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25 Watts: milanesas al pan, personajes que quedaron afuera y un registro generacional único

Pablo Stoll, uno de los directores de esta película clave para el cine nacional, habla sobre la vuelta a los cines y el legado que, casi veinte años después, mantiene

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13 de octubre de 2019 a las 05:10

Para el trío protagonista pasaron veinte años. Para los que la vieron en cines, 18 y monedas. Pero para Pablo Stoll (45 años), bastante más. Él, Arauco Hernández y Juan Pablo Rebella –amigos de la Universidad Católica y totalmente obnubilados por la película argentina Labios de churrasco, de Raúl Perrone– empezaron a tirar diálogos y escenas para una película que se filmaría seis años después en las calles de los barrios Larrañaga y La Blanqueada con equipos alquilados. Ahora, casi dos décadas después de su estreno oficial en el festival de Róterdam, 25 Watts vuelve a los cines uruguayos con un ciclo que incluye charlas, presentaciones en 35 mm y un entusiasmo renovado que demuestra que su aparición fue un mojón en la cultura nacional reciente, pero que también sigue prendida en cabezas viejas y nuevas. Sobre esos procesos, el rodaje entusiasta, la nostalgia y el catálogo de personajes secundarios que quedaron afuera del guion final, Stoll habló y recordó en esta charla con El Observador.  

¿Qué tan presente estuvo 25 Watts durante estos años?

Casualmente, en estos meses estuve en Colombia haciendo una serie y un poco por lo que me llamaron fue por 25 Watts. Querían algo que tuviera ese tono de comedia y no comedia, que jugara con el mismo estilo visual. Así que, sin quererlo, fue un año bastante teñido por ella. Y cuando estuve en Colombia también se inauguró el edificio nuevo de la cinemateca colombiana y se programaron veinte películas latinoamericanas influyentes, y 25 Watts estaba allí. Llevé a los actores de la serie a verla, que eran todos más jóvenes que la propia película, y chequeé con ellos cómo funcionaba en las nuevas generaciones. Y quedé bastante contento. En definitiva, es una película que ha estado siempre ahí. Y la hicimos en una época en la que era bastante más difícil hacer películas; la hicimos entre amigos, con poca plata y le fue bien, tuvo un reconocimiento importante. Para algunas personas sigue siendo una referencia, sobre todo en Latinoamérica. Hay una revista de cine en Ecuador que se llama 25 Watts, por ejemplo. Por otra parte, lo más importante de la película, más allá de que sigue siendo linda y funciona, es el hecho de que la mayoría del grupo que la hizo sigue trabajando en el cine, y muchísimos de ellos hicieron películas. Federico Veiroj, Daniel Hendler, Manolo Nieto, Arauco Hernández, pibes que estábamos allí y que logramos seguir. 25 Watts tuvo la cualidad de ponernos en el lugar correcto, en el momento correcto, rodeados de la gente correcta. Fue un punto de partida para algo que en algún momento alguien iba a arrancar. Nos tocó a nosotros.  

¿En algún momento le cansó que le mencionaran permanentemente la película?

Me pasa más con Whisky. Con 25 Watts es diferente. Fue muy iniciática para todos. Es otra cosa. De todas formas, hace algunos días me mostraron algo que decía que este reestreno era uno de los acontecimientos más importantes del año, y la verdad espero que no, porque sería tristísimo (risas). No hacemos esto para regodearnos de que el pasado fue mejor, sino porque queremos mostrar que la película marcó algo. Para bien o para mal, esta fue una película importante para el cine uruguayo y está bueno verla.

Hendler, Temponi, Tort y el murito, 18 años después

¿Cuántas veces la vio?

No tantas. La última vez fue en el 2006, creo. Arauco tiene una frase muy buena que dice: “Hacemos las películas que queremos ver y después no las vemos”. Me pasó eso. Y después de la muerte de Juan (Pablo Rebella) también se hizo un poco más difícil verla.

¿Cómo nota que envejeció la película? 

