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Un accidente de ómnibus en el Mundial de Brasil y el sueño trunco de ser futbolista

Guillermo Lyford Pike viajó a Porto Alegre en 2014 y a la vuelta el coche volcó, dejándolo atrapado. Hoy intercala el andador con la silla de ruedas, no ve de un ojo y perdió sensibilidad en sus dedos

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23 de junio de 2018 a las 05:00

En la oscuridad de aquel 30 de junio de 2014 de madrugada, era difícil advertir qué estaba pasando con el ómnibus en el que viajaba Guillermo Lyford Pike, un futbolista que en ese entonces tenía 19 años y había aprovechado sus vacaciones para viajar a Porto Alegre (Brasil) porque quería saber cómo era estar en un Mundial de fútbol. La mayoría de los pasajeros dormían, o al menos eso daba a entender el silencio. Lyford Pike viajaba con un amigo, miraron una aplicación en el celular para ver a qué velocidad iba el ómnibus, les pareció que iba un poco rápido pero no creyeron que eso fuera un problema.
Iban por la ruta 9, a la altura de Rocha, cuando de un segundo al otro lo que no eran más que unas vacaciones mundialistas, se transformaron en una tragedia. Pasaron cuatro años pero el joven recuerda con bastante precisión todos los movimientos: el ómnibus tomó una subida a la que le siguió una curva hacia la izquierda, se fue hacia la banquina, el chofer volanteó para intentar volver a la ruta pero no pudo y terminó volcando, atravesado en la carretera.

Mientras seguían andando, sintió que todo rebotaba y, una vez que ese gigante con ruedas quedó tendido en la ruta, escuchó los vidrios explotar. El sueño de los demás pasajeros se interrumpió bruscamente y comenzaron a pararse, asustados. El joven tenía su pierna derecha debajo del ómnibus pero sentía que igual podía pararse porque no sentía mucho dolor y estaba totalmente consciente. Sin embargo, ante el mínimo movimiento, se dio cuenta de que se podía morir.

Como pudo, tomó su celular y llamó a su padre para despedirse. "Lo llamé para decirle que lo amaba mucho pero que no iba a vivir más. Sentí que me estaba muriendo", recuerda.


La pierna derecha del futbolista estaba totalmente tapada por el ómnibus de dos pisos, que Bomberos intentó levantar primero con un gato hidráulico mediano y luego con uno más grande, hasta que lo consiguieron elevar 20 centímetros. Esa distancia fue suficiente para que Lyford Pike se arrastrara con los codos y pudiera salir. En ese momento, a la fuerza por ver a su familia le ganó el dolor y se desmayó.

Una carrera trunca

Junto con el desmayo, se desvaneció su intención de poder vivir del fútbol, para lo que se estaba preparando desde que era niño. Cuatro años después, el joven se desplaza en silla de ruedas, aunque intenta intercalarla con un andador, perdió la sensibilidad de los dedos de sus manos por lo que no puede escribir y prácticamente no ve de un ojo, pero no puede usar sistema braile para leer porque sus manos no se lo permiten.

Otra era su situación antes del accidente. Empezó a formarse en Defensor Sporting en 2004 y llegó a integrar el plantel Sub 19 de ese club en 2013. Al año siguiente, firmó contrato con Boston River y vio con claridad su carrera de futbolista.

Durante un tiempo, Lyford Pike dividía su tiempo entre los entrenamientos, el estudio y salidas con amigos. En su último año en Defensor estudiaba marketing de mañana y entrenaba de tarde. Con Boston River se le complicó un poco más, pero pudo empezar a trabajar con su padre.


Si bien tenía muchas ganas de salir a la cancha, las vacaciones por el Mundial de Brasil eran una buena excusa para parar un poco la pelota y hacer un viaje con un amigo. Eligieron Porto Alegre porque un primo estudiaba allá y era buena oportunidad para visitarlo. "Era la época en la que me daban vacaciones y quería conocer cómo era el ambiente del Mundial. Me acuerdo que Argentina jugaba contra Nigeria, Uruguay ya había quedado afuera en octavos", cuenta.

