Fútbol > EL ANÁLISIS

¿Quién dijo que está todo perdido en Peñarol?

Peñarol resolvió sus problemas con un goleador encendido y, aunque está lejos con la pelota, sigue descubriendo su identidad, para desembarcar en diciembre en busca de la última oportunidad de pelear por el Uruguayo en el Clausura

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23 de noviembre de 2020 a las 00:34

En la situación futbolística en la que se encuentra Peñarol, no está para andar eligiendo demasiado y como los triunfos forman parte de ese hilván que Mario Saralegui tiene para zurcir, la victoria 2-0 que este domingo de noche consiguió ante Boston River en el Campeón del Siglo, por la quinta fecha del Torneo Intermedio, al menos devuelve la buena noticia para sus hinchas que ganó tres puntos, que recortó distancia con Nacional en la Tabla Anual y en este torneo, pero con el contrapeso que sigue lejos de todo.

Sigue lejos futbolísticamente y, para colmo, liga muy poco como para empezar a encauzar al equipo en busca de la conquista del Campeonato Uruguayo.

¿Está perdida la temporada 2020 para Peñarol? Para nada. Es cierto que está comprometida, porque mientras no encuentre el rumbo dentro del campo sus aspiraciones están minadas. Sin embargo, para este equipo de Saralegui las chances están intactas. Tiene que encontrar el funcionamiento como para desembarcar a mediados de diciembre (si sigue Saralegui, porque el 5 de diciembre eligen nuevo presidente), cuando se inicie el Clausura con la convicción que va por el lugar correcto para llegar a la definición el Uruguayo.

Y no sería la primera vez que sucede que un equipo encuentra el punto de equilibrio futbolístico, se tonifica en el último torneo del año y llega con todo ese envión a las finales y se lleva la copa.

Lo que sí está claro, en este Intermedio hipotecó todas sus chances, aunque matemáticamente aún siga en carrera.

Para llegar a la definición por la Tabla Anual necesita una campaña perfecta, que parece imposible pueda desarrollar, por la irregularidad de su funcionamiento. Gana, empata y pierde. No consigue dos triunfos seguidos por el torneo local desde 2019.

Entonces, debe poner el foco en el único lugar que le queda, el Clausura, que tendrá la particularidad que se puede jugar en dos partes (si el calendario avanza como estaba establecido, con licencia en el medio) y en tres meses, o en un torneo exprés de dos meses (si los jugadores aceptan posponer la licencia de diciembre para el final de la temporada en febrero), con 15 fechas de corrido cada tres días y con la posibilidad intacta de pelear por el título.

Y no es una locura pensar en el despegue de este Peñarol. Lo que es una locura es pensar que despegue con el fútbol que está desarrollando ahora y la forma en que avanza en el torneo. El asunto es que tiene que llegar a mediados de diciembre con una consistencia futbolística que hoy no tiene.

Este domingo le ganó a Boston River, que es lo que necesitaba. Consiguió los goles que es lo que le aseguraron estar en ese cómodo lugar después de 90 minutos, y salvó esta fecha en la que tenía la obligación de ganar porque jugaba contra el último y en zona de descenso, en su estadio Campeón del Siglo y después de la ventaja que dio Nacional, que el sábado perdió ante Danubio.

Ganó, que no es poco, pero tiene que dar más. Y encontrar la cuota de fortuna que debe acompañar a todos los equipos.

El día que Mario Saralegui recuperaba su mejor formación titular, al menos con los futbolistas más destacados que tiene en su plantel, los de mayor recorrido internacional y los contratos más altos (Walter Gargano, Cristian Rodríguez y Jonahtan Urretaviscaya), se encontró con un par de golpes bajos. Una lesión muscular de Gargano a los 15 minutos, y la salida de Cebolla Rodríguez quien recibió un codazo de su compañero Giovanni González, de la forma más insólita y tuvo que dejar el partido. Urretaviscaya, el jugador que debería ser el que desequilibra en el torneo local, transita en esa irregularidad con la que deja huérfano al equipo.

El impulso que tomó Peñarol este domingo, es que tiene intacta su capacidad goleadora con un delantero que asume el rol que tiene que imponer en el equipo. Con un gol en el primer tiempo, y un remate desde afuera del área que derivó en la conquista de Álvarez Martínez, en el complemento, David Terans se puso el equipo al hombro. Y no es un detalle menor. Un goleador encendido brinda un buen augurio.

El resto del funcionamiento quedó reducido a los gritos de Saralegui (que en el nuevo fútbol sin público de la pandemia de covid-19 se escuchan claramente), a los impulsos individuales y a la aspiración de un equipo que sabe que, aunque futbolísticamente está lejos de dibujar en el campo algunas de las formas que le podrán asegurar el éxito al final de la temporada, tiene un equipo con muchos y muy buenos nombres como para seguir alimentando la ilusión del hincha de verlo campeón al final de esta temporada tan atípica. Aunque este domingo haya devuelto poco desde la cancha y los goles terminen aliviando los problemas de fondo.

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