2 de octubre de 2012 12:28 hs

Ana Torrejón estudió letras y periodismo y empezó como cronista. Harper’s Bazaar es la tercera revista femenina que dirige. La primera fue Claudia. La segunda fue Elle, donde estuvo 14 años. Con “Bazaar”, como le dice Torrejón, empezó hace poco más de un año. Si bien carga en las espaldas con un siglo y medio de tradición, dice que pretende darle a la versión argentina de la revista una mirada fresca y desprejuiciada. No tiene empacho de definirse como “feminista”, aunque el término esté un poco demodé, y se proclama defensora de las camisas del Altiplano de Evo Morales. “Queremos construir contratos de lectura y contratos visuales con nuestros lectores”, dice, sentada en un sillón violeta dentro del salón Los Robles del LATU, donde se desarrolló la MoWeek y adonde llegó invitada por la marca Sedal.

Usted escribió en su cuenta de Twitter apenas llegó: “Río marrón, cielo gris, calma alrededor. Montevideo inspira”. ¿Qué le inspira Montevideo?
Yo tengo una relación con Montevideo muy profunda y en muchos aspectos. Al principio la descubrí en paseos y después con el correr del tiempo la descubrí en interacciones de la vida profesional y siento que he construido con los años un vínculo muy profundo que se retroalimenta y es porque estamos participando de procesos creativos y comunicativos muy afines.

¿Hay una relación entre una ciudad y la moda de sus habitantes?
Sí. Pero no me gusta hacer particularizaciones. Yo trabajo la moda y la indumentaria como un hecho eminentemente humano. Es un lenguaje que cada uno desarrolla, componiendo en torno de su propia anatomía. Expresa un montón de cosas: emociones, intuiciones, pertenencias, y es elocuente la manera de vestir de cada uno de nosotros, como la de un conjunto poblacional. Somos presencia, por tanto ejercemos un lenguaje y lo ejercemos con órganos no sonoros. Cada sociedad tiene sus maneras propias de expresión, que no podemos definir por ejercicios banales o dogmáticos como los postulados del gusto. Yo no creo en esas categorías. Para mí, buen y mal gusto no significan nada y estoy en contra de las clasificaciones que tienen que ver con el deber ser. Si vamos a trabajar la moda desde un sentido profundo, como la comunicación, nos competen indagaciones profundas. La moda es un fenómeno muy heterogéneo, de una trama muy extensa construida de una manera muy compleja. Es muy difícil abarcarla y explorarla. Nosotros articulamos un lenguaje cargado de compromiso, que no es ni banal ni comercial.

¿Cómo incide la economía de un país en su forma de vestir? ¿Qué sucede hoy en la región, que no ha sufrido los coletazos de la crisis?
Desde 2005 en Argentina se ha priorizado la industria nacional. La confección ha sido una parte importante de la matriz inclusiva. Hoy el mercado interno está consumiendo mucho producto argentino. La incidencia del producto que viene de afuera es muy baja. Hay dificultades con las marcas internacionales de lujo que por las leyes vigentes han cerrado. Louis Vuitton se acaba de ir de Argentina. Esto ha dado potencial para que se desarrollen muchas marcas nacionales. En términos de capital simbólico, hablar aquí de una MoWeek es importante. Es una plataforma en crecimiento de intercambio entre marcas, creadores, industria, para pensar cómo queremos representarnos. O Lumina por ejemplo, el certamen de donde tengo el honor de ser jurado.

¿Siempre hay que estar mirando a las metrópolis como referencia? Se puede crear tendencias desde América del Sur?
Depende de los medios y de los claustros académicos. Si desde los medios y las matrices de enseñanza buscamos respuestas profundas, entonces vamos a poder crear nuestras propias corrientes y tendencias. Si nuestras matrices son banales entonces vamos a seguir subiéndonos a lo global. Que no está mal, pero las expresiones locales son diferentes.

En Argentina se generan debates sobre cómo se viste Cristina Fernández de Kirchner, y en Uruguay muchas veces se critica a José Mujica por vestirse mal. ¿Qué tan importante es la vestimenta en un mandatario?
Nada me fastidia más que la representación del “deber ser”, porque eso no es la realidad. Los protocolos no deben ser los del siglo XIX. Las sociedades han evolucionado y mucho. El traje social masculino viene de aquella época. Los gobernantes se visten de acuerdo a lo que creen. A mí me parece maravilloso que “Pepe” Mujica haya ido al Colón con su chaqueta de protocolo habitual. Porque no le vamos a pedir que se vista como un dirigente situado a la derecha. Cuando Evo Morales utiliza una chaqueta típica del Altiplano para una cuestión protocolar está muy bien: esa es la manera en que cree que cumple con su representación simbólica. ¿Qué es lo femenino? Es un término muy vaciado de contenido. Un hombre puede ser femenino. Miremos a Cristina Fernández y Angela Merkel: las dos son dirigentes, las dos toman decisiones de cuál es la imagen que quieren tener en el universo de representación. Yo no opino sobre cómo se viste una persona determinada nunca. Estoy totalmente en contra de esos “opinólogos de red carpet” que dicen qué está bien y qué está mal.

Pero usted es la editora de una revista como Harper’s Bazaar, donde todo el tiempo se está bajando línea acerca de cosas buenas y malas sobre la moda.
Trabajamos de una manera mucho más técnica. Nosotros observamos las tendencias y las corrientes y las transformamos en discurso: mensajes escritos y códigos visuales. No hacemos un solo mensaje, tenemos una pluralidad de mensajes que se yuxtaponen. Para dar una idea general. Trabajamos para nichos multitarget. Construimos basados en nuestra estética y en nuestra ideología, en nuestros valores. Nuestras opiniones van más allá del “me gusta o no me gusta”, que son categorías muy poco útiles.

¿Cómo es el perfil de los lectores hombres de las revistas femeninas?
Harper’s Bazaar tiene 146 años de historia. Es la revista “femenina” más antigua del mundo. Esa es la definición. Pero nosotros no creemos que haya un periodismo para mujeres y para hombres. Hay un periodismo. No escribimos crónicas para mujeres. Escribimos para lectores, hombres y mujeres. Estimo que el 14% de nuestros lectores son hombres. Y ponderan esta postura de Harper’s Bazaar de leer la moda dentro de la trama de la lectura. Estamos en el camino de hacer Harper’s Bazaar Hombre.

Hace unos días estuvo en Japón y se quiso llevar un kimono tradicional. ¿Qué prenda se llevaría de aquí?
Tengo fascinación con prendas que se hacen acá en lana cardada. Una asignatura pendiente es tener un abrigo de Ana Livni. Me encanta lo que hace. Es algo que me debo a mí misma. En Uruguay siempre estoy descubriendo cosas fantásticas.

Mas noticias de moda y estilo en www.zillertal.com.uy

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos