Las exportaciones del campo representan el 70% de las exportaciones del país y más del 90% de las divisas netas.
En los últimos 21 años, desde que fueron impuestas las retracciones a las exportaciones, los productos agropecuarios aportaron unos US$ 200.000 millones a las cuentas públicas.
En el anuncio devaluatorio del martes 12 el ministro de Economía, Luis Caputo, prometió “beneficiar a los exportadores con un mejor precio y equiparar la carga fiscal para todos los sectores, dejando de discriminar al sector agropecuario”.
El mejor precio –en un momento de valores internacionales flojos de las materias primas– se desprende del salto del tipo de cambio del dólar oficial desde $ 365 a más de $ 800 de un día para el otro.
Pero esa corrección no es tan importante respecto al “dólar exportador” a $ 650 que estuvo vigente hasta el 8 de diciembre.
La contrapartida ha sido una suba en las retenciones a lo que en Argentina se llaman las economías regionales, así como a productos como la carne y el maíz. Lo que en campaña era eliminar o reducir los tributos a la exportación se equiparaba hacia arriba y no hacia abajo, aumentando a 15% las retenciones a todos los productos exportables.
La llamada Mesa de Enlace que agrupa a varias gremiales agropecuarias salió a plantear la oposición al aumento en las retenciones.
En el trigo y el maíz subirían del actual 12% a 15%, para la carne de 9% a 15% mientras que para la soja las retenciones bajarían de 33% a 30% en el caso de las exportaciones de poroto y de 31% a 30% para harina y aceite.
Empujón para la competitividad
Más allá del apoyo inicial al sinceramiento del tipo de cambio y otros aspectos de las medidas de emergencia, esto generó las primeras rispideces entre el gobierno y las gremiales.
En el medio del fuego cruzado dejan al secretario de Bioeconomía, que hace las veces de un ministro de Agricultura de Uruguay, que salió este jueves a aclarar a través de una vocera que “el secretario Vilella coincide con la Mesa de Enlace en la preocupación por este aumento al 15% de los derechos de exportación. No solamente coinciden en esto sino en el concepto de que es el peor impuesto para el sector productivo”.
El presidente de la Federación Agraria, Carlos Achetoni, dijo que en campaña Milei prometió hacer completamente lo contrario y que, por lo tanto, esto es una “mentira” a todos los argentinos que lo votaron.
Pero más allá de los enojos, seguramente empieza una nueva etapa de expansión para el agro argentino.
El gobierno va a contar con una buena cosecha de soja y maíz que generará ingresos sustantivos a partir de marzo. Acaba de recibir la buena noticia de un incremento en la actual cosecha de trigo de 13,5 a 14,5 millones de toneladas por rendimientos encima de lo esperado en el cultivo de invierno afectado por la sequía, pero que no tendrá una cosecha tan mala como se suponía.
El agro en Argentina. La suba del tipo de cambio favorece más a la soja y a los cereales, y así puede verse que la Bolsa de Cereales ha respaldado firmemente a las medidas.
Estimó que, al combinar ambas medidas –la cotización del dólar y el incremento de retenciones– el poder de compra del maíz mejoraría en US$ 17 por tonelada y en trigo US$ 19 por tonelada.
Las medidas le devuelven competitividad al agro, aunque el encarecimiento del dólar importador complica por el lado de los costos, por ejemplo de los fertilizantes.
El proceso de reordenamiento cambiario ya comenzó a tener un impacto favorable en el sistema de formación de precios agrícolas del mercado argentino.
El agro en Argentina. Ingresos fiscales adicionales
Tal vez la peor noticia para el agro es que empeora la relación insumo producto al pagar insumos a un dólar importador de $940 ($800 +17,5% de impuesto PAIS) y cobra un dólar de entre $714 (con 15% de retenciones) y $586 (con 30% de retenciones), según el economista jefe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), David Miazzo
Si esta medida es solo por tres o cuatro meses, en granos no afecta tanto porque ya está todo sembrado y recién afectaría a la campaña de invierno 2024/25.
Pero en el balance cabe esperar un aumento en la oferta de granos, tanto del que está embolsado como el de las cosechas futuras que se estiman entre 48 y 50 millones de toneladas de soja, 45 millones de toneladas de maíz y 14,5 millones de toneladas de trigo.
La respuesta de Chicago y del trigo de Uruguay esta semana fue la de una leve baja.
Según los datos de la Bolsa de Cereales y de la Bolsa de Comercio de Rosario, con proyecciones de poco más de 14 millones de toneladas en trigo y 100 millones de toneladas entre soja y maíz, se calcula que ingresen entre US$ 38.000 y US$ 40.000 millones por la cosecha de los principales granos y sus derivados en 2024.
Un panorama más alentador respecto a la desastrosa campaña 2023: se liquidaron casi US$ 18.000 millones, la mitad que a la misma fecha de 2022.
"Para el próximo año el agro podría aportar ingresos fiscales extra que van a ser fundamentales para la estrategia del próximo gobierno de ir al equilibrio fiscal, por lo menos 2 puntos más del PBI creemos que puede aportar en derechos de exportación", dijo el economista Santiago Manoukian.
Fuentes de la exportación indicaron que para 2024 ya existen prepagos derechos por 9 millones de toneladas en trigo y 11 millones de toneladas de maíz y 3 millones de toneladas de soja.
