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Benedetti, 60 años con Luz se puede ver en salas uruguayas desde el jueves

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60 años y 40 dedicatorias: la historia de amor entre Benedetti y su esposa que llegó al cine

La relación entre el escritor uruguayo y Luz López es el eje del último documental de Andrés Varela, que se estrenó esta semana en cines

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23 de septiembre de 2022 a las 05:04

Aunque puede resultar paradójico, a veces apostar por las figuras totémicas no es tan sencillo, sean de la música, del fútbol, de la política, o de lo que sea. Hurgar en esas vidas archiconocidas, que parecen estar ahí colgadas en la vidriera de la cultura popular desde siempre y encontrar un pliegue nuevo que escarbar, un retazo de información no dicha o un rincón no iluminado puede ser una empresa destinada al fracaso desde el comienzo. Lo bueno es que si se tiene éxito algo quedará: la certeza, al menos, de que no sabemos todo de todos, ni siquiera de aquellos de los que parecen haberse contado todos los cuentos. Y eso es algo bueno.

Este año, el documentalista Aldo Garay lo buscó por partida doble: sumó nuevos retazos a las historias de la pareja de José Pedro Díaz y Amanda Berenguer en El filmador, y encima le encontró un costado inédito –a través de los ojos de Francisco “Papico” Cibils– a la leyenda de Alfredo Zitarrosa en Guitarra blanca, que todavía está en cartel. Ahora se suma una nueva propuesta que, en una línea similar, traza nuevas líneas sobre un territorio que parecía totalmente explorado: el de Mario Benedetti.

El escritor montevideano es el protagonista de la última película de Andrés Varela, pero no es el único, o al menos no se cierra en él; Benedetti, 60 años con Luz, abre la puerta del universo privado del autor de La tregua y habilita la entrada –o mejor dicho: la salida– de Luz López, su esposa y la mujer que lo acompañó durante seis décadas. Una figura que siempre se mantuvo al margen, pero que fue fundamental, que marcó el tempo sentimental de este hombre de letras y a la que él le dedicó más de cuarenta libros de poemas, entre otras muchas, tantas cosas. 

Varela, que encabeza el equipo de Coral Films junto a Sebastián Bednarik y que ha sabido meterse en otros asuntos de la historia popular uruguaya a través de sus documentales, encaró a Benedetti desde un costado muy diferente al que terminó siendo la película que desde el jueves se puede ver en salas: empezó por la idea de adaptar La tregua a una serie de televisión. Título preponderante dentro de la bibliografía del autor y originaria, entre otras ramificaciones, de la recordada película de Sergio Renán de 1974, Varela y su equipo pretendían darle otro formato a esa historia y todavía lo piensan, ya que el proyecto no se descartó. Pero sí se puso a un costado cuando ciertas revelaciones aparecieron en el camino de la documentación.

Las revelaciones: 

  • Que Mario y Luz pasaron 60 años de su vida juntos, hasta que ella contrajo Alzheimer y se olvidó para siempre de él. 
  • Que durante los últimos tres años de su vida, Benedetti arrastró el olvido de la persona que lo amaba.
  • Que la familia de Luz, ballista de raíz, tenía una pata fuertemente colocada en la vida militar, con primos y parientes que formaban parte del cuerpo del Ejército uruguayo. Que esos mismos militares, especialmente un tío, estuvo muy cerca de la pareja y la ayudó, incluso, en el exilio y a pesar de las ideas políticas de Benedetti. 
  • Que, a pesar de quedar a un costado, Luz fue importante para la dirección de la vida literaria del autor. 

Y eso alcanzó. La serie de La tregua se transformó en Benedetti, 60 años con Luz. Una producción diametralmente opuesta.

Benedetti, 60 años con Luz se puede ver en salas uruguayas desde el jueves

Hasta el final

En su momento, Andrés Varela también “mató” a Benedetti y se decantó por otras lecturas. El acto parricida contra el autor de Gracias por el fuego suele ser un golpe corriente propinado por diversos lectores vernáculos –llevado al extremo y de forma sonada, entre otros, por Gustavo Escanlar–, uno que, además, en general viene acompañado con la idea de que su literatura es utilitaria, para adolescentes enamorados o de póster. Fue durante la investigación para esta película que su opinión cambió radicalmente.

