27 de diciembre de 2017 5:00 hs
Amy Chozick
New York Times News Service
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Durante un tiempo, Rupert Murdoch pareció invencible. Primero, el magnate surgió relativamente ileso del escándalo de hackeo de teléfonos celulares en 2011 en el que estuvieron involucrados sus tabloides británicos que amenazó con volcar su imperio. Entonces, instaló a sus hijos, Lachlan y James, en puestos de liderazgo en 21st Century Fox. Además, el año pasado, Murdoch, que se divorció tres veces, se casó con Jerry Hall, una antigua supermodelo que es 25 años más joven que él.

Sin embargo, incluso Murdoch, quien se hizo multimillonario por sí mismo y cuya gama de activos en los medios ejerce una enorme influencia política en tres continentes, no se ajustó a Silicon Valley.

Como el rey Lear cuando se enfrenta a la mortalidad, Murdoch, de 86 años, se está preparando para dividir toda una vida de botines. Y mientras actúa para vender grandes secciones de su negocio de medios y entretenimiento, también está sembrando dudas respecto de su línea de sucesión y poniendo a prueba los lazos que unen el feudo familiar.

The Walt Disney Co. anunció semanas atrás que había llegado a un acuerdo para adquirir gran parte de 21st Century Fox Inc., la empresa propiedad de Murdoch que incluye el histórico estudio de cine y televisión, canales de cable como FX y National Geographic, 22 canales regionales de cable dedicados a los deportes y el 39% de las acciones del servicio británico de televisión de paga Sky.

El acuerdo de US$ 52.400 millones –que no incluye Fox News, la red de canales de aire en Estados Unidos ni el canal de deportes FS1, los cuales se escindirán para formar una nueva empresa– llegó como parte de la consolidación que arrasó en las empresas de medios tradicionales conforme intentan combatir las amenazas impuestas por Amazon, Apple y Netflix. También representa un cambio notable para Murdoch, un empresario visionario que desde hace mucho tiempo había vivido según un solo credo: comprar, comprar, comprar.

En 2007, cuando los diarios estaban enfrentando un declive, Murdoch desafió a los inversionistas de Wall Street y a sus propios asesores al pagar US$ 5.000 millones por The Wall Street Journal. ¿Por qué? Porque se le antojó.

En 2012, bajo presión por el escándalo del hackeo de teléfonos celulares, Murdoch formó una sociedad de cotización oficial, 21st Century Fox, con sus activos de entretenimiento, la cual quedó separada de News Corp., que incluye el Journal, el New York Post y otros periódicos. Durante un tiempo, los negocios de Murdoch dieron la impresión de una empresa de entretenimiento que tenía problemas con sus diarios, con glamorosos activos en Hollywood y el lucrativo Fox News manteniendo a flote al amor verdadero de Murdoch: los diarios impresos.

No obstante, 21st Century Fox pronto enfrentó los mismos reveses económicos que afectaban a otras empresas de medios tradicionales que se han visto perturbadas por el ascenso de lo digital: los clientes se deshicieron del cable y comenzaron a ver series y películas en internet y en distintos dispositivos. Al mismo tiempo, Fox News, el canal de cable con altas audiencias y gran generador de dinero, sufrió retrocesos después de una serie de acusaciones de acoso sexual en el canal que provocaron despidos de alto perfil y acuerdos legales costosos.

La adquisición planeada de 21st Century Fox por parte de Disney tiene sentido económico, dicen los analistas, y podría ser la mejor solución para hacer prosperar el resto del imperio de Murdoch. Sin embargo, también vuelve menos obvia la identidad de su heredero.

El hijo mejor de Murdoch, James, de 44 años, se reinventó después de un intenso embrollo legal en el Reino Unido que surgió cuando el tabloide News of the World hackeó el buzón de voz de una víctima de asesinato de 13 años. James Murdoch, quien, según se dice, apoya el acuerdo con Disney, dejó su puesto en Londres, se mudó a Estados Unidos y tomó uno de los puestos de su padre: director ejecutivo de 21st Century Fox.

Lachlan Murdoch, el hermano mayor de 46 años, es retratado como el hijo pródigo. Dejó el negocio de la familia en 2005 y estaba viviendo felizmente en Australia, lejos de los problemas, con una esposa supermodelo. No obstante, como parte del plan de sucesión de Rupert Murdoch, Lachlan volvió a Estados Unidos en 2015 para trabajar con su hermano menor –y junto a su padre, como copresidente ejecutivo– en 21st Century Fox. Considerado un nene de papá por algunas personas de sus círculos, se mudó a la antigua oficina de su padre.

Aún hay preguntas acerca de qué hijo continuará con el legado de la familia, en caso de que el acuerdo con Disney salga adelante. Las hijas mayores de Rupert Murdoch, Prudence y Elisabeth, generalmente han estado fuera del negocio, y sus hijas más jóvenes, Grace y Chloe, son adolescentes.

Un resultado posible es que James Murdoch tome un puesto ejecutivo en Disney y que Lachlan Murdoch, quien comparte la pasión de su padre por las noticias, se pase a News Corp. o supervise la empresa que absorba a Fox News y el canal de difusión de Fox.

Pero Robert A. Iger, el director ejecutivo de Disney, acordó quedarse después de su jubilación planeada para 2019 y por eso, en general, los analistas estuvieron de acuerdo en que, a pesar de la especulación, James Murdoch no competiría de manera seria por el empleo de Iger.

Rupert Murdoch siempre ha estado enamorado de las salas de redacción manchadas de tinta. Y la propiedad de medios noticiosos le permitirá conservar la influencia política que ha cultivado.

En cuanto a sus hijos, gente cercana a Murdoch no se imagina un escenario en el que James o Lachlan puedan prosperar a largo plazo al frente de una empresa que no tenga el sello de su padre.

En un memorándum conjunto enviado a los empleados, James y Lachlan intentaron aplacar las preocupaciones acerca de la venta. "La incertidumbre", escribieron, "siempre genera malestar".
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