11 de febrero 2015 - 21:50hs

La oposición pidió tantas veces la renuncia del ministro del Interior que la frase se convirtió en un latiguillo. Ante un apagón de luz, algún bromista gritó: “¡Renunciá, Bonomi!”. Si Luis Suárez erraba un gol abajo del arco: “¡Renunciá, Bonomi!”. Pero Eduardo Bonomi resistió las críticas y se mantuvo en el cargo durante los cinco años de gobierno junto a su compañero de guerrilla José Mujica como un perro fiel.

La primera bofetada a su gestión fue el 8 de julio de 2010, cuando 12 presos murieron en un incendio en la cárcel de Rocha, lo que dejó al desnudo las pésimas condiciones de reclusión. Se escucharon por esos días los primeros pedidos de renuncia. Hacía apenas cuatro meses que Bonomi había asumido el cargo.

Los líderes políticos firmaron un mes después un acuerdo multipartidario en materia de seguridad, por el que se comprometieron a construir nuevas cárceles y aumentar el sueldo de los policías. Bonomi cumplió con los dos objetivos. Un agente de segunda que en 2010 cobraba $12.000, hoy tiene un sueldo de $25.000. Sin embargo, el ministro estableció un tope de 50 horas mensuales para el servicio 222 y redujo así esa partida extra que recibían.

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Durante los primeros dos años de gestión, aumentaron los delitos y se expandieron por Montevideo las marchas que pedían más seguridad y también su renuncia.

El 20 de abril de 2012, Bonomi recibió otra cachetada desde las cárceles. Un preso mató a balazos a un policía dentro del Penal de Libertad y luego fue ejecutado por los agentes. Quedó en evidencia que policías corruptos entraban (o dejaban entrar) armas a los penales. La suspensión de las visitas tras el crimen provocó una ola de motines en varias cárceles, que dejó en ruinas dos sectores del Comcar, lo que agravó el hacinamiento ya existente. Se generó así “la crisis cárcelaria más importante de la década”, al decir del entonces comisionado parlamentario, Álvaro Garcé.

Otra vez, pidieron la renuncia de Bonomi. El ministro respondió con un sistema de escáneres para controlar el ingreso a las principales cárceles del país. Como haría durante toda su gestión, se aferró a la tecnología y al aumento presupuestal pactado en el acuerdo multipartidario de 2010 para cambiar el sistema. Poco a poco, construyó 6.881 nuevas plazas, que le permitieron finalizar su mandato sin hacinamiento crítico.

La reacción de 2012
Ese primer semestre de 2012 fue el más duro para el ministro. Un mes después de los motines, el 11 de mayo, un adolescente mató de un disparo al planchero de La Pasiva en el barrio La Blanqueada. El video del crimen fue reproducido 102 veces en los canales de televisión abierta durante esa semana.

Al mes siguiente, una marcha en reclamo de seguridad llegó a la puerta de Torre Ejecutiva. Por primera y única vez, participaron en una manifestación de este tipo legisladores del Frente Amplio. Entre los manifestantes estaba la esposa de Bonomi, la diputada Susana Pereyra, que quedó en falso ante el grito que logró mayor eco: “Bonomi, inepto, vos sos culpable de esto”.

El Partido Colorado responsabilizó a los menores de la delincuencia e impulsó, junto al Herrerismo, un plebiscito para bajar la edad de imputabilidad penal de 18 a 16 años.

El gobierno reaccionó con un paquete de 20 medidas que llamó “estrategia por la vida y la convivencia”. En ese marco, aprobó una ley que aumentó a un año la pena mínima de los adolescentes que cometen delitos graves, y al mismo tiempo buscó atacar la pérdida de presencia estatal en los barrios marginales, lo que es aprovechado por el narcotráfico y explica, en parte, el aumento de los ajustes de cuentas. “La izquierda entró en algún momento en la discusión: ‘A las políticas de mano dura hay que oponerles medidas sociales’. No, hay que hacer las dos cosas”, dijo el ministro a El Observador en setiembre de 2012. Ese era su plan.

Un mes más tarde, la “mano dura” cobró la primera vida de su gestión. El 14 de octubre de 2012, Álvaro Nicolás Sosa falleció durante un operativo en el barrio Marconi producto del disparo de un policía. A pesar de que el agente gritaba “los voy a matar a todos”, la fiscal del caso, María de los Ángeles Camiño, entendió que “la actitud que tomaron los policías era lo exigible para ese momento” y el caso se archivó.

La violencia en el deporte cobró la vida de la joven Soledad Barrios el 14 de diciembre de 2012, tras un partido de básquetbol entre Cordón y Welcome. Los incidentes en las tribunas del Estadio Centenario durante el último clásico de este verano entre Nacional y Peñarol, que debió terminar antes de tiempo, le recordaron al ministro que fracasó en el combate a la violencia en el deporte.

El efímero repunte de 2013
A las críticas y los pedidos de renuncia, Bonomi respondió con cifras. En marzo de 2013, anunció que las rapiñas y los homicidios bajaron en Montevideo, fenómeno que atribuyó a la descentralización en cuatro zonas operativas de la Jefatura de Policía. Sin embargo, las buenas noticias no duraron demasiado. En los meses siguientes, las rapiñas aumentaron de forma constante.

De todas maneras, logró bajar los delitos en ciertas zonas, como Ciudad Vieja y Cordón, donde implementó un sistema de videovigilancia, que pretende extender a zonas rojas y la costa de Montevideo. También dio buenos resultados el sistema de tobilleras electrónicas para prevenir la violencia doméstica. No hubo agresiones ni asesinatos en la zona metropolitana, donde se aplicó el sistema, que prometió extender en la próxima gestión al resto del país.

El ministro contó en estos cinco años con un aliado de oro. “El Bicho es un perro”, dijo Mujica en entrevista con el semanario Voces en agosto de 2013, cuando, una vez más, la oposición pedía su renuncia. “Qué voy a cambiar (de ministro), si todos los Ministerios del Interior han sido un desastre. No es changa ese ministerio”, concluyó el mandatario.

El 4 de noviembre de 2013, otra vez un policía mató a un joven durante un operativo en el barrio Santa Catalina. Por el homicidio de Sergio Lemos un agente fue procesado con prisión por la jueza penal María Helena Mainard.

Las muertes por exceso de mano dura generaron protestas sociales y choques con la Policía. A las críticas que llegaban desde la derecha, con Pedro Bordaberry como principal contrincante, se sumaron las que llovían desde la izquierda radical, con Plenaria Memoria y Justicia a la vanguardia, grupo que cuestionó en marchas violentas el endurecimiento de la respuesta policial.

El 26 de octubre de 2014, el ministro enfrentó el plebiscito para bajar la edad de imputabilidad penal como una evaluación de su gestión. Finalmente, ganó: la propuesta de Bordaberry no logró mayoría electoral. Ese mismo día, Bonomi fue electo senador por el MPP. Esta semana renunciará al Ministerio del Interior para asumir la banca el domingo.

El 1º de marzo, cuando Mujica le devuelva la banda presidencial a Tabaré Vázquez, Bonomi regresará al ministerio, ladrando bajito.

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