5 de diciembre de 2014 19:13 hs

Cuando se piensa en un creativo y un abogado, se tiende a creer que son dos profesiones prácticamente opuestas que jamás podrían llegar a unirse. María Balsa, apasionada por el arte, descartó ser cantante porque no le gustaba la vida de los famosos y optó por la abogacía.

Sabía que en algún momento se contactaría con ese mundo creativo que le atraía desde pequeña. Así fue como, hace tres años, logró romper con el esquema impuesto y, junto a su socia Beatriz Bugallo, creó “Creanexus”. Este proyecto fue premiado internacionalmente por la Organización de Estados Iberoamericanos como Mejor Proyecto Emprendedor Senior en 2013.

Su principal objetivo es facilitar los trámites de protección intelectual de las creaciones artísticas, un nicho poco explorado a nivel local.

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De todas maneras, este no fue el primer emprendimiento de Balsa. De hecho, desde los 15 años participó en negocios: desde una empresa de payasos en su adolescencia hasta un estudio jurídico abocado a los derechos de autor.

¿Cómo fueron sus comienzos?

Siempre fui buena estudiante, terminé la carrera bastante rápido, entré en 1991 y salí en 1996, me rebusque para dar todo los exámenes y terminar a tiempo quizá porque tuve un padre súper exigente o por esa responsabilidad que ya viene adquirida a veces. Antes de recibirme empecé a trabajar en el estudio de mi padre pero enseguida me abrí a un área distinta, en la misma línea que sigo trabajando hasta hoy.

¿Cómo surge la idea de indagar en el área de la responsabilidad intelectual?

Casualmente hacia algunas publicidades, empecé con el tema del derecho a la imagen y las posibilidades de reclamar por el uso de la imagen cuando se pasaba de un año y no estabas en la sociedad uruguaya de actores. Yo había hecho una publicidad que volvieron a pasarla y empecé a hablar con todos los que la habían hecho conmigo si querían sumarse a un reclamo que iba a hacer porque me parecía que correspondía y me puse a estudiar del tema. Tanto estudié que saqué el primer libro del tema sobre el derecho a la imagen, en Uruguay. Antes de recibirme hice mi primer planteo y pedí a un colega que me firme porque aún era procuradora y a partir de ahí se empezó a sentar la costumbre de que también se les debía pagar a los modelos por el uso de su imagen, tanto que estuve trabajando con la mayoría de las agencias de publicidad. Después de ahí trabajé como abogada de la Asociaciones de Productoras Publicitarias que estaba formada por productoras, en aquel momento, una industria bastante nueva. Luego saqué un libro recopilando las normas de los servicios de comunicación mientras daba clases de eso justamente en la Universidad ORT y continué especializándome haciendo postgrados, hice uno en Estados Unidos por ejemplo sobre derechos de autor.

¿Cómo fueron sus primeros pasos?

En el 2000 conocí a mi socia actual siendo la docente del único curso sobre propiedad intelectual en Uruguay, allí se formaron veinte personas en la materia. Enseguida del curso nos asociamos y luego lo hicimos con dos personas más: Eduardo de Freitas y Juan Carlos Aguerre y fundamos un estudio jurídico experto en propiedad intelectual que se mantiene hasta ahora. Paralelamente arranca Creanexus hace tres años, comencé con Beatriz y mi hermano Juan, un día invitamos a Andrés Ameglio (Salado Media) y después a Elbio Acuña (presidente Punto Ogilvy). Primero generamos una aplicación para Android que ya está pronta pero decidimos lanzar primero un sistema web porque nuestro primer público objetivo son las universidades primero. Al día de hoy continuo con mi actividad laboral independiente, doy clase en la Universidad Católica del Uruguay, Clahe y Fundación Itaú al tiempo que dedico mucho tiempo a mi emprendimiento, Creanexus. La docencia sirve porque aprendemos, nos obliga a mantenernos actualizadas, nos mantiene joven, uno se alimenta de lo nuevo y del espíritu joven.

¿Cómo fue entrometerse en un ámbito un tanto desconocido a nivel local?

