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Así logró controlar el gobierno los cuatro brotes de coronavirus

Se controlaron los focos que generaron más contagios en lo que va de la pandemia

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06 de junio de 2020 a las 05:03

Cuando el nuevo gobierno asumió, el coronavirus ya había llegado a Brasil. El Ministerio de Salud Pública (MSP) contaba solamente con 100 kits de diagnóstico para confirmar la enfermedad y las nuevas autoridades de la cartera recién empezaban a aprender cómo se manejaba el timón de la política sanitaria. La llegada del virus era inminente.  

Ahora, a casi 100 días de la toma de mando y luego de que en el mundo se hayan registrado más de seis millones de casos y casi 400.000 muertes, en Uruguay hay apenas un centenar de infectados activos. Sin colapso del sistema de salud ni cuarentena obligatoria. Algunos medios internacionales llaman al país como una “excepción” y “ejemplo”. 

En el medio, hubo cuatro focos que generaron –y algunos aún generan– preocupación en el gobierno: un casamiento en Carrasco, el brote en el Hospital Vilardebó, la escalada de casos en el hogar de ancianos Dolce Vita y, ahora, por último, un pico de infectados en Rivera. 

Y aunque en el gobierno saben que las llamaradas pueden agitarse de nuevo, miran las estadísticas con cierta tranquilidad porque gracias a una buena capacidad de testeo y un rápido control epidemiológico, los cuatro incendios pudieron apagarse a tiempo.

Casamiento

“Todavía no estamos al tanto de esa información”, soltó en un brevísimo diálogo con El Observador el director general de Salud, Miguel Asqueta, mientras se despedía velozmente de la Torre Ejecutiva el día que el presidente de la República, Luis Lacalle Pou, decretó la emergencia sanitaria. Habían pasado pocas horas de la confirmación oficial de los primeros  cuatro casos en el país y desde la cartera todavía no habían podido confirmar que una de las infectadas había estado en un casamiento en Carrasco a donde concurrieron alrededor de 500 personas.

Con el paso de las semanas no solo detectaron el “vector Carmela” sino que tomaron conocimiento de que en esa fiesta había más personas que también habían regresado de Europa y eran posibles portadores del virus. La situación parecía escaparse de las manos.

Lo cierto es que este no solo fue el primer brote sino el que más contagios generó desde el comienzo de la pandemia en Uruguay. Personas que estuvieron en el casamiento contagiaron a sus cercanos y esos cercanos contagiaron a más personas. Y mediante esos contactos, el virus no solo se perpetró en los barrios más privilegiados de Montevideo y Canelones sino que llegó a Maldonado y Rocha.

Recién en abril el MSP logró apagar este primer gran foco, pero los rastros del virus quedaron: más de cinco personas fallecieron y decenas estuvieron en CTI por haber estado vinculados de algún modo con esa celebración. 

Hospital Vilardebó

El miércoles 8 de abril fue el tercer día en que más casos nuevos se registraron en lo que va de la emergencia sanitaria. Y la razón era clara: 22 de los nuevos infectados residían o trabajaban en el Hospital Vilardebó. 

El lunes anterior se había registrado el primer caso y desde el gobierno se ordenó a testear a todos los que habían tenido contacto con el caso positivo. A raíz de esta situación, el Vilardebó fue cerrado y el hospital entero quedó en cuarentena. Nada de nuevos ingresos ni egresos.

Además, ante las denuncias realizadas por los funcionarios del hospital referidas al incumplimiento del protocolo de coronavirus de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) y tras los contagios masivos detectados en los últimos días, fue separado del cargo el director de la institución, Artigas Puig. En su lugar asumió Federico Sacchi, quien se desempeñaba como director del Centro de Rehabilitación Médico Ocupacional y Sicosocial. 

En total, el centro de salud registró alrededor de 50 casos positivos. Ese foco, por sus características, pudo ser apagado en breve: ya para la segunda quincena de abril el brote del Vilardebó era cosa del pasado.

Residenciales

uando ya la pandemia parecía controlada, a fines de abril, la curva epidémica tuvo un tercer salto en los casos. Pero esta vez era más preocupante que antes. El coronavirus había llegado a donde más se temía: los hogares de ancianos. En Europa, estos establecimientos fueron testigo de más de la mitad de las muertes que registra la pandemia en el continente.

Aunque en principio se detectaron casos en tres residenciales, el verdadero foco estaba en Dolce Vita, un residencial que había estado en el ojo de la tormenta en 2018. Varios testigos denunciaron en el programa Santo y seña de canal 4 que los ancianos eran víctimas de maltratos y que las irregularidades en la higiene, alimentación y cuidado de los usuarios eran una constante. 

Allí se registraron alrededor de 30 casos y el gobierno decidió enviar a un grupo de médicos y enfermeros al lugar para que realicen una intervención sanitaria.

 

Según los números difundidos por el Poder Ejecutivo, de los 1.204 hogares de ancianos que hay en Uruguay, 208 fueron señalados como de “situación crítica” y otros 110 que fueron catalogados “por debajo del respeto a los derechos humanos”. El secretario de Presidencia, Álvaro Delgado, prometió hacer tests en todos estos establecimientos de forma "progresiva". 

Hasta la semana pasada, se habían realizado más de 2000 tests de diagnóstico en residenciales, informó a El Observador una fuente de la cartera.  “Los focos de los residenciales están totalmente extintos en este momento”, dijo el ministro Daniel Salinas en entrevista con El Observador. De todas formas, este brote, en el tiempo que estuvo, se llevó la vida de al menos dos ancianos.

Rivera

Si no ingresan más extranjeros por el aeropuerto y las fronteras se mantienen cerradas, lo más lógico sería que –al focalizar y controlar todos los casos locales– el virus pierda su impacto en poco tiempo. Pero no es tan fácil en Uruguay, un país con una frontera porosa con Brasil,  la segunda nación con más casos de covid-19.

Rivera, el epicentro del último brote del virus en Uruguay, es testigo de esa realidad. Uno puede tener un pie en tierras orientales y norteñas al mismo tiempo. Y el virus puede pasar de un lado para el otro, también, sin problemas.

Hasta este viernes en ese departamento fronterizo se registraban 40 casos activos y dos muertes por covid-19. Esas decenas de infectados provienen de dos focos: uno está relacionado a una reunión religiosa (un culto umbandista) y otro se trata de personas que en las últimas semanas viajaron a diferentes partes de Brasil. El MSP puso en cuarentena a más de 120 personas que fueron contactos directos de estos infectados.

A su vez, el gobierno mediante ASSE (Administración de los Servicios de Salud del Estado) e INE (Instituto Nacional de Estadística) realizó un testeo aleatorio de la ciudad con 977 análisis. Pero todos ellos dieron negativo.

Según dijo Salinas, el “número de casos (en Rivera) va a disminuir dramáticamente” en los próximos días. “Entre el lunes que viene y el fin de la semana que viene ya va a estar controlado”, aseguró.

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