Han surgido algunas señales alentadoras sobre la inserción internacional que Uruguay necesita con apremio y que el gobierno procura pero que su Frente Amplio se encarga de impedir. Hay tres frentes básicos en los que es indispensable avanzar para salir de las actuales dificultades económicas y retomar un crecimiento vigorizado. Uno es el Mercosur, otro es Europa y el tercero es el Pacífico. La reciente reunión en Santiago de los presidentes Tabaré Vázquez y Michelle Bachelet mostró aproximación uruguaya a la Alianza del Pacífico. Este tratado de libre comercio entre Chile, Perú, Colombia y México es el único caso de integración económica regional exitosa, con liberación arancelaria del 90% de su intercambio.
Ambos presidentes acordaron vincular a ese TLC con el Mercosur, siempre y cuando este bloque regional salga de su modorra. De no producirse el despertar mercosureño, Uruguay tiene que buscar por su lado la participación en la Alianza, como propuso infructuosamente meses atrás el ministro de Economía, Danilo Astori. Igualmente pendiente está el acercamiento al Tratado Transpacífico, de más amplio alcance que la Alianza. Abrirse al Pacífico es esencial, no solo por el aumento de intercambio con los miembros de esos acuerdos sino por la vital importancia del comercio con China, nuestro principal mercado, y los demás países del sureste asiático.
Todo dependerá de que Vázquez imponga la autoridad presidencial, como muchos esperan que ocurra una vez aprobado el Presupuesto, y de que el Mercosur se active luego de 26 años de parálisis. Enrique Iglesias, el uruguayo de mayor incidencia internacional en economía, acaba de enfatizar que, antes que la salida uruguaya del bloque regional, hay que reformarlo y modernizarlo. Este objetivo está en manos de Brasil y Argentina, los dos socios mayores que hasta ahora lo han trancado como unión aduanera y zona de libre comercio, ya que la caótica Venezuela ni pincha ni corta. Es probable que el presidente electo argentino Mauricio Macri tome un curso más efectivo hacia esa meta, en tanto que la actitud de Brasil estará condicionada al futuro de la asediada presidenta Dilma Rousseff y de que esa nación salga de su actual depresión económica. El fin de la monarquía kirchnerista en Argentina puede facilitar también que finalmente se avance en el TLC con la Unión Europea, trancado desde hace más de 15 años por el proteccionismo que aisló a ese país del mundo.
De las mejoras en estas áreas cruciales dependerá que Uruguay retome mayor crecimiento en plazos comparativamente breves. Pero de nada servirá lo que hagan nuestro gobierno y los de otros países de la región mientras el Frente Amplio mantenga su actual duplicidad de proclamar declamatoriamente la inserción internacional y hacer en la práctica todo lo necesario para impedirla. La actitud de la alianza de izquierda, a contrapelo de sus propios gobiernos, empezó en 2007 cuando impidió el TLC que nos ofrecía Estados Unidos pese a que Vázquez lo había aceptado. En años más recientes forzó la salida uruguaya del TISA y se ha opuesto al ingreso a la Alianza del Pacífico y a vincularse con el Tratado Transpacífico. Si Vázquez y los sectores más serios del Frente Amplio no logran revertir la ceguera ideológica que impera en su fuerza partidaria, Uruguay seguirá condenado a la mediocridad empobrecedora del aislamiento.