Economía y Empresas > DUDAS SOBRE EL FUTURO

Aun con US$ 50.000 millones del FMI, Argentina sufre por la volatilidad del dólar

El Banco Central esperaba un mercado tranquilo y prometió pasar a un régimen de libre flotación, pero solo lo pudo sostener dos días. En un contexto de confusión, volvieron las dudas sobre el programa económico.

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15 de junio de 2018 a las 05:00

Los últimos días dejaron en claro cuál será el punto más difícil de cumplir en el acuerdo entre el gobierno argentino y el Fondo Monetario Internacional: el sostenimiento de un régimen de libre flotación para el dólar.

Por lo pronto, el titular del Banco Central, Federico Sturzenegger no debería sorprenderse si en estos días lo llamaran del Libro Guiness de los Récords: es probable que haya implementado el régimen de flotación más breve de la historia, con apenas dos días y medio de duración.

Y dejó una inmediata sensación de preocupación en el mercado, que no logra entender cuál será la estrategia de ahora en adelante. La intervención que tuvo el martes la entidad monetaria implicó una venta de US$ 695 millones. Ocurrió cuando parecía que el dólar minorista no detendría su marcha hacia los 27 pesos argentinos, y pudo haber tenido su lógica desde el punto de vista del control inflacionario: se busca que, en un momento de alta sensibilidad, no haya un contagio adicional a los precios. Pero la medida también puede tener sus costos, y no se miden en reservas del Central sino en credibilidad.
Fue apenas el jueves anterior –es decir, sólo tres días hábiles antes- cuando Sturzenegger, en la conferencia de prensa para anunciar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, había dicho que ya no se justificaba mantener el control cambiario. Y en consecuencia, anunció el levantamiento de la megaoferta diaria de US$ 5.000 millones que mantenía desde que en mayo se logró detener la corrida en 25 pesos argentinos.

Ese día, el funcionario dijo que la flotación podía implicar intervenciones esporádicas del Central en el mercado, pero sólo cuando ocurrieran turbulencias que pudieran traer inquietud al mercado.
Al día siguiente, en una reunión con periodistas, Sturzenegger dijo que, en adelante, había que ir acostumbrándose a que el Central ya no sería un jugador protagónico en el terreno cambiario. Y que sería el ministro de Finanzas, Luis "Toto" Caputo, quien vendería dólares, pero no con un objetivo de influir en el tipo de cambio sino como forma de hacerse de pesos para asistir al fisco.

Todos esos anuncios sonaban lógicos dentro del nuevo contexto y bien alineados con la histórica postura del FMI de sostener regímenes de libre flotación cambiaria. El mensaje explícito era que ya no se podría pensar en el dólar como ancla cambiaria ni que se pudiera incurrir en una nueva etapa de retraso cambiario.



Por eso, la intervención del martes cayó como un baldazo de agua fría en la City. Ahora, muchas de las certezas y declaraciones de principios declamadas en los últimos días volvieron a ser relativizadas.
En su comunicado del martes, el Central justificó su intervención con el argumento de que había ocurrido "eventos disruptivos" que lo obligaban a vender dólares. Pero al día siguiente cambió su actitud, vendió temprano, luego dejó que el dólar minorista tocara los 27 pesos y finalmente volvió a vender sobre el final de la rueda.

En tanto, este jueves el BCRA no intervino y el dólar minorista se disparó hasta los 28,42 pesos. La especulación del mercado es que la volatilidad podría continuar hasta el día 20 de junio, que es cuando entra la plata de la primera cuota del FMI. A partir de ahí, se contará con US$ 7.500 millones disponibles para hacer intervenciones. De todas formas, el FMI le impone al Banco Central una meta de reservas, lo cual limita un poco su rol como vendedor de dólares en el mercado.


Criterio confuso y especulaciones

En definitiva, hay una aparente actitud zigzagueante, según la cual a veces se interviene y otras no, sin que quede claro para qué se sacrifican reservas ni cuál es el criterio con el que el Central decida que hay una "dinámica disruptiva" en el mercado.