Hay películas que envejecen y otras que no, o no tanto. Pero es cierto que todas tienen un ciclo vital. Creo que sigue funcionando. Lo chequeé con esos pibes de Bogotá que no tienen nada que ver con lo que plantea la película, y entendieron los códigos. Aunque para ellos es ver un mundo que ya no existe, sigue funcionando y los chistes visuales, la cámara que gira, el Leche que se hunde en el vaso de agua, todo sigue gustando. Por eso vale la pena seguir mostrándola. Las películas son como un documento audiovisual del momento histórico en el que se filmaron. 25 Watts trae de vuelta el videoclub, el kiosco, el bar, el juntarse en el murito, el teléfono público, las maquinitas, cosas que ya no tenemos. Sin caer en la nostalgia, está bueno recordar que para bien o para mal eso era así.

Esas señas hacen también al culto que tiene hoy la película.

Puede ser. De igual manera, siempre tuve problemas con eso de que fuera una película generacional. Para mí nunca lo fue, porque un montón de personas de mi generación, por más de que se podían identificar con las cosas que hacíamos, no eran como nosotros. En realidad, éramos bastante aburridos y bajoneros, y teníamos unos problemas extraños. Además es una película muy de pibes, entonces no sé si puede ser un reflejo generacional. Lo que sí no puede evitar es ser muy uruguaya y de su momento. Las cosas que refleja son las cosas que pasaban. A eso me refiero con que documenta un momento histórico, pero no creo que documente fehacientemente a la generación de los 90, que fue la nuestra. 

¿Cuál cree que es el mejor personaje secundario de 25 Watts?

Me gusta mucho lo que hace Gonzalo Eyherabide con el Sandía. Él es un amigo de toda la vida; esa escena la escribió Arauco y quedó desde el principio. El Eye le dio una vuelta y se puso a decir cualquier cosa. Empezó a hablar como si fuera un tipo que realmente veía mucho porno de pibe. Hubo tres tomas y las tres fueron discursos distintos; pusimos la que más nos gustó, la que decía las cosas más graciosas. Y después el de Robert Moré. Ese personaje tenía otras características, decía otras cosas, y Moré lo cambió todo en el rodaje y nos encantó. De hecho, él inventó lo de Marmota Chico en un ensayo. Y todas esas escenas tienen en común al Seba (Alfonso Tort) caminando por la calle. Pensamos en ese personaje para eso, para que se fuera cruzando con estos personajes. Los secundarios están todos inspirados en gente que conocíamos o en situaciones que nos habían pasado, todo viene de las épocas en las que callejeábamos mucho, porque en la calle te encontrabas con gente muy rara, que a veces daba miedo y a veces risa. Con Juan nos cruzábamos con alguien así y enseguida nos poníamos a escribir una escena pensando en ese personaje. En los guiones pasaron muchos personajes que después no llegaron a la película. La Sandra, Peter Punk, el Galleta y muchos más. Tenían muchas escenas y de repente los borrábamos de un plumazo a todos. Son los procesos normales de guion.

¿Cómo recuerda hoy el rodaje?

Con bastante cariño. Éramos muy poco profesionales y bastante inocentes. Eso es algo que después es muy difícil de recuperar. He vuelto a filmar cosas con poca plata, gente y tiempo, pero hay algo que había en ese rodaje que no se repitió. Supongo que tenía que ver con el desconocimiento, la energía de la juventud y el entusiasmo absoluto. Filmábamos 48 horas sin parar, no parábamos para comer o comíamos mientras filmábamos. Me acuerdo de que se repartían unas milanesas al pan en bandejas y seguíamos de largo. Esas cosas ya no las hacemos más, y los jóvenes de ahora tampoco las hacen porque vienen de otro palo, tuvieron clases, incluso tuvieron clases con nosotros y les dijimos que eso no era lo ideal (risas). Ese tipo de cosas me vuelven siempre. Y también, que todo lo hacíamos sin una idea clara de lo que venía después, sin una idea de carrera. Siempre decíamos: “Lo hacemos ahora y después vemos”. Primero filmamos y después vimos cómo terminarla. Hacer la película y ver qué onda. Pero hacerla. En un momento hablamos con Juan de que no queríamos ser dos viejos que se sientan en un bar y le cuentan a un pibe que tenían una idea y no la filmaron, porque ya conocíamos gente con el envión, las ganas y hasta la plata que nunca empezó o se boludeó. Teníamos actores, cámaras y un guion. Así que nos pusimos a filmar.

