La candidata, que es apoyada por varios partidos de derecha y pastores evangélicos, según los analistas locales, se ha visto desfavorecida por el intento de la fiscalía de ilegalizar al partido Semilla, que lidera Arévalo, con la intención de marginarlo de la contienda presidencial.
“Las fuerzas tradicionales han apostado por Torres, pues Arévalo es visto como un riesgo a la continuidad del sistema”, según el analista Bernardo Matute, director del centro Gobernálisis. “Arévalo realmente llega a la segunda vuelta por el malestar con el establishment”, explicó por su lado el analista independiente Edgar Ortiz.
Dos lecturas que, en principio, explicarían el resultado de un sondeo que otorgaba el miércoles pasado una intención del 50% de los votos válidos para Arévalo y apenas un 32% para Torres, que es vista por la mayor parte del electorado como representante del bloque de poder conservador que gobierna el país desde hace dos década.
De hecho, la Corte Suprema dejó recién el viernes último sin efecto en forma definitiva la orden de un juez de inhabilitar al movimiento Semilla, en un contexto en el que la Organización de Estados Americanos (OEA) expresó su “preocupación” por los planes de la fiscalía de detener a dirigentes de Semilla luego del balotaje.
De hecho, a menos de 48 horas del balotaje, el fiscal Rafael Curruchiche afirmó que tras la elección no descartaba allanamientos, arrestos y el levantamiento de los fueros de los integrantes de Semilla, lo que siembra dudas más que razonables sobre el futuro inmediato en caso de imponerse Arévalo.
"Llevamos años siendo víctimas, siendo presas, de políticos corruptos", dijo al cerrar su campaña Arévalo. "Votar es dejar claro que el que manda en este país es el pueblo de Guatemala y no los corruptos", agregó el candidato.
"Todas las encuestas dan como ganador a Arévalo, con una gran ventaja sobre Torres. Si ello se refrenda en las urnas y no le roban la elección, será una gran esperanza para la reconstrucción institucional democrática con transparencia", dijo el rector de la Universidad para la Paz de Costa Rica, Francisco Rojas.
Por su parte, Estados Unidos, un actor de peso en la política guatemalteca, dijo esperar que el balotaje sea “libre, justo, transparente y pacífico”. “El verdadero poder de la democracia proviene del respeto a la voluntad del pueblo”, sostuvo el jefe de la diplomacia estadounidense para América Latina, Brian Nichols.
Sociólogo de 64 años, Arévalo es hijo del primer presidente elegido democráticamente en el país centroamericano, Juan José Arévalo (1945-1951), y promete seguir la senda de su padre con una fuerte agenda social y de cambio.
Además de la cruzada contra Semilla, la fiscalía lleva adelante desde hace un par de años una campaña contra periodistas y funcionarios judiciales que combatieron la corrupción, y ha encarcelado o empujado al exilio a varios de ellos.
“Pese a la fragilidad de su Estado y su debilidad gubernamental, Guatemala puede abrir una nueva oportunidad democrática con transparencia e inclusión, sin discriminación, superando el discurso del odio”, dijo Rojas.
Según el consenso, el país vive un retroceso hacia el autoritarismo como reacción del establishment a las tareas de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) patrocinada por Naciones Unidas (ONU) y formada en 2006 para ayudar a los fiscales a investigar las redes criminales surgidas del conflicto armado interno que se prolongó durante tres décadas.
La CICIG funcionó hasta 2019, cuando el entonces presidente de derecha Jimmy Morales canceló el trabajo de la comisión que mediante numerosos testimonios comenzó a investigar la corrupción en el financiamiento de la política, amenazando con exponer posibles vínculos entre el ejército, el narcotráfico y las élites.
En un país fuertemente conservador y religioso, Arévalo y Torres descartaron legalizar los matrimonios igualitarios o el aborto, que sólo está permitido si hay riesgo para la madre.
Sin embargo, la exprimera dama de 67 años, que promete ayudar a los pobres con subsidios y alimentos, asevera que su rival es ateo, aunque es católico como ella, que quiere legalizar el aborto, las uniones entre personas del mismo sexo y las drogas. Torres, además llamó “huecos”, es decir homosexuales en la jerga local, a los seguidores de Semilla.
"Los de Semilla todos son afeminados y toda una partida de huecos, yo sé que en nuestro espacio hay hombres y mujeres definidas, aquí no hay medias tintas", declaró en un mitin.
En una campaña destinada a sembrar el miedo ante una posible victoria de Arévalo, Torres afirmó que su adversario planea hacer expropiaciones y que convertirá a Guatemala “en una Venezuela y en una Cuba”. Arévalo, por su parte, se ha defendido afirmando que Torres “es la candidata de la mentira y la desinformación”.
Atrás quedaron, en la primera vuelta, Manuel Conde, del partido Vamos, el delfín del presidente Giammattei, quien deberá dejar el poder el próximo enero. También Zury Ríos, hija del exdictador Efraín Ríos Montt y favorita de la ultraderecha, a quien sus aliados políticos, el Congreso y el mismo tribunal electoral allanaron el camino para presentarse con resoluciones que desconocieron la prohibición constitucional a su candidatura por ser su padre protagonista de un golpe de Estado.
Nadie, antes de la primera vuelta, daba a Semilla como un posible competidor. Sin embargo, las inhabilitaciones del Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP), el único partido con arraigo en organizaciones indígenas, y de Jordán Rodas, ex procurador de derechos humanos, le abrieron el camino a Arévalo.
“Los del pacto gobernante confiaron, nunca se percataron, no pasó bajo sus radares. Ningún analista, ninguna encuesta decía que Arévalo iba a estar en la segunda vuelta. La población fue muy hábil. Como les quitaron las otras opciones votaron por el partido que tuvo la capacidad de que la población viera algo decente, que es lo mínimo que se puede esperar en una democracia”, dijo después de la primera vuelta el ex procurador Jordán Rodas, exiliado en España.
(Con información de agencias)