Desde que se reinstaló el conflicto con Argentina por la autorización del gobierno para que aumente su producción, el director nacional de Medio Ambiente ha insistido en que la planta de celulosa UPM no contamina. En entrevista con El Observador, Jorge Rucks, afirmó que mientras las tomas del río Uruguay muestran que la presencia de UPM alteró mínimamente el comportamiento de ese cauce, genera un problema mucho más grave el saneamiento de la ciudad de Fray Bentos. Por otro lado, admitió que el conflicto “aflora el nacionalismo”, pero en su caso, como jerarca, debe estar por encima de ello y defendió la importancia de divulgar toda la información que exista.
¿La llegada de UPM obligó a la Dinama a cambiar?
Para Dinama fue una prueba de fuego el tema del control de la planta de UPM, primero porque cuando se instaló no había una experiencia anterior, no había técnicos que conocieran lo que era el control de una planta de pasta de celulosa, esa capacidad había que crearla. Teníamos técnicos en otros temas, pero no teníamos la especificidad; esa capacidad se creó y esa capacidad después fue muy positiva porque la aplicamos en el caso de Montes del Plata. Pero además fue un examen por la situación internacional, hubo que dar toda la información técnica y científica a partir de los análisis que hizo la Dinama con todos los parámetros que fueron controlados desde antes que la planta existiera, desde que la planta se instaló, hasta que la planta empezó a operar. Toda esa información fue vertida para realizar la defensa en La Haya de que la planta no contaminaba, y La Haya lo entendió así. Fue una prueba de fuego para la Dinama y fue muy importante para el país. En el marco de un juicio internacional, demostrar capacidad científica y técnica es muy importante pensando en el futuro y en la propia soberanía.
¿Esta ampliación del laboratorio responde a la necesidad de contar con más herramientas de fiscalización de estas industrias?
No responde a UPM porque lo veníamos trabajando en el laboratorio anterior junto al LATU y al laboratorio canadiense. Este desarrollo del laboratorio responde a un desafío de futuro pensando que el país tiene que tener una capacidad analítica mucho más desarrollada de la que teníamos, con más pulmón, más eficiente, en el costo y número de ensayos; ahora puede hacer lo mismo en menos tiempo y con menor costo. Este laboratorio nos da una perspectiva mayor. Nos permite pensar que podemos seguir creciendo en el número de empresas controladas, ampliar temas en el control ambiental, por ejemplo: todo lo que tiene que ver con el río Santa Lucía, tambos, feedlots, facilitar el desarrollo de saneamiento urbano.
¿Es casualidad que se esté inaugurando este laboratorio días después de que se reinició el conflicto?
Es una casualidad. Nos asegura la línea que cuando nosotros iniciamos el proyecto de este laboratorio, tuvimos la certeza que necesitábamos de un laboratorio mejor que el que teníamos; pero esto se inició tres años atrás.
¿Qué es lo que más se hace y en qué porcentaje? ¿Monitoreo o control?
Aproximadamente un 60% de lo que hace la Dinama es control de industrias, establecimientos, saneamientos, de residuos, etcétera.
¿Usted cree que el nacionalismo ciega en temas tan delicados como la contaminación, como planteó esta semana el politólogo Adolfo Garcé en su columna publicada el miércoles en El Observador?
Yo creo que tiene razón, muchas veces en el calor de un enfrentamiento el nacionalismo surge como una reacción natural de la gente. Nosotros tenemos que superar eso, entonces yo, cuando se trata de temas ambientales de Argentina no hablo. Hablo de la responsabilidad nacional y de la información que tenemos que brindar a los países vecinos de lo que hacemos y cómo lo hacemos. La información tiene que ser transparente porque son temas de interés común. El río Uruguay tiene que ser responsabilidad de Brasil, Argentina y Uruguay y tenemos que superar las visiones nacionalistas, para pensar que lo que tenemos que tener es un río sano que nos sirva a todos. Para nosotros debe ser una religión la accesibilidad a la información ambiental. Genera confianza. Ahora se puede sumar otro conflicto con Aratirí.
Más allá de si sale o no Aratirí, el tema de la minería entró en el Uruguay para no irse, y es un tema que para nosotros es un desafío interesante. Estamos previendo el desarrollo de la minería, generando capacidades. A veces me asusta la cantidad de actividades que estamos haciendo para generar capacidad, mandando gente al exterior a formarse, trayendo gente del exterior. Tenemos personal reducido, pero lo estamos mandando afuera para capacitarse y nos deja flancos en la interna. Estamos haciendo un esfuerzo grande.