¿Un final cut?
“La verdad, no hay material para hacerlo. Si hubiésemos tenido 50 mil dólares más, la película no hubiera sido muy distinta. El presupuesto no hubiese cambiado su espíritu. Quizá se hubiese escuchado mejor, porque no tuvimos tiempo de hacer mezcla de sonido. Pero tiene que ver con ese entusiasmo de hacer la película y estrenarla. Y que no nos importara nada más”, dice Stoll.
Funciones
Las funciones especiales de la película comenzaron el jueves pasado en Cinemateca y continuará en cartel los próximos días, siempre a la hora 21. Para acompañar las proyecciones, algunos días habrá charlas: el martes estará su director de arte, Gonzalo Delgado, y el miércoles su editor y productor, Fernando Epstein. 
El álbum de secundarios de 25 watts

Nadie puede negar que gran parte del alma de 25 Watts está en la colección de personajes estrafalarios que acompañan el día de tedio del Leche, Javi y Seba. Entradas y salidas repentinas, escenas colgadas que son un producto en sí mismo, frases sobre la vida que no tienen mucho sentido –o sí– y que se podrían imprimir en remeras, todo conforma un universo tan extraño como conocido que bien podría formar parte de un álbum de figuritas de la película. Ya lo dice Pablo Stoll en la entrevista contigua: gran parte de la diversión de escribir esta historia estuvo en retratar a esos personajes cotidianos que, muchas veces, se basaban en personas reales que se cruzaban por la calle. A continuación, una selección caprichosa de seis de ellos. Los que faltan quedarán pendientes para el aniversario número 25. 

 

Gepetto, el delivery 

Actor: Roberto Suárez

Qué hace: Gepetto, repartidor de pizza, se encuentra con el Seba en una esquina. Ahí le cuenta su pasado como blandengue y le habla de las “voces”.

Frase: “Simón dice:  pegales. Simón dice: patealos. Y un grito de blandengue es un grito de blandengue, viste. El guacho quedó medio mal”.

 

Pitufo, el loco de los Guinness

Actor: Silvio Sielsky

Qué hace: Trabaja con el Sandía en el videoclub. Obsesionado con el récord Guinness, pretende meterse en él con Kiwi, un niño que quiere dominar la pelota más de 15 mil veces.  

Frase: “¿Sabés cuál es único uruguayo en el Guinness? El tipo que estuvo aplaudiendo sin parar más tiempo”.  

 

Sandía, el del videoclub

Actor: Gonzalo Eyherabide

Qué hace: Regentea el videoclub. Le explica al Seba las bondades del porno y sus derivados.

Frase: “La verdad está en las porno. Ahí está la vida real. Yo las porno las miro por eso, no por las minas. El porno es la vida. Son la vida hecha realidad”.

 

La abuela del Leche

Actriz: Judith Anaya

Qué hace: Básicamente es un mueble más en el apartamento del Leche. Pero todos la quieren mucho y hasta funciona como tierra para la antena para la TV. 

Frase: “¡Abuela! ¡Mano abuela!”

 

Hernán, el amigo hippie

Actor: Valentín Rivero

Qué hace: Es el primer secundario que se cruza en el camino de los tres amigos. Tira postas sobre la vida, Floripa y la Luna del Cabo Polonio.Es el que le da porro a Gerardito.

Frase: “¡Abran la cabeza, burgueses!”

 

Rulo, el falopa

Actor: Robert Moré

Qué hace: Se cruza con el Seba después de salir de la cárcel. Su vida la dedica a las drogas, el alcohol y a estar con Chopo y Menchaca.

Frase: “¡Marmota Chico! Tas grande, Marmota Chico ¿Y el Marmota? Harto delincuente el Marmota”.

 

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