18 de febrero de 2014 17:51 hs

"Todas las personas crueles se describen a sí mismas como los parangones de la franqueza”. La frase es de Tennesse Williams pero podría aplicarse perfectamente a Agosto (August Osage County), la obra de Tracy Letts llevada al cine por John Wells, en la que Meryl Streep y Julia Roberts, ambas nominadas al Oscar por sus papeles, acarrean las riendas de una familia disfuncional.

“Solo es decir la verdad”, repite una y otra vez Violet, la matriarca manipuladora, hiriente y adicta a las pastillas que encarna Streep, como justificación a los dardos envenenados que dispara a los miembros de la familia. La reunión en su casa en Oklahoma se produce ante la desaparición de su marido, Beverly (Sam Sheppard), un poeta quien en la primera escena del filme parece no encontrar consuelo suficiente ni en los libros ni en la bebida ante la desbordante presencia de su mujer, cuya descripción más certera es decir que padece cáncer de boca.

A la reunión llega su hija Bárbara (Roberts) junto a su marido infiel (Ewan McGregor) y su hija adolescente (Abigail Breslin). También acuden las otras hijas (Juliette Lewis y Julianne Nicholson) y la hermana de Violet (Margo Martindale), su marido (Chris Cooper) y su hijo (Benedict Cumberbatch). A estos se agregan el prometido del personaje de Lewis (Dermot Mulroney), al que se suma una joven india recientemente empleada para trabajar en la casa (Misty Upham).

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Agosto, filme basado en la obra con la que Letts obtuvo en 2008 el premio Pulitzer y que fue adaptada por el dramaturgo para la gran pantalla, remite también a otras transposiciones teatrales como ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, obra con la que Letts recibió un premio Tony como actor y que fue llevada al cine en 1966 por Mike Nichols y protagonizada por Richard Burton y Elizabeth Taylor. Agosto también guarda semejanzas con el halo sureño, el calor sofocante y las batallas dialécticas de Tennesse Willliams, como en La gata sobre el tejado de zinc caliente, también protagonizada por Taylor en el cine, e incluso recuerda a adaptaciones más recientes como la versión que hizo Roman Polanski de Un dios salvaje de Yasmina Reza.

Como suele suceder con las obras teatrales que son adaptadas a la pantalla, Agosto es más que nada una puesta realizada en función del lucimiento de los actores, con los pros y los contras que esto implica. Por un lado, este tipo de filmes suelen dejar espacio a diálogos con una fiereza inusitada e interpretaciones potentes, pero a la vez, también corren el riesgo de caer en amaneramientos más propios del espacio teatral y de generar una sensación claustrofóbica.

La película tiene un poco de los pros y de los contras, aunque en el recuento final sale bastante bien parada. Sin duda el centro de la cinta es la actuación de Streep, quien con este papel consiguió su nominación número 18 a los premios de la Academia, siendo la intérprete más postulada de la historia. La protagonista de La decisión de Sophie es, sin dudas, una actriz excepcional y realiza su trabajo con fuerza y gran despliegue, pero su energía es tan desbordante que termina por sobrecargar un papel de por sí excesivo y que pide detrás de la cámara a un director con mayor personalidad que el realizador de The Company men.

Quien sí brinda esa sutileza es Roberts, en el papel de la hija fuerte de la familia, espejo y reverso de su madre, quien brinda uno de los mejores papeles de su carrera. Martindale y Cooper también se lucen, especialmente el actor de El ladrón de orquídeas, quien desde la contención pronuncia algunas de las mejores líneas. Su personaje, además, destila amor en una película en la que la luz es muy bienvenida y enternece la relación con su hijo, el “pequeño” Richard (Cumberbatch, en una buena interpretación), un hombre dulce pero no muy brillante a quien su madre trata con desprecio.

Disonantes, en cambio, son los papeles de Ewan McGregor, actor que queda desaprovechado en la película, así como la actuación y el personaje de Lewis, quien en su vuelta al cine más masivo parece no poder despegarse de los roles de “tilinga” que la hicieran famosa en Kalifornia y Asesinos por naturaleza. Su personaje representa, además, uno de los puntos flojos del guion, que por momentos no sabe cuándo poner el freno y aplicar aquello de que menos también puede ser más.

No obstante estos problemas y la falta de una dirección más potente, Agosto es un obra poblada de gritos y platos rotos que nunca decae en intensidad. Sus palabras son punzantes y su humor es oscuro pero certero. Sin dudas es un filme recomendable para los amantes de los stripteases emocionales, las telarañas psicológicas y las napas profundas de las familias, aquellas capaces de dar amor con la misma intensidad que son capaces de lastimar.

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