Opinión > EDITORIAL

Brasil es una pesadilla

Luego de las elecciones del pasado domingo, el vecino país está en el ojo de la tormenta 

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09 de octubre de 2018 a las 05:00

En Brasil el ultraderechista candidato del Partido Social Liberal (PSL), Jair Bolsonaro, arañó la victoria en la primera vuelta en las elecciones presidenciales y en tres semanas deberá enfrentarse en el balotaje a Fernando Haddad del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT). 
El país más grande y poderoso de América Latina debate su destino entre dos opciones malas producto del desgaste en la credibilidad de la política tras la corrupción rampante que campeó durante el gobierno del PT.
El discurso de Bolsonaro agita los peores miedos de la población y se ubica como el hombre fuerte fuera del sistema que pondrá el pecho a las balas de la corrupción endémica y combatirá con mano dura a la delincuencia y la inseguridad. El propio candidato estuvo a punto de ser asesinado durante un acto callejero en plena campaña. 

La polarización que vive Brasil ubica a la ciudadanía entre dos extremos donde el amplio favorito es Bolsonaro. Ahora la disputa es por el centro, que tiene como representante más prominente a Ciro Gomes. Los analistas indican que es muy difícil que la tendencia expresada en la primera vuelta cambie, por lo que solo queda pensar en un escenario con Bolsonaro presidente. Es lo que los brasileños quieren y tendrán que hacerse cargo. Los mercados, al igual que las urnas, optaron por él. Hace tiempo dejaron de confiar en el PT y sí lo han hecho por este diputado que hasta hace pocos meses era visto como una caricatura de la política.

La polarización que vive Brasil ubica a la ciudadanía entre dos extremos donde el amplio favorito es Bolsonaro.

Sin embargo, se consolidó en las encuestas hasta terminar arrasando en la primera vuelta. La liberalización de la economía –sin mencionar en una línea al Mercosur, al cual seguramente le va a redactar acta de defunción–parecería ser una de las características de su probable presidencia, lo cual sería beneficioso para Brasil. También se puede prever un fortalecimiento del discurso conservador en lo social. Gran parte del apoyo que recibe el candidato viene de las Iglesias evangélicas, que lograron que la población más pobre también lo vote.

Bolsonaro, que no cuenta con el apoyo de los grandes medios de comunicación, basó su estrategia esencialmente en las redes sociales. El atentado que sufrió en setiembre lo sacó de los debates presidenciales previos, con lo que evitó el desgaste propio de estos. 
Haddad procurará ir por el milagro de ganar. Debería cortar su identificación con el expresidente Lula, a quien el electorado rechazó de cuajo; también criticar tajantemente la gestión corrupta del PT y articular un discurso propio y creíble. Algo que no parece posible. En la víspera de un año electoral, Uruguay debería ver en Brasil el camino que no hay que recorrer. Tampoco el de Argentina. De la vergüenza de Venezuela mejor no hablar. La región parece tener un denominador común, que es la crispación y polarización política. La tradición de debate democrático positivo y de convivencia política pacífica debería ser el tono de la próxima campaña. Miremos en Brasil lo que no hay que hacer. 

De no ocurrir un cambio imprevisto, el Palacio de Planalto será ocupado por una persona cuyo discurso no ha sido amigo de la democracia. Anhelamos que en una eventual presidencia de Bolsonaro dicho discurso se modere, asumiendo el esencial respeto democrático y republicano. Brasil tiene que combatir la corrupción y la inseguridad pero dentro de la ley. También tiene que liberalizar la economía y volver a crecer, para bien suyo y de la región. l

 

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