Quienes hayan pasado el viernes y sábado a la noche por la puerta del Teatro Solís se habrán sorprendido por las seis camas blancas que yacían en el exterior del establecimiento. Las personas que descansaban en ellas no eran parte de una protesta inusual sino de la intervención urbana Todo lo que está a mi lado, del argentino Fernando Rubio, que se presenta los viernes y sábados de marzo debajo de las escalinatas del teatro.
Luego viene el encuentro con la actriz, y esa mezcla de incomodidad, curiosidad, alerta y empatía que generan este tipo de propuestas. La sensación por momentos es la de ser un niño al que le cuentan un cuento antes de dormir, por otros es como si la mujer que nos observa se convirtiera en reflejo del espectador, en una voz interior, en un ángel custodio (no hay nada más fuerte que mirar los ojos del otro y sentir empatía). Esto se logra a través de un relato que es impersonal, pero a la vez fácil de interiorizar.
“El texto está construido en segunda persona, en esa línea que yo trabajo de construir un espejo con el espectador. Hace un recorrido por la infancia o la inocencia, la pérdida y el alivio posterior a la pérdida, generando un efecto circular”, explicó Rubio, quien estuvo presente en Montevideo durante el estreno de Todo lo que está a mi lado, acompañado por su amigo Gastón Pauls. El autor se caracteriza por sus puestas no convencionales, como la obra que desarrolló en la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros de detención clandestinos de la dictadura argentina, además de ser actor y realizador de documentales y DVD de artistas como Fito Páez y Attaque 77, entre otros.
Al ser consultado por las reacciones de los espectadores, Rubio dijo sentirse sorprendido por la recepción de su obra en Montevideo. “Siento que hay una profunda capacidad de reflexión en el público montevideano. Las reacciones son todas conmovedoras, al punto que el otro día se acercó una mujer y me dijo: ‘¿Sos el director? ¿Te puedo abrazar? Sentí que este texto estaba escrito para mí. Estoy saliendo de un cáncer y estoy intentando afirmarme en la vida y gestos como estos me hacen sentir que puedo hacerlo’. Cuando pasan esas cosas y te das cuenta de que a través de una obra se puede llegar a provocar un pequeño acto tan conmocionante, siento que ahí el teatro tiene una posibilidad enorme de dialogar verdaderamente con su época y con los lugares que las obras atraviesan”, añadió Rubio.
La empatía se genera también del lado de las actrices, que provienen del país en el que se representa la obra. “La sensación que tienen es como si realmente quisieran a los espectadores, como si atravesaran un lugar con esos desconocidos que se transforma en algo inagotable, permanente y que no quieren perder”, sostuvo el director.
Rubio planea estar en contacto con Uruguay este año ya que está pensando traer su obra Pueden dejar lo que quieran al Centro Cultural de España. El autor, también entró en contacto con Gabriel Calderón, quien lo invitó a dar un taller, y Mariana Percovich, otra directora conocida por sus puestas en espacios no convencionales, y que actualmente tiene en cartel Proyecto Felisberto.
Rubio dijo además haber quedado tan “fascinado” con Bienvenido a casa de Roberto Suárez que está trabajando con dos actores de esa obra, Soledad Pelayo –presente en Todo lo que está a mi lado– y Gustavo Suárez, con quien está preparando un proyecto sobre Horacio Quiroga. Datos
Viernes y sábados de marzo a la hora 19, 19.15, 19.30, 19.45 y 20. Precio: $ 100