“Tomé conciencia de lo difícil que es ser simple –dice el realizador–, de ese talento que tenía él para extender un puente de comunicación con muchísimas franjas de lectores, de llegarles de la manera que les llega. Me acerqué mucho más a su vida íntima y al lugar desde donde él cultivaba esa forma de escribir, encontré su gran virtud. Creo que es difícil reconocerla, pero es un privilegio que muy pocos artistas tienen. Son muy pocos los que lo logran. Hay cierta vergüenza, sobre todo de parte de algunos sectores intelectuales que lo consideran como el audiovisual considera a la publicidad, por ejemplo, y a la cuestión de lo comercial o no comercial. Hoy seguimos con una idea sesentosa de que el arte y la cultura se tienen que mover dentro de la marginalidad y dictada por el intelecto cerrado que no le da permiso o acceso a todo el mundo. Mario sufrió mucho eso. Lo sufrió en la Generación del 45 y lo sufrió después cuando volvió luego de la dictadura. Le costó críticas desde los cuatro costados”.

Algo de eso está en su documental, pero de manera solapada. Lo que impera es esa apertura del “mundo íntimo” que menciona él y cómo lo que empezamos a conocer del escritor arroja líneas a su relación con Luz, a quien conoció a los 14 años –ella tenía dos menos. El viaje de Benedetti, 60 años con Luz, entonces, se pauta a través de imágenes de archivo, voces en off y, de vez en cuando, entrevistas en cámara a algunas de las personas que rodearon y conocieron a la pareja: familiares, la biógrafa Hortensia Campanella, Mauricio Rosencof, José Mujica, el escritor y agente literario Guillermo Schavelzon y hasta Joan Manuel Serrat. 

“La película parte de Benedetti para lograr entrar al universo interior de Mario, a su imaginario. Llevamos al máximo posible la presencia de Luz, aunque el material no era el mejor o no existía en gran cantidad. Teníamos muchos relatos, anécdotas, pero no el material visual que necesitábamos para que la película no se contara únicamente a partir de la palabra. No queríamos hacer una película sobre Benedetti, no era la intención; había que atender a que Luz interactuara de forma interesante con él y que se fuera construyendo ella misma como personaje”.

¿Y quién es Luz López, a fin de cuentas? ¿Hasta qué punto cambió la vida de Benedetti? Ese parece ser el leit motiv de la película, que la muestra primero como una mujer preocupada por llevar la pareja y la casa adelante, encargada en buena medida de las finanzas de ambos; luego, como una compañera independiente, salvavidas en el exilio, lectora total de la obra del escritor.

“Luz tiene un camino recorrido. Es una lectora insaciable, pinta, dibuja muchísimo, ella elige estar junto a Mario y no desarrollar esas áreas de su vida. Pero tiene un bagaje que la acompaña el resto de su vida y la define. Paulatinamente, fui entendiendo el tipo de mujer en el que ella misma se fue transformando: de aquella que trabajaba en la Aduana y mantenía la casa mientras Mario, con sus ocho libros financiados por él y que no leía nadie, seguía sacando préstamos del BROU; ella hacía el camino de hormiga acompañándolo. Con el paso del tiempo, cuando están en el exilio, Luz se encarga de las madres de ambos, y posteriormente ella empieza a viajar, a ir y venir a La Habana, visita a Mario. Cuando se van juntos a España, esa independencia la sigue manteniendo”, repasa Varela.

Benedetti, 60 años con Luz se puede ver en salas uruguayas desde el jueves

“Ellos tenían una relación de avanzada –agrega–, no solamente por la postura de Luz, sino también por la de Mario, para quien era totalmente natural ese tipo de comportamiento independiente. Ellos lo asumen de forma natural como pareja, como forma de vida que mantienen hasta el último minuto. Se basan en la confianza y en una idea común de vivir la vida de esa manera. Eso también es lo que termina de generar para Mario la atracción por Luz. Ella era una mujer que le daba un espacio de libertad y de manejo, y viceversa, que se manifestó en el interés y el amor que nunca se dejaron de tener”.

En ese sentido, hay un punto en que los coletazos de esa relación, sobre todo de su final, escapan de la pantalla y, si no cambian, al menos ponen en tela de juicio algunas de las palabras que se suelen decir sobre parte de la obra del autor uruguayo. Con la inclusión de Luz en la ecuación algunas frases tanto ruido ya no hacen, algunos versos cobran nuevos sentidos, ciertas direcciones literarias recuperan el rumbo. Varela, por lo pronto, lo siente así: como parte de una reconección con una literatura condenada por “simplona” que, sin embargo, guarda algún secreto más. 

Y de eso se trata, entonces. De volver a mirar el lugar por donde ya dejamos pasar los ojos. Repasar las grandes figuras desde otra óptica, repasar a Benedetti. Y en el camino encontrar nueva Luz.

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