Fueron unos pocos días en Porto Alegre y la estadía terminó el 29 de junio de noche, cuando el ómnibus salió desde esa ciudad a la terminal de Tres Cruces. También viajaban algunos extranjeros que habían ido a ver a las selecciones de sus países y volvían a Montevideo antes de ir a su destino final.
Ningún pasajero tuvo lesiones tan graves como las de Lyford Pike. Cuando a su padre le sonó el celular en la madrugada del 30 de junio, jamás imaginó que al cortar tomaría su auto con su esposa para ir a Rocha a intentar ver a su hijo con vida. Mientras viajaban, el joven era trasladado en estado crítico a una mutualista rochense y terminó siendo derivado al Centro Nacional de Quemados (Cenaque) - en Montevideo- donde estuvo internado cuatro meses. Para su padre, en ese tiempo "Guillermo se moría todos los días".

Demanda

El accidente no solo cambió los planes de Lyford Pike sobre su futuro, también modificó la rutina familiar y el aspecto de la casa, que se llenó de barras. Las hay en el corredor que une el living con la zona de los dormitorios, en su cuarto, donde la cama tiene la distancia exactamente calculada para que pueda sentarse y pararse con menos dificultad, y en el baño. A eso se le suman andadores y sillas de ruedas.
Con tan solo 19 años, tuvo que jubilarse por discapacidad en el Banco de Previsión Social (BPS) y cobra un sueldo con el que difícilmente pueda proyectar una mínima independencia. Difícil sería, además, teniendo en cuenta que es muy poco lo que puede hacer sin ayuda, por no decir nada.

Todo eso fue tenido en cuenta cuando la familia decidió demandar a la empresa EGA, en la que viajaba cuando tuvo el siniestro. En total, reclaman US$ 2.241.689 más reajustes e intereses por daño moral, lucro cesante y pérdida de chance (por perder la oportunidad de trabajar), según consta en el escrito al que accedió El Observador.

"Guillermo no tiene actualmente ingresos propios, salvo la pensión que le sirve el BPS, y depende física, económica y psicológicamente de su familia", indica la demanda, presentada por el abogado Ignacio Durán.

Los demandantes alegan que le será imposible tener una vida como la que tenía anteriormente, que no podrá trabajar y que "precisará por el resto de su vida a una persona que le ayude en su aseo, alimentación, etc, es decir, una persona que lo asista en sus necesidades básicas en forma diaria". Por ese motivo, reclaman "una empleada que lo asista en forma continua durante toda la semana hasta los 70 años".

27.794 personas resultaron lesionadas en 2017 por siniestros de tránsito, lo que representa 76 heridos por día. En 2014, cuando se accidentó Lyford Pike, fueron 30.745. Ese año murieron 538 personas.

De esos más de US$ 2 millones, se pide un porcentaje para la familia -reclaman U$S 150 mil para cada padre y U$S 80 mil para su hermano-. En el caso de su madre, por ejemplo, debió dejar de trabajar durante dos años y solo recibía una paga de BPS, lo que complicó un poco la situación económica de la familia.

A su vez, hubo que pagar terapias, gimnasio, clases de equinoterapia y sumarle las reformas de la casa.
La demanda se ampara principalmente en dos artículos del Código Civil. Por un lado, en el que establece que son responsables de "reparar los dueños o directores de un establecimiento o empresa, respecto del daño causado por sus domésticos en el servicio de los ramos en que los tuviesen empleados". En ese caso, por ejemplo, la familia entiende que la empresa debe responder por el accionar de uno de sus empleados.

El otro artículo que tuvieron en cuenta indica que cuando hay una falta sin "intención de dañar, el hecho ilícito constituye un cuasidelito". Para EGA, la demanda era esperable, según dijeron desde la empresa a El Observador.

El caso llegó al ámbito penal, el chofer alegó que había "mal tiempo" y eso provocó el accidente. La Justicia de Rocha lo procesó con prisión por un delito de lesiones gravísimas culposas en concurrencia formal con un delito de lesiones personales culposas.

Pese a que sus planes no son para nada como los imaginaba, Lyford Pike intenta dar un paso más cada día. Por eso, consiguió poder estudiar en una universidad y que sus salones sean los de planta baja, cada miércoles se sube a un caballo como parte de su rehabilitación y todos los días va al gimnasio.
Las secuelas del golpe le siguen doliendo, las ganas de jugar al fútbol están prácticamente intactas, pero también las de evitar que una silla de ruedas o un andador sean un obstáculo más.

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