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13 de noviembre: Terror en París le pone voz a los sobrevivientes de los ataques que vivió la ciudad en 2015

La miniserie documental de tres capítulos narra el atentado más grande de la historia de Francia a través de 40 testimonios que son más crudos que las imágenes que el mundo vio en loop

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18 de junio de 2018 a las 10:00

Las voces dicen: "No creo en Dios, pero si el infierno tuviera un sonido sería ese, el sonido de una Kalashnikov"; "Estaba boca abajo en la escalera pero lloré un poco y llamé a mi mamá varías veces. Fue muy intenso. Tuve una abrumadora sensación de que volví a ser niño y ese niño estaba llorando"; "Nos declaramos nuestro amor, por última vez, mientras podemos. Porque sentíamos que podía acabarse pronto"; "No se oía nada salvo los celulares de los muertos. Se veía en la pantalla papá o mamá"; "¿A dónde va uno después de pasar por algo tan horroroso? ¿Con quién te desahogas?". Son las voces de rehenes, de bomberos, del ex presidente de Francia François Hollande. Son voces que, en la mayoría de los casos, no se habían escuchado desde la noche del 13 de noviembre de 2015 cuando París sufrió una serie de atentados que dejó un saldo de 130 muertos y cientos de heridos.

En marzo los hermanos Jules y Gédéon Naudet –franceses, residentes en Estados Unidos realizadores de la serie documental 13 de noviembre: Terror en París – dijeron a Le Figaro lo siguiente: "Aquellos que vivieron esta noche ahora están listos para hablar".

El documental, cuyo título original es November 13: Fluctuat Nec Mergitur (por la frase que fue leit motiv de los franceses y que se traduce "batida por las olas, pero no hundida), está compuesto por tres episodios de menos de una hora cada uno y se estrenó en Netflix el 2 de junio que, casual o causalmente, es el día de la concientización de la violencia producida por armas en Estados Unidos.
Los hermanos Gédéon ya tienen un camino recorrido en esto de retratar hechos dramáticos que marcaron la historia contemporánea. En 2002 estrenaron 9/11, el documental sobre los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York que es narrado a través de la mirada de los bomberos que participaron en los rescates.

A diferencia de su trabajo anterior, 13 de noviembre: Terror en París está realizado de una manera mucho más minimalista, menos explícita. El horror, la masacre, el dolor no están en las imágenes. Sí están, en cambio, en la narración oral. La muerte y el pánico se transmiten a través de las palabras (y los gestos) de los hombres y mujeres que estuvieron –y sobrevivieron– en los seis ataques de París durante tres horas de 2015. La narración está llevada por las entrevistas, unas pocas imágenes de esas horas y elementos gráficos.

Hay hombres y mujeres que, esa noche, fueron a ver a los Eagles of Death a la sala de espectáculos Bataclan, otros que salieron junto a sus compañeros de trabajo a tomar una copa o a cenar en Le Petit Cambodge, Belle Équipe, Le Carillon, el Boulevard Fontaine, los que estuvieron en el estadio durante el partido entre Francia y Alemania; hay altos mandos del gobierno francés de aquel entonces como el presidente, la alcaldesa Anne Hidalgo, el ministro del interior, los jefes de bomberos, el dueño de uno de los locales atacados.

Cuarenta personas a las que la vida les cambió para siempre. Hombres y mujeres que salieron una noche, como cualquier otra, a divertirse, a pasarla bien, a disfrutar de su juventud o a recordar los años de juventud. Y que, de pronto, vieron como, frente a sus ojos, se producía el atentado más grande de la historia de Francia; creyeron –por supuesto– que iban a morir. No murieron, pero aún lo sufren. No se olvidan del olor a sangre mezclado con pólvora, ni de los gemidos de dolor, ni del silencio que anticipa la muerte.

Más allá del trabajo sobrio y sutil de los realizadores, 13 de noviembre: Terror en París es de una crudeza extrema.

"(Esta película) no es ni una investigación ni un reporte de lo que sucedió. Usamos la menor cantidad de imágenes posibles de esa noche. Rechazamos el sensacionalismo. El documental le pone rostro a las víctimas y también habla sobre cómo se reconstruye la vida después, evocando un sentido de resiliencia", dijeron los directores a Le Figaro.

Porque, claro, París es más fuerte –como se leía en los muros de la ciudad– y la vida continúa. La pregunta fue, en aquel entonces, y aún sigue siendo para muchos: ¿Cómo? Y, entonces, de nuevo las voces sabias, vulnerables, humanas: "Compré pan. Hice como si fuera un día normal"; "Abracé a mis hijos"; "No pude abrazar a mi hijo"; "Mi mujer me dijo: 'Hablaremos del tema cuando estés listo'"; "Mi cuerpo y mi alma todavía estaban en el Bataclan".

Este es un documental, como dice la crítica de la revista especializada Les inrockuptibles, de palabras. Porque las imágenes ya se vieron infinidad de veces, se pueden googlear, alcanza con tipear algunas palabras claves en YouTube para que inunden la pantalla. Pero las reflexiones, las narraciones de los que allí estuvieron, la mirada todavía dolida, afectada, los ojos empañados, las risas torpes e incómodas, la expresión todavía vulnerable eso no se encuentra.

Los ataques, los hechos

Bares y restaurantes
Cuatro lugares fueron atacados por varios hombres armados con fusiles Kalashnikov. Murieron decenas de personas (entre ellas la mujer de uno de los propietarios) y otras tantas resultaron heridas.

Bataclan
El ataque en el escenario musical donde tocaban los Eagles of Death Metal fue el más crudo de todos; hubo toma de rehenes y fueron asesinadas más de 80 personas.

París, te amo
El presidente de Francia del momento, François Hollande –que se encontraba en el estadio de Saint Denis– viendo el partido de la selección francesa contra Alemania, decretó el estado de emergencia y cierre de fronteras horas después de los atentados.

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