Ángel Labruna tenía una corbata que le habían regalado que se transformó en su talismán. La llevaba a todos los partidos. Cierta vez, en un viaje a Córdoba, los jugadores comenzaron a bromear sobre quién tenía la valentía de sacarle la corbata al Viejo, como le decían al DT. La tomaron y empezaron a jugar al monito hasta que fue a parar a la ruta. Don Ángel hizo retroceder el ómnibus y todo el plantel debió descender a buscar la corbata. Hasta que no la encontraron el viaje no continuó. El multifacético mundo del fútbol está plagado de curiosiodades.
Pocos conocen que Roque Máspoli, además de ganar todo, sacó la lotería de fin de año. Se lo catalogaba como un tipo de suerte. Otro ejemplo: Luis Cubilla no permite el color verde. Lo considera mufa.
El hecho es que, al margen de la inteligencia, de la sabiduría a la hora de dirigir, de realizar bien los cambios o acertar en la inclusión de un jugador en la oncena titular, en el fútbol siempre hay algo más a lo que aferrarse.
Y desde que el fútbol es fútbol flota la famosa frase de que “como en todo orden de la vida, se necesita una cuota de suerte”. O acaso usted no escuchó decir cuando un equipo gana con una acción fortuita que “está con la suerte del campeón”. Por estas horas corre la sensación de que es el turno de Diego Aguirre. Es que, al margen de que al entrenador de Peñarol le moleste, en el ambiente se deja traslucir y se habla de su fortuna.
¿Cómo se puede catalogar la victoria de Peñarol ante Universidad Católica? ¿Virtud o suerte? Vayamos por partes: Claro que hay virtudes. Porque si Olivera no hubiera tenido la visión y la rapidez mental de reaccionar cuando la pelota escapa de las manos del golero, Peñarol no llegaba al gol.
Y otro tanto ocurre con el segundo tanto. Última pelota, relativamente sencilla. Pocos pueden pensar que se le escapa al golero. Martinuccio tiene la virtud de esperar el error. Lo encontró.
Evidentemente no se puede dejar pasar por alto que existe un contenido de suerte. ¿Quién puede imaginar que el golero choque con un compañero? Seamos sinceros: es mala suerte.
Y en el segundo Martinuccio ni siquiera ejerce el gesto técnico de patear. El golero da rebote y la pelota pega en las rodillas del delantero. Es suerte, no hay vueltas.
Es claro que la victoria de Peñarol reúne un poco de ambos condimentos. Se prepara con virtud y se come con suerte.
Polémicas al margen, nuevamente Aguirre, a quien le incomoda hablar del tema como quedó en evidencia cuando canal 12 lo consultó y se le escapó entre risas un “dejate de joder con eso...”, fue tocado por la diosa fortuna. Si sabrá Aguirre de estos temas que marcó un gol que forma parte de una de las hazañas más recordadas del mundo del fútbol.
El DT es partidario de la frase que trabaja su suerte día a día. La noche de la victoria trató de quitarle importancia al tema. Estejueves cambió de actitud y trató el tema con otro humor. “No es un tema que me moleste, creo que está bueno. He vivido grandes momentos en mi carrera y me ha tocado la suerte. La gente a veces le da demasiada trascendencia. Peor es tener mala suerte y que cuando vayas a algún lado digan ahí viene el mufa”, dijo a El Observador.