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La importancia de animarse a convertirse en protagonistas

Falta seguridad del género a la hora de mostrarse como protagonistas  

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28 de agosto de 2018 a las 12:29

"Nunca escuché que a un hombre CEO le preguntaran cómo hace para conciliar su vida laboral con el cuidado de los hijos y la vida personal”, afirmó Magdalena Giuria, la directora del centro Ithaka, institución de la Universidad Católica que promueve el desarrollo de emprendimientos. No obstante, esta es una pregunta  comúnmente realizada por mujeres, hacia otras mujeres. 


Como parte del Montevido Fintech Forum, el pasado lunes, el salón de actos de presidencia alojó el panel Women in Fintech, término que refiere a la unión entre industria financiera y aplicación de tecnología, dos de los mundos con menos participación femenina. Allí se dejó claro que el lugar de la mujer en el mundo fintech es solo un aspecto de una problemática mucho más amplia: la del lugar de la mujer en los emprendimientos tecnológicos, en las ciencias duras y los cargos directivos.  Se habló de la importancia de las políticas públicas y de la colaboración externa, pero se hizo énfasis, sobre todo, en aquellas cuestiones y actitudes que nacen del género femenino y que contribuyen con el estancamiento más que con el avance hacia una mayor equidad de género. La pregunta del inicio puede asociarse con el “complejo de súper mujer” al que la directora de la multinacional Willis Towers Watson, Magdalena Ramada, hizo referencia cuando habló sobre una “falla del feminismo” que consiste en la percepción de que la mujer debe encargarse de todo. “Nos dieron la carga de todo lo demás y nunca dijimos a los hombres que una parte debería pasar a ellos. Entonces tenemos que ser, además, súper madres, súper esposas. Y tenemos el complejo de súper mujer. Queremos hacer todo”, apuntó. 

La doble vara


Según Giuria, las mujeres, a diferencia de los hombres, son constantemente medidas en lo laboral por una doble vara. Por un lado, se valora el lado más emocional, la tendencia al cuidado y la empatía, mientras que por el otro, se continúan, como es lógico, midiendo las competencias . “En empresas occidentales los criterios de éxito están asociados a cualidades masculinas. Entonces nosotras tenemos que ser igual de competentes pero también las cuidadoras y preocupadas por el otro, que es parte de nuestra esencia. Si nos falta lo cariñoso somos contraproducentes, el terror de la oficina. Pero si somos cuidadosas y amorosas, no somos lo suficientemente estratégicas”, manifestó. 


Ramada, por su parte, dio su propio testimonio. La ejecutiva, que estudió en Alemania un máster en matemática financiera y un doctorado en Economía, llegó años después a Uruguay a hacerse cargo de un proyecto a terminar en diez días con un equipo formado por 12 personas.


“Venía como paracaidista de Alemania, nadie me conocía”, recordó. En sus primeros mails enviados al equipo marcó todos los errores. El proyecto fue enviado al cliente antes del plazo y con buena devolución. Sin embargo, luego su jefe le preguntó qué había pasado: “Me dijo que los tres hombres se quejaron porque había sido muy agresiva. Y sí, yo había venido con un estilo muy alemán”. Fue así que se reunió con los tres para charlar sobre el asunto. “Uno se puso a llorar”, contó , lo que la llevó a cambiar su modelo de liderazgo. “Terminé yendo hacia el otro extremo. En San Francisco me dijeron que era como una madre para el equipo”, reconoció. 


Animarse


La presidenta de la Cámara Finteh de Perú, María Laura Cuya,  fundó varias empresas pero nunca se animaba a ser la CEO. “Hay fundadoras en fintech pero no hay quienes digan que quieren ese lugar”, admitió. En Perú, 37% de los emprendimientos fintech fueron fundados por mujeres. Agregó que a las mujeres en cargos directivos les “falta una vitrina, visibilidad”, y mucho de lo que tiene que ver con la autolimitación. 


En la misma línea, la jefa de Operaciones de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), Sara Goldberg, apuntó que un 25% de los emprendimientos apoyados por la institución cuentan con mujeres en su equipo fundador. Y de ese número, a la hora de presentar el emprendimiento -de hacer el pitch- los hombres son los que toman las riendas. “Ninguna mujer se anima a tomar ese rol, y los hombres tienen otra impronta y van al frente”, señaló. Además, comentó que solo 5% de los emprendimientos fundados por mujeres reciben inversión de un capital de riesgo. 


“Es o que no nos animamos a presentarlos, o ellos no se animan a invertir en startups llevadas adelante por mujeres”, agregó para luego finalizar su presentación con la frase “¡hay que animarse!”. Por su parte, Ramada indicó que las mujeres tienden a preocuparse por los otros más que por ellas mismas, y que a veces un ascenso es una cuestión de actitud. “Promovía a todas las personas que tenían derecho a ser promovidas. Pero nunca me detuve a pensar en lo que yo quería  para mi carrera. Supuse que haciendo lo que hacía, me iban a promover”, dijo. “Todos los managers que tuve fueron hombres y siempre me dijeron que sí. Tener managers hombres no significa que no puedas crecer. Simplemente esperan que uno actúe de forma diferente. A veces no tienen ni idea de lo que querés”, añadió.


 Por otro lado están los sesgos existentes en todos los ámbitos. La embajadora de Israel en Uruguay, Galit Ronen, contó que como organizadora de determinados eventos terminaba sirviendo el café mientras se acercaban a los hombres para consultarles lo que nadie sabía mejor que ella. Ronen se animó, desde el comienzo, a trabajar en áreas donde la participación de mujeres era mínima. Primero fue electricista, algo que para ella fue normal hasta que se dio cuenta de que no lo era cuando comenzaron a llamarla para dictar seminarios y contar cómo había llegado a esa profesión.  


Brechas fintech


Según la representante para Uruguay del Banco Mundial, Matilde Bordón, las brechas de género abundan en el área fintech.  “La tecnología financiera tiene que ver con inclusión, con disminuir brecha de género”, subrayó.  A nivel global, dijo, casi una de cada tres mujeres está fuera del sistema financiero formal, y la brecha a nivel global es de 7%. En Kenia, donde trabajó,  el acceso al dinero electrónico redujo en un  22% la extrema pobreza en hogares liderados por mujeres. En Israel, un 35% de los empleados en alta tecnología son mujeres. 

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