14 de mayo 2021 - 5:03hs

Alfredo Antía, presidente de la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU), nunca pensó que mantendría una reunión con autoridades del Fondo Monetario Internacional, que llegaría a hablar con los jerarcas nacionales más importantes o que tendría una agenda plagada de reuniones y compromisos.

Fue electo en noviembre del año pasado por la mayoría de las 600 empresas habilitadas por la CIU para votar. Sus días suelen ser muy ajetreados y le es difícil encontrar un hueco para hacer otra cosa que no implique trabajar.

Opina que, en cuanto a la realidad que vive la industria uruguaya, lo que encabeza la lista de prioridades “es solucionar la pandemia”. Si bien Antía es consciente de que el sector presenta un estancamiento desde antes de la emergencia sanitaria, comentó que los efectos de la crisis se están viendo ahora y eso implica tomar acciones para paliarlos.

Asimismo, el cierre de fronteras implicó la oportunidad de que la industria nacional llegara a zonas de Uruguay que eran imposibles por la diferencia cambiaria con Argentina y Brasil.

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Esto abre la interrogante de qué pasará cuando se pueda volver a salir del país.

Considera que las compañías están viviendo “el día a día”. Por el momento, no hay una planificación certera de cómo será el porvenir tras la salida de la pandemia.

De igual modo, aclaró que hay “deberes” por hacer para mejorar la competitividad y darle impulso a la industria uruguaya. Esto va de la mano con la necesidad de abrirse al mundo, en medio de una situación en donde el Mercosur no está colaborando al respecto.

También resaltó que las pequeñas empresas han sido de las más afectadas y eso ratifica la necesidad de que puedan llegar a las góndolas de los supermercados.

¿Qué sucedió ante la llegada de la pandemia con el período de estancamiento que ya presentaba la industria?

Veníamos de un período de contracción muy largo: desde el año 2012 no crece o más bien decrece la industria de forma consecutiva. Esto nos encontró, en el año 2020, con un tobogán de la economía en general que fue muy duro, sobre todo en el primer trimestre.

Por mayo o junio, la economía empezó a rebotar y nosotros vimos un crecimiento en V al mes de octubre.

Pero ahí nos encontramos con la primera ola, y el cierre de fronteras hizo que Uruguay se perdiera esa demanda adicional que viene del turismo.

Esta situación se mantiene hasta ahora. El cierre de fronteras implica, también, que parte de los industriales puedan llegar a zonas donde antes era imposible, por la diferencia cambiaria con Argentina y Brasil.

¿Cómo impactó la falta de turismo externo?

La falta de esa demanda adicional pegó fuerte en la industria. Pero creo que ahora hay que mirar para adelante, porque ese tiempo ya pasó. Tenemos deberes por hacer para que la actividad se recupere de forma plena. Por ejemplo: tenemos problemas de competitividad y de sostenerla en el futuro.

Esto pasa por arreglar asuntos laborales pendientes, tener tarifas de energía que sean competitivas con los países vecinos, tener más mercados libres de aranceles.

¿La flexibilización del Mercosur cómo impactaría en el marco de estos deberes?

Hay una frase que dijo el expresidente Luis Alberto Lacalle: `Pecamos de excesivo optimismo´. Y la verdad que cuando uno piensa en un mercado integrado, estamos tan lejos. No llegamos a ser un acuerdo de libre comercio, menos somos una unión aduanera, yo creo que estamos a mitad de camino entre una cosa y la otra.

Ahí nosotros acompañamos la posición que tiene el gobierno, porque Uruguay es un país chico y necesita tener una visión hacia afuera para sobrevivir.

Las pequeñas empresas son de las más afectadas por la pandemia. ¿Hay planes al respecto o no es prioridad?

Este segmento es el que más ha sufrido. Asimismo hay un aspecto que se vuelve contraproducente porque no participan de los acuerdos salariales pero deben pagar los salarios que allí se acuerdan. Esto hace que su competitividad se vea reducida y estas compañías son la enorme mayoría dentro del país. Hay que cuidar cuál es la competitividad que tienen, en sus costos y en la posibilidad de llegar al mercado.

Hemos hecho algunos esfuerzos a nivel de cámara, seguramente insuficientes, a la hora de tratar de instalar este concepto de que la industria nacional tiene que tener la chance de mostrarse en las góndolas.

Vi el artículo de la emprendedora que no pudo obtener un permiso de Bromatología en Montevideo. Ese es un ejemplo de que debemos tender a equilibrar cuáles son las medidas que se aplican en uno y otro lado, porque la industria es una sola. Hablamos de salario, de energía pero no hablamos cómo el Estado se mete en las actividades privadas y termina siendo un contrapeso al desarrollo.

Se habla del fin de la pandemia. ¿Se planifica la salida o el largo plazo no está contemplado?

Lo más importante es salir de la situación sanitaria. Una vez que salgamos, creo que hay que cuidar esa salida, hasta que estemos seguros de que recuperamos parte de la vieja normalidad.

Eso es meterse un poco en el futuro, y no sabemos qué es lo que va a ocurrir. Por el momento, lo ideal es paliar los efectos de la crisis, siempre teniendo claro que de esta situación se va a salir.

Además, hay sectores que presentan una recuperación rápida.

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