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Aumentar la grieta

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02 de noviembre de 2020 a las 05:00

Por Rodolfo Angel Beccaría Pesce

Sí, eso mismo. Por un instante trato de ponerme en el pensamiento del lector y descubrir lo que piensa por aumentar la grieta. Hay grietas en las paredes, en los pisos, en el fondo marino, en la poesía, en el alma y también en la sociedad. 

Las políticas empleadas para regir las conductas del hombre en sí mismo, el hombre y su comunidad, y entre comunidades, pueden llevar a formar grietas tan variadas y palpables, así como difíciles de vaticinar mientras se están gestando. 

Antes hagamos un repaso de lo que es la grieta. Para que esta exista necesitamos de un algo anterior, o sea, no existe por sí misma. Me animo a decir que es un tercer elemento en la escala de acontecimientos, pues necesita de un fenómeno que, actuando de tal o cual manera sobre lo ya existente, permita el surgimiento de “la grieta“. En otras palabras: es el resultado de acción o acciones sobre un algo. 

Y este algo donde se produce la grieta, es la cuna de del nuevo ser que vino para romperlo y cambiarle el destino, pues un todo completo tiene una dinámica diferente a la de los pedazos que surgieron del antiguo todo, aunque tenga los mismos genes. Ya no es lo mismo, y la nueva identidad no siempre tiene por qué ser amigable y/o conciliadora con el antecesor. 

Aparece un híbrido que es la cosa rota que tendrá que aprender a andar. Y así también tendrá que aprender a andar el llamado fenómeno en un nuevo terreno, donde las suposiciones o teorías que lo animaron a provocar la grieta tendrán que probar su capacidad de sobrevivencia e inocuidad ante la complejidad de la vida real. 

En nuestros días, y entre nosotros socialmente, a la grieta le damos un sentido de separación, de distanciamiento entre las partes, pero no pasa de una ruptura inicial. Obvio es que, una vez surgida, debemos aceptar que existe, que es real y que guste o no guste está ahí produciendo efectos. Pasa a ser un elemento más del cotidiano y del futuro. 

Las grietas madres 

Uruguay tiene un largo histórico en el tema de las grietas. Una que para mí ha sido fundamental en el trazado del destino del país fue la estatización temprana que tuvimos y que, hasta el presente, actúa incólume. 

La estatización y monopolización de importantes sectores del país rompió el sentido de equidad, donde todos los individuos podían aspirar a construir y trabajar según sus capacidades, vocaciones y formaciones técnicas. Ahí se da formación a la mayor grieta separadora de hombres, destinos, futuros y frutos. 

Un fenómeno político o filosófico externo es importado al país y se aplica con la fuerza e irresponsabilidad propia de seres afines al poder perpetuo, sin que importen el método o las consecuencias.  

La postergación de la capacidad del hombre libre es puesta en marcha para dar surgimiento a otro sistema de convivencia, creando un nuevo ser omnipotente, dominador de todo y todos, y sin ningún sentido de autocontrol y menos autocrítica. 

Este nuevo ser llamado empresa estatal, dotado de todos los poderes y desprovisto intrínsecamente de cualquier noción de equidad y respeto hasta de sí mismo, ayudó junto a sus administradores y mentores a parir el nacimiento de la ley de Inamovilidad del Empleo Público. 

Ahora sí. Tenemos ya dos tremendas grietas absolutamente insanas y estériles para producir algo constructivo, que permita a la mente humana desarrollarse en todo su esplendor de creatividad, nunca dejando de lado el respeto por la capacidad del otro y el respeto por la valoración de cada ser.  

La existencia de estas dos súper grietas debilitó de forma superlativa la mentalidad y el espíritu del ser uruguayo al punto de creer que no se puede vivir sin la empresa del Estado. De este concepto se valió la prédica izquierdista, socialista y comunista para tomar cada día más posiciones dentro del aparato estatal físico y gubernamental. También sobrevino el crecimiento de la coexistencia pacífica con la corrupción y la hipocresía. Después de estas grietas, los cientos de otras menores son un poroto. 

En nuestros días 

Hoy en día hay un montón de gente que se horroriza —inclusive yo— cuando escuchan decir que tenemos una grieta en el tejido social, en la educación, en la cultura, en las familias, en la espiritualidad, en la moral, en la seguridad y tantas otras. Es triste constatar estas situaciones, pero con horrorizarnos no solucionamos nada. Lo primero, pienso, debe ser reconocer la existencia de “la grieta  y buscar su o sus causas.  

Imperativo es identificar si fue producto del descontrol de agentes actuantes o si fue una grieta prefabricada. Tenemos a diario ejemplos de grietas prefabricadas por la izquierda, siempre buscando perjudicar el resultado de alguna cosa para poder justificar la necesidad de imponer su teoría de dominio. 

Junto a esto, existe un campo muy amplio de la sociedad que es el resultado de la post grieta, donde la impotencia causada por la desnaturalización del sentido de equidad y de la democracia, permitieron el dominio de los políticos que, amparados y siendo hijos de la estatización y la inamovilidad, debilitaron y empobrecieron todo el sentido real de análisis y rebeldía frente al totalitarismo de la verdad única e intelectualizada presentada por la izquierda y el sistema implantado.  

La sociedad se debilitó y perdió la entereza que le daban su historia, su educación, su cultura, el hábito de trabajo, el respeto por los otros, la justicia y su bien común que es la imparcialidad, y el deseo de participar activamente y sin caretas en los miles de actos que engloban el diario vivir. Entonces yo digo, donde hay grieta tenemos que acentuarla, limpiarle los bordes para verla perfectamente, desnudarla. 

Hay que darles nombre a los creadores de grietas, aprender a señalarlos con el dedo, sea donde sea. Solo de esta forma podremos denunciarlos ante la sociedad, transfiriéndoles toda la justa responsabilidad por las consecuencias resultantes. En Uruguay nos llenamos la boca hablando de nuestra democracia, pero a mí entender es media falluta y nos ha regalado muchos pesares. 

Se ha avanzado mucho en llegar a una democracia contemplativa y protectora de sus enemigos. ¿Es un acto normal proteger al enemigo y también proyectarlo para que alcance sus intereses? ¿Es esto democracia? Esta democracia que alberga monopolios, ¿será el producto de un milagro divino? ¿Cómo pueden convivir? Medio raro, ¿no? 

Cuando amnistiaron a todos los terroristas y criminales y les dejaron intactos los derechos civiles favoreciendo que todos llegaran a ocupar cargos de gobierno, inclusive la Presidencia del país, ¿era democracia? 

Debo reconocer mi burreza, pero para mí esto fue un acto de debilidad mental extrema, donde quizás, y para ayudar, también algún interés electoral inmediatista primó sobre la cordura. 

Ahí tenemos un ejemplo más de un fenómeno productor de grieta. ¡Y qué grieta!

Para terminar les dejo una frase que a mí particularmente me ha dado y da trabajo. “El hombre debe saber ser compañero de sus injusticias”. Nuestra indulgencia nos está maltratando, y es de nuestra capacidad vencerla o seguir llorisqueando. Eso sí: sin retorno. 

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