29 de enero de 2015 13:45 hs

En un mundo globalizado y ávido de alimentos, las empresas agroindustriales de Uruguay no escapan a las preocupaciones cotidianas de gerenciamiento. Conceptos como estrategia y planificación se han internalizado con distintos grados de éxito y convencimiento, persiguiendo mayores niveles de eficiencia y ganancias sostenibles. Un rico debate en este sentido es si la gerencia debe priorizar las partes o el conjunto, el corto o el largo plazo.

Con el fin de aportar a la discusión sin pretender ser dueño de la verdad, vale la pena compartir ciertas convicciones construidas a lo largo de los años en base a confrontar la teoría con la realidad. Si bien el campo de la gerencia es amplio, propongo referirnos al estado de armonía entre las decisiones de tecnología, capital humano y estructura como forma de contrastar: partes con conjunto y corto con largo plazo.

Imaginemos por un instante que la empresa u organización fuese un equipo de fútbol, dónde la tecnología representa la delantera, el capital humano el medio campo y la estructura la defensa. Más allá de los fundamentalistas, podremos convenir que cada línea es necesaria y objeto de atención.

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Cuando nos referimos a la tecnología, nos referimos a cómo decidimos llevar adelante lo que hacemos. Qué actividades ejecutaremos, qué procesos pondremos en práctica, y cómo corolario, qué equipos e infraestructura utilizaremos. Generalmente la discusión se centra en esto último y dejamos de lado que estamos decidiendo sobre la organización del trabajo. Imaginen discutir que centrodelantero o puntero contratar y antes no haber reflexionado cómo nos proponemos llegar al arco rival.

Seguramente el capital humano resulte una de las áreas que ofrece mayores desafíos en la gestión, puesto todos sentimos que tenemos algo que aportar en base a nuestras propias experiencias de vida. Vemos las herramientas de gestión como algo políticamente correcto, pero que no creemos 100%. Muy en el interior pensamos que sólo se trata de relaciones humanas y que nadie sabe más que uno mismo, dónde la propia experiencia es la válida y el mundo debería ajustarse a ella. Imaginemos que el capital humano es el mediocampo del equipo y nuestras decisiones sólo contemplan nuestro pasado cuando corríamos detrás de la pelota sin poder agarrarla. No hacemos caso a otras opiniones ni sistemas y terminamos decidiendo por un mediocampo destructor. Nuevamente no reflexionamos en forma sistémica y probablemente estemos perdiendo la oportunidad para que el mediocampo sea funcional al equipo.

En cuanto a la estructura, es habitual que automáticamente pensemos en el organigrama. Creemos fervientemente que se trata de un juego de ingenio dónde podemos arreglar las piezas cómo mejor se vean y que su agrupación debe responder a criterios de distribución de poder. Nos pasa desapercibido que el diseño de la estructura define el tipo de relación con el exterior y los estímulos internos. Imaginemos que en la defensa se haga lugar exclusivamente a los referentes del equipo por el hecho de influir en propios y extraños, y que la formación no tome en cuenta las destrezas de cada jugador. Una vez más decidimos en función de una visión que se limita al objeto de atención, dejando de lado el conjunto.

Gerenciar la tecnología es tomar decisiones de capital humano y estructura. Gerenciar el capital humano es decidir acerca de tecnología y estructura. Gerenciar la estructura es tomar decisiones de tecnología y capital humano. Gerenciar implica decidir tomando en cuenta el conjunto.

La toma de decisiones sin observar el conjunto implica tener en la mira sólo el corto plazo, en cambio, decidir tomando en cuenta el conjunto significa tener en vista el largo plazo. El corto plazo nos da sensación de éxito inmediato, pero hipotecamos el alma. El largo plazo nos da sensación de siembra con esfuerzo, pero nos esperanzamos con una buena cosecha. Cómo optemos por gerenciar tecnología, capital humano y estructura, determina que aspiremos a las virtudes del largo plazo o caigamos en la tentación del corto plazo, al igual que la milenaria batalla entre ángeles y demonios.

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