Guillermo armó su bolsito. Cerró la puerta de su casa y arrancó con la ilusión a cuestas. A jugársela, como uno más. No fue el recomendado de nadie. La apuesta salió como esperaba. Pero cuando le dijeron "la semana que viene te llamamos", le sonó al conocido verso de todos los equipos. Pasó el lunes. El martes no sonó el teléfono. El miércoles se inquietó. El jueves llegó la invitación que esperaba. Del campamento que había organizado Nacional en Young se llevaban a Guillermo Centurión a la capital.
Centurión vivió el sueño del pibe
La pasada semana le hizo un gol histórico a Peñarol y el martes atajó un penal en la hora que significó el título