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Benjamín Liberoff: más allá del turismo

Once años de exilio, dos décadas al frente de una empresa turística, y trece años —y contando— dedicados al Ministerio de Turismo: así fue y es la vida de Benjamín Liberoff

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28 de diciembre de 2018 a las 05:00

[Por Agustina Amorós]

El escritorio sostiene varios papeles a la espera de su atención, aunque ninguno parece estar olvidado. El traje gris claro que lleva puesto contrasta con la taza que sostiene en sus manos. Hago un esfuerzo por descifrar qué dice el diseño y logro leer “Florianópolis” en letras de colores. Benjamín Liberoff (69) responde a mis preguntas sereno, con convicción, reuniendo varios conceptos en exposiciones extensas que intentan resumir una vida dedicada al turismo y a la construcción de un país mejor.

Cambiar el mundo

Contrario a lo que podría suponerse, Benjamín es el mayor de sus hermanos y lleva su nombre en homenaje a su abuelo materno. Hijo de padres argentinos, nació el 16 de marzo de 1949 en el Hospital Pereira Rossell, en Montevideo. “Mi madre era tucumana y mi padre de Concepción del Uruguay. Cuando yo nací vivíamos en una pensión en el Centro y luego nos mudamos a una casa en Camino Carrasco al 4769”, dice Benjamín, que varios años después de su nacimiento recibió la llegada de dos hermanas. Asistió a la escuela N° 130 Andrés Bello, cursó la secundaria en el liceo N° 10 Dr. Carlos Vaz Ferreira y el preparatorio en el IAVA. Su juventud fue la clásica “de alguien de los sectores medios de Uruguay”, cargada de fútbol y amistades. Desde pequeño aprendió el oficio de relojero y trabajó arreglando relojes mecánicos a destajo hasta entrar en la universidad. Al momento de elegir qué estudiar, optó por la carrera de Arquitectura, por el simple hecho de que le permitía evitar los idiomas. “No eran de mi agrado, por lo que esa fue la definición estratégica que empleé”, advierte y recalca que, de haber elegido otra carrera, habría sido un error.

Su paso por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República (Udear), entre 1967 y 1973, se impregnó del efervescente movimiento estudiantil. En 1972, Benjamín era uno de los tres representantes estudiantiles del Consejo Directivo Central de la Udelar y la militancia fue apropiándose de su agenda, que combinaba con las prácticas de básquetbol del club Malvín, donde jugaba.

A los 20 años de edad, en un baile de verano en Lagomar, conoció a quien sería su futura esposa, Esther Pailós (actual directora de la Biblioteca Nacional). “Nos casamos el 26 de noviembre de 1970 y al año siguiente nació Tania, nuestra primera hija. Queríamos cambiar el mundo. Las cosas, después, se complicaron un poquito más”.

Patria lejana

Los años contiguos fueron al ritmo represivo de la dictadura militar. La militancia política lo llevó a estar detenido entre junio y setiembre de 1973. “Fui uno de los primeros cinco detenidos en ingresar al Cilindro cuando lo transformaron en cárcel”, acota. En octubre de ese mismo año se celebraba el 55° aniversario del Manifiesto de Córdoba por la Reforma Universitaria, por lo que Benjamín viajó a Buenos Aires para participar de la actividad como representante de la Federación de Estudiantes (FEUU) y ya no pudo volver. “Los militares hicieron una ratonera en mi casa y se llevaron a mi padre detenido. Lo expulsaron el 7 de noviembre de 1973, y cruzó a Buenos Aires, por lo que me quedé allí esperándolo”. Su padre, Manuel Liberoff, era médico cirujano y militante del Partido Comunista. Estando ambos en Argentina, fueron a verlos la madre y la esposa de Benjamín, pero se encontraron con la amenaza de que si volvían a Uruguay, las iban a detener. “En Montevideo habían quedado mis hermanas y mi hija. Para poder sacar a mi hija del país necesitábamos un permiso al menor. Era muy complejo y una escribana —que realmente recuerdo con gran cariño y una valentía enorme— hizo los procedimientos para que mis hermanas pudieran salir con ella del país”, narra. La gestión tuvo éxito y les permitió reunir a la familia en Buenos Aires.

