estado se podría encargar de producirlos e incluso financiarlos. Pronto aparecerá quien piense en exportarlos a otros países!

Ya son bastante graves las limitaciones que se están instrumentando o que se instrumentarán respecto a contenidos, a horarios de protección al menor. En lugar de cumplir y hacer cumplir la normativa vigente, las autoridades se proponen endurecerlas, pasando de la tolerancia más absoluta al control más férreo. Y, lo más grave, es que a efectos de disminuir los niveles de violencia e inseguridad se ataquen más los síntomas que las causas de la enfermedad. Sería bueno que el gobierno leyera atentamente el informe presentado la semana pasada por Ignacio Munyo, de CERES, sobre las causas de la delincuencia infantil y cómo combatirlas eficazmente. Hay líneas de acción muy claras que pueden instrumentarse con relativa rapidez y sin recurrir a prohibiciones y trancazos. Pero, vuelvo a repetir, es más fácil prohibir que construir. Y ello es especialmente peligroso cuando se trata de vivir y fomentar el desarrollo en libertad. ¿O será que lo que no se desea es fomentar la libertad responsable?

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