Para el próximo año se calcula que habrá una recaudación por retenciones de US$ 7.000 millones. En 2022 fueron US$ 9.773 millones de dólares y ese número cerraría en US$ 4.120 millones en 2023 por efecto de la sequía, según la Bolsa de Comercio de Rosario.
El agro en Argentina. Desfasaje inflacionario interno
La carne, que va a cerrar un año récord de exportaciones, espera crecer nuevamente el año que viene, aunque es uno de los sectores que en los papeles tributará más por exportaciones.
El sector lácteo podría ser exonerado, como lo está desde hace unos meses y hasta el 31 de diciembre por una resolución del exministro Sergio Massa.
Las complicaciones mayores pueden esperarse para tamberos y productores de ganado, de aves y cerdos que verán encarecidos insumos como el maíz para alimentar a los animales, o los fertilizantes.
“Todo lo que es consumo interno va a quedar desfasado inflacionariamente y va a costar que la demanda responda a los valores que deberían tener sus productos, cuando tienen que afrontar insumos dolarizados”, advirtió el presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Carlos Castagnani.
El jueves 14, después de reunirse con el titular de la cartera de Bioeconomía, los miembros de la Mesa de Enlace dijeron que se planteó la futura liberación total de exportaciones de carne, eliminando las restricciones a siete cortes populares impuesto por la administración de Alberto Fernández en mayo de 2021.
Los ruralistas aseguraron que el gobierno les dijo que las retenciones son temporales y que se comprometieron a analizar sector por sector el impacto de gravar a todos con 15%, porque hay cadenas como la lechería que las gremiales entienden que no resisten ningún tipo de presión, más allá de la mejora del tipo de cambio.
Los cambios en las retenciones todavía tienen que pasar los trámites legislativos y las negociaciones políticas del caso.
“Lo importante es bajar la brecha de lo que recibe el productor en forma relativamente rápida”, dijo Vilella antes de asumir y “dar señales donde las inversiones puedan ser recuperadas”.
Consideró que “cuando se alinee todo este conjunto de elementos, creemos que van a generar en los distintos actores económicos el incentivo para mejorar sus inversiones y su renta”.
J. Mabromata / AFP Mercado de Linieres, en Buenos Aires. ¿Qué pasa con la ganadería?
La intención de los productores será de apostar al crecimiento, pero en el corto plazo eso no será posible.
Las exportaciones pueden crecer sobre la base de un derrumbe del consumo interno que ya llevaron a un salto de las exportaciones este año. Tras la sequía la faena de este año va a sumar 14,6 millones de cabezas (segundo mayor registro histórico).
Después de un año de exportaciones récord en 2023, proyectadas en 940 mil toneladas al cierre de diciembre y con una facturación de unos US$ 4.000 millones, con el cambio de gobierno y las condiciones que se espera que tengan los exportadores, la expectativa es que ese volumen sea el piso para 2024. El techo se ubica en 1,065 millones de toneladas unas 125 mil más según las proyecciones de CREA.
La faena en 2024 debería bajar a unos 12 millones de cabezas y el peso medio de faena debería subir unos seis kilos a 232 kilos con una recuperación plena de la base forrajera; habrá una contracción de la oferta bastante importante y recuperación de precios de la hacienda.
Este año la caída en el stock de vacas fue de 1,29 millones de cabezas y la estimación de 1,66 millones de terneros menos en 2024 por efecto de esta liquidación de vientres como consecuencia de la sequía dejará el crecimiento para más adelante.
Las proyecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyectan que Argentina sume 60 mil toneladas en 2024, aunque desde un piso más bajo. El organismo estadounidense estimaba 840 mil toneladas exportadas para 2023 y 900 mil el año que viene.
AFP Puerto de Rosario, exportación de cereales. Fase de expansión
Los productores, tanto agrícolas como ganaderos, entienden que la baja de las retenciones y la liberalización de las exportaciones es un objetivo que será difícil alcanzar en el corto o mediano plazo.
Generar las condiciones para eliminar las retenciones será complejo y llevará más tiempo del que se podía esperar ante las promesas electorales de Milei.
Además de trabajar en el campo, una gran cantidad de pequeños productores –como el resto de los argentinos– deberá hacer frente a los costos de sincerar la economía: la aceleración de la inflación, el incremento del valor de las tarifas y la reducción del poder adquisitivo.
Pero es claro que Argentina empieza una fase de expansión en sus exportaciones y que algunas ventajas de corto plazo que tuvo Uruguay quedarán relativizadas. Tal vez para tener luego la ventaja de contar con un vecino más estable y previsible.
Producción de bajo impacto como Marca País
Fernando Vilella, ministro de Bioeconomía –que sustituye a la Secretaría de Agricultura y Ganadería– tiene la idea de construir una marca país que asocie a Argentina al bajo impacto ambiental de sus sistemas productivos.
Esta mirada debe estar asociada a las mediciones de la huella ambiental de los productos para “tratar de identificar a la Argentina con un país de productos amigablemente con el ambiente”.
Para la ganadería propone ir hacia un sistema de trazabilidad individual del ganado y sostuvo que “puede jugar algún rol en la diferenciación del bife argentino en los mercados internacionales”, y, a la vez “perfecciona tu propio sistema productivo, gana en eficiencia”.
“En carne vacuna hace muchos años que estamos estancados”, afirmó, y se mostró partidario de construir las condiciones para convertir harina de soja y granos de maíz –los dos principales rubros de exportación del país- en carne y no comercializarlos para que otros produzcan animales.