“Mi padre logró revalidar el título e instalar su consultorio en Buenos Aires y a mí me surgió la posibilidad de ir a trabajar al secretariado de la Unión Internacional de Estudiantes, con sede en Praga”, narra Benjamín, que en octubre de 1974 dejó Buenos Aires para instalarse allí. Así fue como el estudiante que esquivaba los idiomas se instaló en Checoslovaquia a trabajar. “No había traducciones. A mí me daban los materiales, se los llevaba a mi esposa —que es profesora de inglés—, me los traducía, definíamos una posición a adoptar, me lo escribía y yo volvía con la resolución”, explica.

En esa época se convirtió nuevamente en padre, con la llegada de dos hijas nacidas en tierras checoslovacas. La vida en el exilio era compleja, pero Benjamín destaca lo positivo de esa realidad: “Por primera vez nuestro salario era estable, teníamos una casa, nuestras hijas tenían salud y educación”.

Por esos desfasajes de tiempo que provocaban las distancias cuando no existía internet, Benjamín recién acababa de leer la última carta enviada por su padre, cuando recibió la noticia de que había sido secuestrado. “Lo primero que hice fue intentar tomar contacto para saber cómo había sido. Entraron, cargaron todas las pertenencias en camionetas (incluso la documentación de mis hermanas y de mi madre) y se lo llevaron”, dice en referencia al 19 de mayo de 1976 en Buenos Aires, la misma madrugada en que desaparecieron Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, y el matrimonio Barredo y Whitelaw.

En ese momento las hermanas de Benjamín lograron pedir refugio a las Naciones Unidas, pero su madre —al ser argentina— tuvo que quedarse escondida. “El embajador sueco fue al lugar donde estaba mi madre, la llevó hasta la escalerilla del avión, y una vez en Río de Janeiro, la ONU la refugió. La Cruz Roja viabilizó —por reunificación familiar— que viajara a Praga”, explica. La unión familiar permitió que las hermanas de Benjamín se formaran y se instalaran allí. “Una de ellas continúa viviendo en Praga, la otra se casó y vive en San José de Costa Rica”. Su madre vivió en Praga hasta su muerte y Manuel Liberoff, su padre, continúa desaparecido.

Ni bien la situación de Uruguay habilitó su retorno, Benjamín se tomó un vuelo de regreso al país. Llegó primero él solo en 1984 y posteriormente volvieron su esposa y sus hijas. Del regreso destaca la generosidad de sus vínculos: el relojero que tenía guardadas sus herramientas de trabajo (habían quedado en Uruguay durante el exilio); los vecinos de su casa natal que habían refugiado las obras de arte de su abuelo pintor para evitar que fueran expropiadas por los militares; su suegra, que los ayudó hasta que pudieron reinstalarse. “Lo primero que teníamos que resolver era cómo mantenernos, ya éramos cinco”, dice Liberoff.

Revolverse

Durante los años de trabajo en la Unión Internacional de Estudiantes, Benjamín había estado vinculado al incipiente desarrollo del turismo estudiantil a nivel internacional. “La vida muestra que los viajes son un camino imprescindible para desarrollarse como ser humano, y hay organizaciones especializadas en turismo estudiantil”, explica. Basándose en su experiencia en Praga, se involucró en la coordinación de un grupo de viaje de Arquitectura, que en su vuelta al mundo no habían concretado nunca el paso por Cuba. “Con ayuda de amigos que me prestaron su télex para hacer las reservas logramos el primer viaje. Fue la primera coordinación por la que recibí una retribución, y con eso seguí”, dice Benjamín. “En ese período, Giorgio Valenti, un hermano de la vida, me dio la posibilidad de trabajar. Al principio empecé en la parte de coordinación y después fui socio de la agencia”, narra en lo que fue la antesala de veinte años como socio director en SIUR Viajes. Estar al frente de un emprendimiento turístico fue de mucho aprendizaje: “Todos los días hay experiencias distintas, hay que estar permanentemente descubriendo destinos, estructurando rutas, consiguiendo tarifas”.

Su labor en la agencia fue interrumpida entre 1990 y 1992, mientras estuvo al frente de la Dirección de Turismo de la Intendencia de Montevideo. Aprovecho para consultarle cómo vivió el cambio de la administración privada a la pública y responde: “En ese momento de transición alguien me dijo, ‘la administración pública es como una nube. No quieran empujarla con las manos: se van a enterrar y la nube no va a avanzar. Aprendan a soplar’, intento aplicarlo todos los días”, dice Benjamín.

Durante esos años fundó, junto con Jorge Castelo y Silvia Lacau, el primer instituto privado de capacitación en turismo: ICT. Liberoff se encargaba de dictar dos materias y si bien el proyecto le gustaba, en 2001 tomó la decisión de dar un paso al costado.