Algunos operadores interpretaron que, en realidad, el Central no tiene un objetivo específico de cotización del dólar sino que se maneja según criterios de liquidez, vendiendo cuando no hay oferta, como ocurrió en estos días.

Si fuera así, debería estar tranquilo, porque se acaba de informar que el principal proveedor privado de divisas –el sector exportador de soja y derivados- aportará la cifra récord de u$s4.000 millones durante junio.

Y, por si no fuera suficiente, en pocos días más, ingresará la primera cuota del préstamo con el Fondo Monetario, consistente en US$ 15.000 millones.

Sin embargo, ninguno de estos datos parece infundir tranquilidad en el mercado financiero. Más bien, lo que sigue predominando es una falta de confianza respecto de las posibilidades del equipo económico en lograr las ambiciosas metas prometidas al FMI.

De hecho, uno de los principales temas de debate económico en este momento es qué pasaría si, tal como prometió en su momento, el Central se retirase del mercado y dejara flotar al dólar hasta que encuentre su valor de equilibrio.

Algunos especulan que no se detendría hasta un nivel de 28 pesos, pero otros temen que no tenga techo, porque el mercado ya no se maneja con criterios macroeconómicos sino movido por el "factor miedo".

Por lo pronto, en el mercado de futuros ya se maneja un dólar de 31,25 pesos argentinos para fin de año.

Y tal vez uno de los síntomas más evidente de lo delicado del momento es que se volvió a especular con que el gobierno quiere forzar la renuncia de Sturzenegger. A primera vista, sería algo difícil de justificar políticamente, dado que el compromiso con el FMI implicaba una reforma legal para dotar aun de mayor independencia al Central. En el régimen vigente, el banco es autónomo y sus autoridades no pueden ser removidas por el Poder Ejecutivo.

Sin embargo, las críticas de los economistas hacia la política monetaria han alimentado estas especulaciones. De hecho, se filtraron noticias sobre el enojo dentro del propio gabinete porque se considera que el gobierno está perdiendo con demasiada velocidad el impacto positivo que había generado el anuncio del acuerdo por US$ 50.000 millones.

"Señores, en la Argentina la sensibilidad y el impacto del dólar en el costo de vida debería ser algo a tomar con mayor cuidado. Estoy muy preocupado por el Banco Central, por la mesa de dinero del banco y por la forma que se condujo en los últimos meses, durante la crisis", dijo Guillermo Nielsen, exnegociador de la deuda argentina y muy escuchado en el ámbito bancario.

Un país no preparado para la flotación

Lo cierto es que para algunos economistas, que siempre se mostraron escépticos sobre la viabilidad de un sistema cambiario de flotación, nada de la volatilidad que se observa ahora en el mercado fue una sorpresa.

De hecho, antes de la intervención del Banco Central, el influyente como Juan Carlos de Pablo se permitía dudar sobre la duración del nuevo régimen: "Todos sabemos cómo es Argentina: todo es por ahora. Si mañana el dólar llega a 50 pesos, ¿no van a intervenir?".

Sturzenegger se encargó de darle la respuesta sin esperar a que la cotización llegara tan lejos. En este marco, muchos en la City recordaron el consejo que le dieron importantes economistas a Nicolás Dujovne en el marco de un encuentro al que fueron invitados.

En esa reunión, de la que participaron, entre otros, Miguel Ángel Broda y Ricardo Arriazu, le hicieron saber al funcionario su descreimiento sobre la sostenibilidad de la flotación cambiaria.

La rápida acción del Central parece confirmar que en el gobierno, por más que proclamen las bondades de ese sistema de flotación, y por más que cuenten con US$ 50.000 millones en la cuenta bancaria, no hay cosa que les resulte más estresante que la volatilidad del billete verde.

Y, en contra del objetivo que se había fijado el equipo económico de Macri, el dólar volvió a la tapa de los diarios y ocupar espacio en los noticieros de TV, desplazando incluso a la información sobre el Mundial de fútbol.
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