El papel de la política fiscal sobre la inflación es objeto de menos polémica. 

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Balance de la economía global en 2021: la inflación fue el invitado sorpresa

Para 2022 se espera que siga la recuperación pero quedan dos importantes dudas atadas a la evolución de los precios y la severidad de la nueva ola del covid-19
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04 de enero de 2022 a las 18:20

Por Miguel Jiménez González-Anleo, BBVA Research

La economía global ha superado expectativas en 2021, con una primera mitad más positiva de lo previsto, empujada por la reapertura y gracias a las vacunaciones, pero con una segunda mitad más moderada, afectada por las disrupciones en las cadenas de valor y la escalada de la inflación. Las últimas semanas vienen marcadas por el aumento de contagios —debido a la variante ómicron—, si bien su impacto económico, posiblemente pequeño (pero aún incierto), será ya la historia del próximo año.

A principios de 2021 se preveía una fuerte recuperación global, marcada por la distribución masiva de las vacunas, el continuo apoyo de las políticas monetarias y fiscales, y la moderación de los riesgos financieros. BBVA Research apuntó a un crecimiento del PIB del 3,6% en Estados Unidos y del 4,1% en la eurozona, lo que suponía un rebote importante tras las fuertes caídas de 2020. Sin embargo, los riesgos eran numerosos y la incertidumbre muy elevada, pero estaban ligados al covid y al alza del endeudamiento público y privado tras los estímulos masivos implementados en el año precedente. La inflación era sólo un riesgo más.

Cerrada la primera mitad del ejercicio, los resultados de crecimiento para Estados Unidos y la eurozona superaron las expectativas. Las campañas de vacunación fueron algo más lentas de lo deseado en algunos países, por un mayor rechazo del deseable, pero en general han tenido el impacto esperado sobre la actividad económica y además se ha constatado que las sucesivas olas del covid han tenido un impacto cada vez menor en la actividad.

Lo que no se previó fue la aparición de la inflación o, al menos, el tipo de inflación que hemos visto a partir de la primavera pasada. En los debates de principios de año, los riesgos inflacionistas se ligaban a los potenciales excesos de demanda en Estados Unidos por los planes fiscales masivos de la nueva administración, que parecían llegar a destiempo, ya que la economía se estaba recuperando rápidamente. Visto con perspectiva, la realidad es que, los paquetes fiscales se han aprobado con retraso y han sido menores de lo previsto —el segundo corre incluso el riesgo de no aprobarse— y el papel de la política fiscal sobre la inflación es objeto de menos polémica. 

Sin embargo, la sorpresa ha sido la aparición de cuellos de botella en la producción de manufacturas, algo que no sólo ha afectado a la inflación, sino que parece haber tenido un impacto no desdeñable sobre el ritmo de la actividad, que se ha desacelerado durante el tercer trimestre del año. Estos cuellos de botella no se han visto afectados solamente por factores de oferta —procesos productivos y transporte retrasados por el impacto de la pandemia—, sino por un fuerte rebote de la demanda (reapertura sincronizada en muchas economías, demanda embalsada, disposición del ahorro forzoso durante la pandemia) y su sesgo hacia bienes frente a servicios.

Todo ello, unido al cúmulo de problemas en torno a los precios de las materias primas ligados en parte, pero no sólo, a la pandemia— han creado la tormenta perfecta de inflación en la que estamos inmersos —sobre todo Estados Unidos, pero también en economías emergentes, y en Europa—.

Por otro lado, las presiones inflacionistas, aun obedeciendo en gran medida a factores persistentes pero temporales ligados a la pandemia y a la recuperación de la actividad y el empleo, han hecho reaccionar finalmente a los principales bancos centrales, que han acelerado sus planes de retirada de estímulos monetarios para anclar las expectativas de inflación, lo que ha tenido efecto en los países emergentes, inducidos a su vez a subir tipos antes y más rápido.

Al final, el crecimiento económico en 2021 quedará en torno a un 5,6% en Estados Unidos y 5,1% en la eurozona, bien por encima de lo esperado a principios de año. Para 2022 se espera que siga la recuperación, pero quedan dos importantes dudas: la severidad de la nueva ola de la pandemia y su impacto económico, y el ritmo al que se modere la inflación. De estas dos incógnitas depende el desempeño de la economía global para el próximo año.
 

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