A pesar del rumbo que venía tomando su éxito profesional, su situación académica inconclusa le pesaba. “Me faltaban pocas materias para finalizar la carrera de Arquitectura, intenté hacer análisis de reválidas cuando estuve en el exterior, pero recién pude viabilizar el proceso en 1983, cuando ya estaba la posibilidad de volver a Uruguay”. Por lo que, cuando se le presentó la oportunidad de seguir formándose en el área de turismo, se postuló sin dudar. “La Universidad de la República realizó en 2002 un acuerdo con la Universidad de Siena para dictar un posgrado en Economía y Gestión de Turismo Sustentable. Como yo no me había graduado, el Consejo de la Universidad consideró mi experticia para habilitarme. Había un antecedente similar, y dictaminaron que podía inscribirme”. El posgrado le llevó dos años, que le permitieron a Benjamín culminar su etapa universitaria con éxito.

Al frente

En 2004, tras la victoria frenteamplista, el Dr. Tabaré Vázquez a través del recién asignado ministro de Turismo Héctor Lescano, lo citó como asesor en temas turísticos. En 2005 comenzó su labor a cargo de la Dirección Técnica de Turismo del Ministerio de Turismo (Mintur), y luego, en 2011, como Director Nacional. Desde 2015 se desenvuelve como Subsecretario del Mintur, encabezando el equipo de trabajo junto con la ministra Liliám Kechichián.

La activa agenda que requiere el Ministerio mantiene a Benjamín en permanentes reuniones, viajes, actos y planificaciones. El antídoto a esa exigencia la encuentra madrugando. “A veces me levanto 04:30, otras a las 05:00. De esta forma me pongo en contacto con quienes operan desde Europa y también me sirve para pensar y armar cosas tranquilo”.

Hace diez años le tocó afrontar la muerte de dos hijas y la dedicación completa al trabajo lo ayuda a apaciguar su dolor. El tiempo fuera del ministerio lo oxigena leyendo —en especial novela negra—, cocinando todas las noches y disfrutando de su nieta de dos años. Prefiere vacacionar en cruceros, donde la desconexión es casi obligatoria, y logra conseguir el verdadero descanso. “Viajar es una gran oportunidad de enriquecer la vida y trabajar para el crecimiento turístico de nuestro país es fenomenal. Tengo un enrome respeto por todos los funcionarios del Ministerio: he aprendido mucho de ellos y, ojalá, les haya contribuido en algo yo también”.

Hablemos de números

¿Cuántos turistas visitan Uruguay cada año?

En los últimos años hemos estado por arriba de los tres millones y medio de turistas. El año récord fue en 2017 que ingresaron a Uruguay 3.940.790 de turistas, sin incluir a los de los cruceros, ni a quienes ingresan por frontera seca (sin hacer trámite migratorio).

¿Cuánto dinero recibe Uruguay del turismo?

En el año 2005 Uruguay recibía 540 millones de dólares y en el año 2017 cerramos con 2.300 millones, en dólares corrientes. En el año 2005, el gasto per cápita era del orden de los 45 dólares por día y hoy estamos en 110. El objetivo no es hacer crecer indefinidamente el número de personas, sino de concebir ofertas capaces de generar más dinero, sin incrementar la cantidad de turistas. Hay que tener en cuenta que el turismo es de las actividades económicas más importantes del país.

A la espera de los vecinos

“Hicimos una encuesta para saber cómo estaba el humor de los argentinos en relación a las vacaciones en Uruguay y los resultados nos dieron aliento”, señala Liberoff. En vista de la situación económica argentina, el Ministerio de Turismo mantendrá algunos beneficios para los visitantes vecinos, como la devolución del IVA y la nafta sin IMESI en las estaciones de servicio a 20 kilómetros de la frontera. “Venimos desarrollando, además, nuestra estrategia de comunicación digital. Gracias a la tecnología, podemos dividir por tipo de comunicación, región, mensaje, audiencia y, a partir de ahí, trabajar en la preparación de los algoritmos que aportan a la inteligencia artificial. Se genera un dashboard en el cual, cada nueve horas podemos estar actualizando nuestra comunicación. En el caso de Argentina, es momento de comunicar los descuentos que hacen competitivo al Uruguay. Estamos en el despliegue de la campaña, que implica trabajar sobre Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y los países del Pacífico. El gobierno genera la plataforma, pero el turismo lo materializan los privados. Tiene que haber una capacidad de riesgo, creatividad, e innovación de su parte”.

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