Opinión > Análisis/ C. ROMANOFF

Asta de lanza ajena

Asombroso apoyo de blancos y colorados a proyecto de vivienda popular que no tiene financiación

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18 de marzo de 2018 a las 05:00

Parece que estamos en el Reino del Revés de María Elena Walsh. Los intendentes blancos y el único colorado promovieron una amnistía a los malos pagadores de la patente de rodados, que fue frenada por sus pares frenteamplistas. Los jefes departamentales de izquierda promovieron otro acuerdo que supone alivio pero también actualización de la deuda con multas y recargos. Al parecer, los blancos y colorados que sufrieron durante décadas las propuestas demagógicas de la izquierda opositora, cayeron ahora en la misma tentación.

Pero fue en el Parlamento donde las cosas empezaron a caer para arriba.

Resulta que el diputado Eduardo Rubio, de Unidad Popular, un sector de la izquierda ultra según el léxico de los 70, reunió a toda la oposición –y al diputado frentista Darío Pérez- en apoyo a su proyecto sin financiación para construir viviendas populares. O sea que blancos y colorados, que sufrieron por décadas las iniciativas voluntaristas de la izquierda, ahora se sumaron a una de ellas con el único propósito de horadar al gobierno en un tema socialmente sensible.

Rubio pertenece al Movimiento 26 de Marzo, en cuya radio, CX 36, el hoy presidente Tabaré Vázquez tuvo otrora la audición semanal que abandonó cuanto los vientos electorales lo llevaron hasta el centro del espectro político. Rubio se quedó allí en el Frente Amplio hasta 2007, cuando su grupo se escindió. Desde que asumió la banca por primera vez en 2014 se transformó en un actor relevante en el Parlamento, donde ejercita un papel de opositor desde la izquierda. Es una persona experiente en la política; ha sabido relacionarse con el resto de la oposición desde una sobriedad y un estilo argumental que ha cautivado a los medios de comunicación. Junto al blanco Martín Lema lleva adelante una investigación parlamentaria sobre ASSE, pero antes, con su voto, también sacó al oficialismo de un apuro. Fue cuando evitó que prosperara una indagación sobre los negocios en Venezuela.

Es absolutamente comprensible y coherente la posición del diputado Rubio. Su proyecto propone construir viviendas solventadas por Rentas Generales y destinadas a la población con ingresos menores a unos $75.000, quienes pagarían el 10% de sus ingresos durante 25 años y se quedarían con ellas aun si no pagasen. El fundamento de la iniciativa es claro, una de las premisas principales del comunismo: a cada cual según sus necesidades.

La misma impronta ideológica fue la que guió a decenas de proyectos del Frente Amplio desde su origen hasta que alcanzó el gobierno en 2005 y que sistemáticamente fueron rechazados por blancos y colorados como consecuencia de establecer fuentes de financiación imposibles. Más allá de que el déficit de viviendas y las dificultades para el acceso representan problemas reales, la propuesta de aumentar el gasto choca contra un déficit de casi 4% que impide otras muchas y necesarias cosas: infraestructura, mejoras en la educación, en la salud y la seguridad.

Es comprensible que la izquierda tradicional persista con ideas tendentes a instalar el reino de la felicidad en la tierra. Lo que resulta asombroso es que partidos históricos con experiencia en el gobierno acompañen ese tipo de ideas en clave política que, como esta, tiene nula posibilidad de aprobación legislativa en el Senado.

Seguro fue tentador convertirse en asta de lanza ajena, pero habría pensado que su lugar, en este caso, estaba entre los adversarios que aguantan la atacada.
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