A las diez de la mañana de un día entre semana, la playa Pocitos posee en sus arenas toda la tranquilidad de un balneario aislado, aunque esté a metros de la zona más densamente poblada de Uruguay. Los ruidos de la rambla llegan con sordina y, bajo una sombrilla blanca, se produce un hecho que muchos calificarían de milagroso: un chiquilín de 16 años lee, ensimismado. Se llama Matías y en las manos tiene un ejemplar de Gerard de Villiers titulado Los hechiceros del tajo.
Bajo la otra sombrilla está Carmencita, una señora jubilada que lee una antología cuentos de Javier de Viana. La mujer vive en Maroñas y baja a Pocitos a hacer gimnasia y aprovecha para usar una de las llamadas “biblioplayas”.
Por tercer año consecutivo, Montevideo le ofrece a sus bañistas un plan alternativo y complementario al chapuzón en el agua: la zambullida en la lectura de un libro. Las biblioplayas ubicadas Ramírez, Pocitos y Malvín, que comenzaron el 8 de enero y estarán abiertas hasta el 8 de marzo, ponen a disposición de los eventuales lectores una amplia gama de títulos nacionales y extranjeros de diversos géneros.
Además de la lectura, a lo largo de este mes se organizarán talleres de ajedrez, que culminarán con un campeonato interplayas.
Policiales y campestres
Daniela Recoba, encargada de la biblioplaya de Pocitos, explicó que el proyecto pertenece a la agencia Rúbrica, tecerizada por la Intendencia de Montevideo.
Según Recoba, son los fines de semana cuando el público acude en mayor número. “Llegan desde niños que viene con los padres hasta adultos que están solos”, dijo la promotora, y explicó que los libros que utilizan son seleccionados por la biblioteca municipal Carlos Roxlo. La biblioplaya de Pocitos cuenta con 410 libros.
En sus estantes hay de todo, desde policiales de Georges Simenon a thrillers de John Grisham, novelas de Gabriel García Márquez. También se encuentran libros de Julian Assange, Diego Fischer o el escritor albanés Ismail Kadaré, Carlos María Domínguez y Juan José Morosoli, el siciliano Leonardo Sciascia o el nicaragüense Sergio Ramírez, entre otros.
En la biblioplaya de la Ramírez, un hombre se acerca a la ventana y pide la lista de títulos. Busca con la mirada en el catálogo y pide un libro de Mauricio Rosencof.
Luz Cirilli, encargada de la biblioplaya, le alcanza el libro pero luego de ojearlo se lo devuelve porque es un volumen para niños. Entre los 350 libros de que dispone la biblioteca, el hombre busca otro título de Rosencof.
A pesar de que nota diversidad entre las obras, en cada biblioplaya se repiten varios ejemplares. La lista es variopinta e incluye desde Patricia Highsmith a Felipe Polleri, de Joseph Conrad a Jack London y de Henrich Böll a Milton Schinca.
Incluso, algunos autores, como Omar Mazzeo, Beto Calvo o Zully Ribeiro, vecinos de Palermo y Parque Rodó, donaron sus libros a la biblioteca de la Ramírez, para lograr captar los lectores menos pensados, esos con el traje de baño húmedo y los pies llenos de arena.