Siempre tuve un perfil creativo, desde chiquita y me la rebuscaba para hacer cosas y venderlas. Mi carrera emprendedora realmente arranca con una empresa de payasos a los 15 años que cree con Victoria Rodríguez y una amiga más y nos llamábamos “Flin Flan Flun” , trabajamos mucho tiempo, como manera de rebuscarnos. Pero más allá de eso, siempre me sentí identificada con gente creativa y me acerqué a ellas, no es casualidad estar relacionada a la propiedad intelectual de los artistas. De hecho tengo canciones inventadas, me encanta cantar, a veces digo que el tema del canto es mi profesión frustrada porque no me gusta la vida de los cantantes famosos sino ya me hubiera animado. Tengo un perfil de familia tradicional, pero canto en el coro de la iglesia San José de la Montaña y lo hago con mis hijos, eso me llena. Entonces me fui vinculando al área del canto, soy abogada de músicos como Juan Campodónico, asesore a Jaime Ross en un momento, al fin de cuentas me terminé relacionando con gente creativa. Trato de nutrirme de ellos. Soy la consultora en propiedad intelectual de Ingenio y permanentemente desde que arrancan los emprendedores los audito en el tema, soy la única abogada que lo hace y todo eso es contacto con gente emprendedora, creativa que tiene toda la energía y la potencia, me fascina ese trabajo de siempre estar inventando y creando y me alimento de esa adrenalina. Con mi socia siempre estamos trabajando en proyectos emprendedores armando nuevas cosas relacionadas a la propiedad intelectual.

¿Cómo define Creanexus?

Es una plataforma digital para el encuentro de la oferta y demanda creativa, para el arte y la tecnología. Otorga un sellado de tiempo que permite probar que tal fecha se hizo el registro y eso tendrá diferentes consecuencias según lo que se haya creado. Como autor podes aprobar o no la utilización de la creación, depende qué hayas creado. Si es una obra literaria o alguna producción creativa y la registras, podrás gozar de los derechos de autor y autorizar o prohibir su explotación y la fecha que lo registras servirá para probar que eso es tuyo. Si registras una idea científica o una idea que aún no es una obra artística o comercial, podrás comunicársela a quien tú quieras bajo acuerdo de no divulgación, las personas sólo van a poder descargar tu idea o tu creación con tu autorización. Se da a conocer públicamente un resumen de la idea que permite que aquellos interesados consulten para conocer más. También se puede registrar por tener un sellado de tiempo y que al autor no le interese la confidencialidad por ejemplo. Siempre que se tenga una idea patentable Creanexus sirve porque la patente es muy costosa y nosotros no, nosotros ayudamos como medida previa a la patente o incluso complementaria.

¿Es una aplicación paga Creanexus?

En principio sí, que se pague pero poco. Nuestra idea es democratizar el acceso a medidas que de otra manera las personas tendrían que ir a un estudio de abogados, a la biblioteca nacional a registrar y todo eso en la era digital es complejo. Hay que darle a los jóvenes algo inmediato. Así como en un instante podés sacar una foto, la idea es que la puedas registrar enseguida, lo mismo con una obra periodística. Hoy por hoy todo es instantáneo y nosotros lo que estamos dando es eso, respuesta jurídica instantánea para lo que es la prueba y la comunicación confidencial. Queremos también automatizar los procesos de los permisos, estamos trabajando para dar respuestas automáticas e inmediatas a todo.

¿Cuáles fueron los primeros obstáculos que surgieron a la hora de emprender Creanexus?

Está lleno de obstáculos. El primero es uno mismo, hay que aprender a manejar la ansiedad de uno, el segundo es aprender a lidiar con la gente, aceptar a cada uno como es y también yo creo que lo que he aprendido es el valor de trabajar en equipo. En general siempre fui individualista en mi formación de abogada entonces tenía esa cuestión de no saber trabajar en equipo. Lidiar con diferencias y actitudes de los demás, aprender a hablar desde un lugar que no genere una respuesta defensiva. El tema de tocar puertas para obtener fondos ha sido muy difícil. En conclusión, aprender de las propias equivocaciones y luego los errores ajenos, partir de la base que no somos perfectos, perdonar y perdonarnos más y mirar con un espíritu de construir más.

¿Qué consejos le darías a los emprendedores?

Uno de los consejos es que consigan buenos socios no sólo por las cualidades personales sino también por los tiempos de dedicación y objetivos en común. El afecto entre las personas es fundamental pero también es necesario el compromiso en la dedicación. Cada uno tendrá un rol distinto y complementarse en las funciones de cada uno, tener una dedicación semejante es fundamental.

¿Qué planes a futuro tiene?

Nosotros estamos abocados a obtener un inversor que nos permita despegar a nivel internacional –luego de culminado el testing en un grupo de universidades locales- porque la plataforma está hecha para el mundo entero. Buscamos apoyo en lo que tiene que ver con el marketing mundial y seguir desarrollando las funciones del producto, es de nunca terminar esto porque es un proyecto súper ambicioso. Buscamos automatizar todos los procesos de permisos para que cuando la gente acceda a una idea o a una creación, sepa quién lo creo, qué es lo que puede hacer con eso, los permisos que necesita para utilizar, etc.

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