11 de julio de 2017 5:00 hs

La transferencia de Leopoldo López de una cárcel militar a arresto domiciliario es aparentemente un primer resultado de las presiones dentro y fuera de Venezuela contra el dictador Nicolás Maduro y sus planes de eternizarse en el poder. El llamado de Maduro a López de que se dedique ahora a dar “un mensaje de rectificación y de paz” indica su esperanza de que el retorno del principal líder opositor a su casa fuera tomado como gesto conciliatorio y ayudara a desactivar 100 días de continuas protestas callejeras masivas, que han dejado 91 muertos, cientos de heridos y miles de detenidos.

Pero el efecto ha sido exactamente el contrario. El propio López, símbolo de la lucha popular contra los desmanes chavistas, y otros dirigentes de la oposición, unificada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), han tomado el caso como señal de debilidad de Maduro y proclamaron que redoblarán la resistencia callejera al régimen.

Maduro está cada día más cercado. Ya no es solo la abrumadora mayoría de los venezolanos que exigen su salida en diarias manifestaciones en Caracas y otras ciudades o los reclamos de gobiernos americanos y europeos, de prominentes personalidades del exterior y de organismos internacionales de que se restablezca el estado derecho. La influyente Iglesia católica venezolana acaba de acusarlo formalmente de ser un dictador, luego de intentos de mediación pacificadora del papa Francisco que se frustraron por la intransigencia chavista.

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Y el respaldo militar que mantiene a Maduro en el poder da crecientes señales de estarse resquebrajando, con el arresto por “traición” de varios coroneles y el relevo de altos jefes.

La oposición confía en asestarle un golpe duro el próximo domingo con un plebiscito informal convocado para demostrar el rechazo popular a la Asamblea Constituyente convocada por Maduro a fin de mes para que sus miembros, elegidos a dedo, redacten una nueva Constitución a su medida, que le permita seguir gobernando sin llamar a las elecciones que viene postergando. Es claro que la lucha contra la dictadura que ha despedazado a la democracia venezolana y sumido a la población en la miseria, sin alimentos ni medicinas, ha tomado nuevo impulso con la salida de López del cuartel de Ramo Verde, donde estuvo recluido más de tres de los 14 años a que fue arbitrariamente condenado por la servil estructura judicial chavista.

Pese al deterioro de su salud durante el confinamiento, el líder opositor se mostró desafiante al saludar a sus partidarios desde la azotea de su casa.

Quedan aún más de 400 pesos políticos en instalaciones militares, incluyendo varios dirigentes opositores de primera línea. Su liberación es uno de los reclamos a Maduro, junto con el restablecimiento de la división de poderes, la cancelación de su proyectada Asamblea Constituyente y la realización de elecciones libres bajo supervisión internacional. Maduro con seguridad intentará resistir las presiones, especialmente después de que la jugada de excarcelar a medias a López le haya salido al revés.

Pero la urgencia de que el desventurado pueblo venezolano recupere bienestar y democracia fundamenta la esperanza de que la creciente erosión del régimen chavista conduzca finalmente a su caída.

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